Los valores añadidos de Diego Costa

Mucho se ha venido hablando en las últimas semanas sobre la influencia de Diego Costa en el juego del Atlético de Madrid: al margen de los goles que meta el propio hispano-brasileño, los que hace meter a los demás (las estadísticas de goles por partido esta campaña con Costa vs sin Costa son ciertamente abrumadoras), la profundidad que da al equipo, lo largo que lo hace (dificultando, por tanto, la defensa rival), la cantidad de segundas o terceras jugadas que genera en tres cuartos de cancha, ya sea ganando balones por alto o reteniéndolos hasta la incorporación al ataque de sus compañeros, o la más importante de todas, a ojos del gran público, lo “liberado” y feliz que se siente Griezmann jugando con alguien por delante que es un imán perfecto para las defensas contrarias.

Pero hay dos cuestiones más en las que no siempre repara el aficionado medio y que resultan también claves para la notable racha de resultados que está viviendo el Atlético en las últimas semanas: firmó un febrero “perfecto”, con siete victorias en otros tantos partidos y sólo ese gran equipo que es Leo Messi (digo, que es el Barcelona) fue capaz de pararlo el pasado fin semana. La primera de esas cuestiones es el gran número de segundas jugadas que genera, no ya en tres cuartos de cancha, sino en el área, donde de verdad se definen los partidos: su lucha, el no dar un balón por perdido, la cantidad de rechaces que provoca, hacen que el Atlético tenga muchas más oportunidades de marcar con él en el campo que cuando está fuera de él; no deberían de sorprender, por tanto, las estadísticas de gol en uno y otro caso.

Diego Costa, pesadilla permanente. Foto: RUBÉN DE LA FUENTE

Y luego está la presión, esa tantas veces obviada pero clave, sobre todo, en un equipo como el Atlético de Madrid ‘obligado’ a competir ante todos esos ricos que llevan los últimos meses peleando, cual niños pequeños, cual es el más pobre (que no ‘menos rico’, nótese el matiz). Viene a la mente de uno un partido en el Vicente Calderón, temporada 2014/15, primera tras la marcha de Costa al Chelsea y, por circunstancias (lesión o sanción), sin Gabi en el campo. El equipo no funcionaba, no parecía tener la ‘chispa’ de otros días y la gente se preguntaba “¿por qué?”. Hasta que alguien insinuó la solución: sin Costa desde principio de temporada y sin Gabi, ese día, el equipo perdía muchísimo en lo que se refiere a intensidad y presión.

Y una de las cosas (más importantes) que ha recuperado el Atlético con la vuelta de Diego Costa es la presión asfixiante desde la punta del ataque, desde que el contrario comienza a intentar sacar el balón jugado; y eso acaba extenuando y desesperando ‘al más pintado’. Pero es que, además, ese tipo de cosas suelen ser contagiosas en los equipos: es imposible (o hay que tener horchata por sangre; y eso Simeone jamás lo permitiría) ver a Costa presionar hasta el límite y no hacer (o tratar de) exactamente lo mismo.

Cuando a la calidad que tienen muchos jugadores de la plantilla del Atlético de Madrid, se le suma una intensidad y una presión al alcance de muy pocos, el resultado es el que se está viendo. Y que dure.

 

Fotos: RUBÉN DE LA FUENTE

 

Autor: Vicente Soto

Nacido en Madrid, Criado en Ferrol. En Grenoble por trabajo. Ingeniero dedicado a las finanzas. Apasionado del fútbol. Atlético "a muerte". Socio nº 7646

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