La maldición del gol

El Atleti parece estar preso de una terrible maldición que le impide hacer gol. Como si alguien, y no sería de extrañar con tanto cenizo alrededor, hubiera echado un mal de ojo que impide que los de Simeone consigan traspasar la portería contraria. No importa si mejoran en el juego, si generan ocasiones, algunas clarísimas. Todo da igual. Parece magia negra, cuando la pelota está cerca del gol, todo se vuelve cándido o extraño, remates increíbles desaparecen y sólo acumulan motivos para el lamento. El partido de Villarreal prolongó la creencia en las artes oscuras.

Pudo haber ganado el partido el Atleti, a juzgar por las ocasiones que generó, lo buscó en todo momento, si bien es cierto que tampoco el Villarreal esperó el aluvión en su área. Los de Calleja salieron con buen pie, y con extrema facilidad llegaban a los dominios del área. El Atleti defendió muy atrás cuando lo hizo y atacó muy adelante también, resultado de lo cual el partido fue un ida y vuelta constante, con alternancias constantes en el dominio y también en la transmisión del peligro.

Simeone volvió a su dibujo tradicional, con Koke y Saúl en el interior, dejando la pareja del medio para Thomas y Herrera. Joao y Morata en punta. Fue un buen partido de los canteranos, que recuperaron su mejor fútbol en sus posiciones añejas. Joao, que recupera la forma, toma galones y lo intenta de todas las formas posibles: recibe en tres cuartos, tira desmarques, remata, asiste. En la primera mitad pudo desequilibrar la balanza en un disparo desde la frontal que se fue al palo y también en un mano a mano que le sirvió Saúl al hueco y que resolvió con una picadita a Asenjo que se marchó alta por muy poco.

En la segunda mitad, el Atleti elevó la línea de presión y la coordinó mejor, y los de Simeone comenzaron a mandar de verdad en el partido. Con la entrada de Vitolo la producción ofensiva adquirió mayor presencia, mejoró la precisión. Las conducciones del canario atraían rivales y generaban desquilibrios, pudo marcar Koke, lo intentó Joao en repetidas ocasiones, también Saúl en un remate a bote pronto dentro del área, pero no había modo. La maldición estaba presente y tuvo su momento álgido cuando Joao Félix sirvió un centro medido desde el interior del área a Lodi, que entraba sólo y libre de marca. El toque del portugués fue sutil, el brasileño, sin oposición, tan sólo debía acompañar la pelota en su camino hacia el gol pero todo desapareció como por arte de magia. El bote, el exceso de ganas, la confianza, tal vez el mal de ojo. La pelota se fue arriba de una forma extraña y fue el nuevo adiós.

El equipo ofrece motivos para la esperanza, va consolidando el grupo, la defensa suele ser sólida, incluso la producción atacante es notable, pero sucede que sin ese pequeño gran detalle que es el gol, nada de lo de antes tiene el menor de los sentidos. Para que todo se ordene, de cualquier manera, el Atleti deberá romper la maldición que ahora lo asola con el gol.

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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2 Comentarios

  1. Podemos hablar de maldición respecto al poco acierto del Atleti con el gol, pero al mismo tiempo debemos hablar de bendición que el Villarreal no marcara ningún gol, incluso de que el VAR no entrara en el penalti a Iborra, ni en la segunda amarilla a Morata.

    Los males del equipo comienzan por un sistema defensivo debilitado, se ve en la presión ineficaz de los delanteros y los mediocentros, bastan un par de triangulaciones del equipo rival para salir de ella sin dificultad, se ha visto en los últimos partidos, en Vitoria, en Granada y en Turín.

    Desde un sistema sólido en defensa, que agota al rival física y mentalmente, se pueden generar ocasiones que tarde o temprano acaban en gol, no es fantasía, lo hemos comprobado todos apenas hace un par de temporadas.

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  2. Viendo la parada milagrosa de Stegen a Hermoso, tan inverosímil como la de Bravo a Griezmann hace 3 años, parece maldición. Toda la potra del mundo para el portero, que ni sabe cómo la sacó, todo el infortunio para el rematador. Tomando en cuenta todas las demás ocasiones, parece más bien incapacidad.
    Es curioso que la mejora en disposición y regularidad durante todo el partido en los últimos 4, se haya traducido en la peor racha de resultados. Al menos ahora no se tira el primer tiempo entero, como los protagonistas reconocieron que hacían durante dos meses, aunque no fuese su intención.

    Viendo la tabla, tenemos las lamentables cifras anotadoras, gol arriba o abajo, del que ocupa el puesto 14 para abajo. Sin embargo, después de que le hayan endosado 3 al Athletic, volvemos a ser el menos goleado, con uno menos que el vecino. O sea, que no es un problema defensivo el que tenemos, sino ofensivo, de gol. Y como siempre ha pasado y pasará, cuando no los meten los que juegan, uno se pregunta por qué no se le da alguna oportunidad para meterlos a los que no juegan nunca, sea el ninguneado Saponjic o cualquier chaval del B.

    Y el miércoles llegan los rusos a probar nuestra falta de gol y la ansiedad que provoca. Dados los antecedentes, no es difícil imaginar una pequeña salida en tromba, de 10 minutos o así, tampoco hay que exagerar, sin premio, por supuesto. Una primera parte que se consumiría rápidamente sin lograr convertir y que probablemente terminaría con el consabido e irritante 0-0 al descanso. Y luego una segunda parte de prisas, agobios, desesperación, lamentos, ruegos, incredulidad y fastidio. Puede que llegue el gol como puede perfectamente no hacerlo. Hasta perdiendo podríamos clasificarnos. Y lograrlo, en estos momentos de tribulaciones, traería beneficios desde todos los puntos de vista.

    Por cierto, una pregunta inocente desde mi ignorancia, aunque pueda sonar maliciosa ¿ el gol se entrena ?

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