Tres puntos y una licencia para soñar

Los partidos entre Setién y Simeone están deviniendo en una suerte de choque entre estilos enfrentados en los que cada uno de ellos lleva al extremo su concepto, incluso llegándolo a pervertir para acabar siempre de la misma manera. Una trama previsible, con virtudes y defectos perfectamente reconocibles y un final siempre repetido. El Betis enseña su pasión por la posesión y su bisoñez ofensiva, el Atleti desprecia el balón pero después te mata. Una película en la que ya empezamos a poder repetir los diálogos.

En el minuto tres dispuso el Betis de la ocasión más clara del partido, si es que acaso tuvo alguna más; un ataque en tres toques que empezó en su portero, Pau, y que continuó con un pase de Lo Celso entre líneas para que Loren se plantara sorpresivamente mano a mano ante Oblak. El canterano disparó rápido cuando tenía campo para correr y malogró la oportunidad de arrancar dando un sablazo mortal a la idea del Atleti. Nada cambió la ocasión, el primer tiempo fue un monólogo de posesión insulsa del Betis. El Atleti no quiso saber nada del balón, de una manera exagerada dejó toda la iniciativa al rival, que se aburrió a sí mismo toque sobre toque, incapaz de superar una sola línea, de trazar una vertical que le acercase por lo menos a ver el rostro de Oblak. Tuvo Filipe un tiro desde fuera del área y no hubo más que un lento y aburrido pasar de los minutos y la sensación de que el partido se definiría en la segunda mitad, cuando alguno de los dos decidiese variar el previsible guion que allí se estaba interpretando.

Kalinic estrelló un balón en el palo desde la frontal. Foto: RUBÉN DE LA FUENTE

Kalinic estrelló un balón en el palo desde la frontal. Foto: RUBÉN DE LA FUENTE

Fue el Atleti quien lo cambió en la reanudación. Sabía que el triunfo le alzaba a lo más alto de la tabla y, empujado por su gente, adelantó líneas para ir a por el partido. El Betis acusó el cansancio de la Europa League y no pudo contener la presión del Atleti, que adelantó diez metros para dinamitar la posesión eterna del rival y empezar a encontrar el camino hacia la portería de Pau. Entró Correa por un gris Lemar y resultó decisivo el cambio, pues el argentino fue un bálsamo para el ataque rojiblanco. Poniendo vértigo en cada arrancada, el diez del Atlético empezó a resquebrajar la sólida línea de tres centrales que había dispuesto Setién. Por su banda llegaron las primeras ocasiones. Kalinic, cuya presencia había resultado inédita en la primera mitad, empezó a animarse en la segunda. Disparó al palo tras un control poco ortodoxo en la frontal y acto seguido obligó a López a hacer la primera gran parada de la tarde, tras una triangulación espectacular de Griezmann y Correa dentro del área. Después vino Godín con un cabezazo a la escuadra que mandó milagrosamente el portero del Betis a córner y en el 75, llegó el golazo de Correa. Robó en la medular, se apoyó en el tacón de Thomas -que había entrado por Kalinic- condujo hacia delante con Griezmann y Juanfran abriéndole el camino, regateó buscando su pierna buena y cuando todo el mundo esperaba el pase a uno de los flancos, sacó un disparo seco y cruzado desde la frontal a la base del palo que deshizo la igualdad y llevó la euforia a las gradas del Metropolitano.

Hasta el final, el Betis lo intentó con la deprimente convicción de que sería imposible alterar el guion perfecto de este Atleti de Simeone, que te entrega el balón, te genera el espejismo de que puedes hacer lo que tal vez no puedas y te ajusticia cuando llega el momento preciso. Apenas hubo alguna aproximación a balón parado, aquello ya sólo fue un lento correr de los minutos hasta acabar en el final que se esperaba. El Atleti se hizo con tres puntos vitales para su objetivo de pelear por la Liga y afronta el parón de selecciones habiendo revertido la mala situación en la que se fue al anterior. Con su estilo inalterable, con el equipo supliendo los picos de forma de unos y las ausencias de otros, el conjunto de Simeone sigue haciendo a su gente soñar.

 

FOTOS: RUBÉN DE LA FUENTE

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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