Dudar de Koke es dudar de Simeone

Decía Paco González hace unas semanas en una noche radiofónica que Koke no terminaba de llenarle porque parecía que iba a ser un director de orquesta tras sus infinitas comparaciones con Xavi Hernández y al final no sabía si en lugar de ser el director, tocaba un violín, la batería o una guitarra eléctrica. Pues bien, si algo ha dejado claro la ausencia del canterano durante este mes es que no sólo dirige la orquesta rojiblanca sino que también se encarga de afinar los distintos instrumentos que la componen.

En este periodo el Atlético sólo ha ganado dos de los seis partidos que ha disputado y lo hizo de forma poco ortodoxa sin controlar en ningún momento el encuentro de Vigo y con poca contundencia en A Coruña. Casualidad o no, la falta de Koke ha coincidido con el peor momento individual de los mayores talentos del conjunto de Simeone en lo que va de temporada. Ni Griezmann, ni Saúl, ni Filipe han sido capaces de erigirse como el eje principal del juego colchonero en esta época de crisis acentuada por la lesión de uno de los grandes baluartes conjunto del Cholo.

Lejos queda aquel suplente de Diego Ribas con el 19 a la espalda que a punto estuvo de hacer las maletas hacia Málaga. Lejos queda aquel chaval que plantaba su bandera en el centro del campo del Bernabéu a la sombra de delanteros que copaban las portadas. Lejos queda aquel sacador de córners y faltas laterales que tantos puntos le dio al Atlético el año que ganó la Liga. Siete años después de su debut, no es el complemento, es la arteria principal. 25 años y más de 330 partidos, con un contrato casi infinito, Koke camina hacia la pulverización de cualquier récord existente. Por ello, no están de más estos baches en los que se anhela identidad y juego para que aquellos que desprecian el papel de uno de los capitanes del Atlético de Madrid sean conscientes de lo complicado que es encontrar en el presente o en el futuro a alguien que aporte lo que aporta el canterano tanto al juego como al conjunto ahora que la pérdida de valores parece no tener freno.

Por suerte para la parroquia rojiblanca, el mes sin Koke ya ha llegado a su fin y qué mejor momento para reaparecer que precisamente ante el rival que vio nacer a un símbolo atlético en aquella noche del 17 de mayo ante la mirada de medio estadio tras la huida de la otra mitad. El centro del campo del Metropolitano volverá a tener dueño en la vuelta de la Liga y por ende, sus acompañantes no podrán decir que estarán desasistidos porque con mayor o menor acierto, lo que promete Koke es trabajo y el esfuerzo que Simeone afirmó no negociar el día de su llegada. Un trabajo primordial para ver la mejor versión ofensiva de Saúl y Filipe o para que Juanfran no se vea en inferioridad cada vez que encaren su flanco.

El niño que buscaba a Torres para fotografiarse en la ciudad deportiva es el capitán general de un equipo que compite en la élite europea entre otras cosas por su aportación. Un chaval que creció como rojiblanco y se retirará de rojiblanco si nadie hace por impedirlo. El mayor asistente de la Liga en las últimas temporadas sólo por detrás de Messi. Todo esto hace que dudar de Koke sea prácticamente el mismo sacrilegio que dudar de Simeone. En estos tiempos, dudar de los que hicieron que el Atlético reflotara desde lo más hondo, no conviene. Y menos ahora, que la costa ya se divisa. Porque hay que recordar, que cerca de Costa fue cuando más brilló Jorge Resurrección

Autor: Emilio Cabrera

Cañailla afincado en Sevilla y del Atleti. Estudiante de Periodismo

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