La Supercopa de Matrix

En junio de 1999 los cines de todo el mundo se llenaban para el estreno de una película que años después se consideraría de culto. En la gran pantalla se reproducía por primera vez Matrix. La historia nos pretende transportar a una sociedad futurista en donde los humanos viven conectados a un programa informático que les sumergía en una falsa realidad. Si los hermanos Wachowski (ahora hermanas) no hubiesen producido esa película en los 90, la reciente Supercopa de España les hubiese dado el impulso definitivo para llevarla a cabo.

Y es que el reciente torneo disputado en Arabia Saudí ha puesto de manifiesto esa realidad paralela que existe. Durante casi una semana hemos visto como se ha blanqueado una dictadura que lapida mujeres adúlteras, condena a muerte a homosexuales o pisoteaba hasta hace muy poco derechos tan básicos como el que una fémina pueda conducir un vehículo. Durante la noche del domingo pudimos incluso escuchar como en cierto programa de radio Rubiales se tomara a risa un comentario sobre la tolerancia en ese país al ver a dos hombres caminar de la mano. Todo por un montón de dinero, 30 millones por campaña, concretamente.

El programa continúo infectando a toda aquella persona, frágil de mente, que se dejó infectar. No contentos con limpiar la imagen de un estado carente de Derechos Humanos, fueron a por el plano deportivo. En la primera eliminatoria del Atlético de Madrid hubo quien achacó que la victoria de los de Simeone se debió al VAR. “Si no fuera por el VAR” se empecinaban en decir muchos culés, resentidos porque Simeone les vuelve a apear de un torneo del KO, tratando de escudarse en que el Atlético de Madrid estuvo a punto de ser robado, una vez más, y no se salieron con la suya.

El plato final nos dejó para la posteridad la mejor escena de este torneo. Si en el largometraje de los 90 Keanu Reeves esquivaba varios disparos, Morata no pudo hacer lo propio con una patada que le lanzaba Valverde y que ponía final a un contragolpe a pocos minutos del final de la prórroga. No critico la acción, sería poco objetivo pensar que si nosotros fuésemos ese jugador no hubiéramos hecho lo mismo. Pero nuevamente Matrix volvió a actuar, esa patada sin balón, que en otro contexto hubiera significado la máxima pena para el jugador que la suelta, se ha convertido en otro de los momentos históricos del deporte, como así no dudan en afirmar varios medios de información. Una acción de marrullería absoluta (propia del fútbol) se ha transformado en un gesto heroico. Una reacción que hubiese sido todo lo contrario si las camisetas se hubiesen invertido y el equipo que levantase el trofeo hubiera vestido de rojiblanco, pero esto amigos, es Matrix.

Foto: elcomercio.pe

Autor: Marcos Martín

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2 Comentarios

  1. Bueno, la patada fue clara y malvada, pero, el gran Cholo alentó y justificó esa grave falta que hubo de ser castigada como agresión, pero bueno, todos lo ven normal, hasta el gran Cholo.
    En cuanto a la semifinal, no estoy de acuerdo que pasamos por el var, pero hemos tenido mucha suerte por contar con Oblak, ya que de no haver sido por él, nos llevaríamos 4 y nos iríamos a casa. Los penaltis, con el Cholo nunca se entrenan, ni el tirarlos ni el pararlos,y así nos va y nos irá.
    Amí no me importaría perder una final, jugando como jugó el Barsa durante 80 minutos contra nosotros.
    Y ahora recuerdo con sana abaricia, el juego que tanto el Barsa como el Madrid, dan a los jóvenes como Carles Pérez, Insufati, Rodrigo, Valverde, Binicius,etc. Pero nosotros tenemos a chavales como Riquelme, Manu Sánches, Cabello y otros que no sabemos siqquiera como juegan. y hay un jugador extanjero, al que el Cholo no le dió la oportunidad de or lo menos demostrar si ess bueno o malo.
    Por esto y por mjucho más, he perdido hace ya mucho tiempo la confianza en nuestro entrenador. se acomodó y nunca quiso actualizarse, por eso tiene miedo de que el día que deje nuestro club, su carrera como entrenador en la élite, sabe que se habrá acabado.

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  2. Hace unos 2 meses, Granada o por ahí, que no tengo la menor queja de mi equipo. Desde que dejó de tirar las primeras partes y volvió a pelear los partidos desde el principio. Desde entonces, compite estupendamente, con mayor o menor acierto, y a mí me ha suscitado mucho optimismo y confianza.

    Las supercopitas siempre queremos ganarlas si participamos en ellas, pero todos sabemos que, aunque engorden el palmarés, poco lustre le añaden. Lo mollar es haber ganado el título anterior que te permite disputarlas. Y si no lo ha habido, como era el caso, su valor es aún más anecdótico. Que en estas páginas se haya afeado la asistencia del Atleti a esta edición, a mí me ha parecido insincero. Primero, no se puede despreciar alegremente el dinero que se haya embolsado el Club. Y es que con el dinero que no es nuestro todos somos la mar de generosos. Y en segundo lugar, dudo que un Club pueda negarse a participar en una competición oficial sin que semejante capricho le cause graves represalias.

    No es mi intención hablar de política, o sociopolítica, ni de religión en una web del Atleti. No es el lugar, desde luego, y mi opinión al respecto estoy seguro que le importará un bledo a cualquiera. Pero no deja de ser divertido comprobar cómo afecta la dictadura silenciosa de lo políticamente correcto al hablar de lo que pasa en «un país». ¡Que no es ese país en concreto u otro más recalcitrante, que es su religión! Porque el Islam gobierna todos los aspectos de la vida y la política. Y esa religión es incompatible con una sociedad abierta.

    Sujetar de la camiseta, trabar o zancadillear, son faltas técnicas que todos aceptamos como artimañas lícitas del juego, aunque las reputemos feas y antideportivas. No nos enorgullecen pero no se las afeamos al rival, porque también las protagonizamos. Pero segar por detrás a un jugador rival en carrera tendida, haciendo tijera y rematándolo alevosamente con la segunda pierna para asegurar el derribo, no es una falta técnica, es juego violento y peligroso. Es el tipo de acción reprobable que debería llevar aparejada una sanción ejemplarizante de una decena de partidos en la nevera. Los espumarajos que soltara, o no , Costa al árbitro del Barcelona de la temporada pasada, solo son desahogos verbales que se los lleva el viento y que afectan únicamente al «honor» del árbitro, algo que en el transcurso de un partido de fútbol profesional tiene una importancia de entre cero y nada : no influyen en el resultado y no causan ningún daño físico al rival. Agredir violentamente a un rival por detrás para impedirle avanzar y desbaratar una ocasión manifiesta de gol, sí que debiera suponer una sanción larga, por alterar el desarrollo del juego y por el riesgo evidente de lesión del contrario. Bueno, pues esa despreciable acción parece haberse convertido en el último motivo de orgullo de la desquiciada afición vecina. Con su pan se coman su supercopita. A la alegría de ser uno del Atleti, siempre se le suma la satisfacción de no ser merengue.

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