La casa encendida

La casa encendida

Para que el Metropolitano empiece a parecerse al Calderón, tendrá que pasar el tiempo, pero sobre todo, tendrán que pasar las cosas. Tendrá que arreciar el frío y venir partidos como el de la Real, un día que se tuerce en una jugada absurda y en el que toca remar contracorriente, pero uno de esos días en que los remeros miran a su capitán y levantan la frente y comienzan, poco a poco, a abrir las aguas bajo sus pies. A cada golpe, la hinchada encendida, a cada traspiés, la gente protegiéndolos, brazada a brazada construyendo una nueva atmósfera, diferente, que se parezca tanto a la antigua.

La Real empezó aprovechando las imprecisiones iniciales con las que arrancó el Atleti, que dudó en exceso en el lateral de Thomas, y canalizó todo su peligro a través de un jugador descomunal: Míkel Oyarzábal. El vasco aparecía siempre, con una velocidad endiablada, y lo mismo servía para abortar un mano a mano de Gameiro que para que Oblak cometiese penalti sobre él. William José ejecutó la pena máxima al borde de la media hora y la tarde, desapacible por el frío polar, amenazaba con enterrar las ilusiones del Metropolitano. Ya antes de llegar al descanso el Atleti pudo haber empatado el partido de no ser porque Correa erró un mano a mano que le sacó Rulli en la frontal.

En la segunda mitad, los de Simeone salieron determinados a por la victoria. Desde el inicio, con una nueva increíble ocasión marrada por el argentino Correa, que, cuando sólo tenía que empujarla a pase de Griezmann, la sacó por encima del larguero. En otro momento, el Atlético, merced a las ocasiones falladas, se hubiera sumido en la melancolía del destino, siempre contrario. Pero no era tarde para eso. Persistió, sin prisa pero sin pausa, con inteligencia, moviendo a la Real de una banda a otra, intentándolo a veces por dentro, con un Sául que fue creciendo y adelantando un tercio de campo su línea hasta llegar al lugar donde terminaría ejecutando al rival.

La Real empezó a perder tiempo demasiado pronto, se pertrechó atrás y pensó que le bastaría, pero la constancia del Atleti tuvo sus frutos. Filipe, tras una jugada muy elaborada que terminó rompiendo con su potencia Saúl, recibió dentro del área para recortar en vuelo y rematar con la derecha un golazo que terminó de encender la chispa del Metropolitano. Desde ahí, Simeone jugó sus bazas dando entrada a Torres y Carrasco por dos desacertados, aunque exhaustos, Gameiro y Correa. Los locales volcaban el campo a la portería de Rulli que zafaba a duras penas el empate. Desbarató un cabezazo abajo de Griezmann con un paradón impresionante, y un remate a bote pronto de Torres. Los de Eusebio, con pérdidas de tiempo exageradas, consiguieron enfriar el partido, pero cuando parecía que no habría tiempo para la victoria el Metropolitano dio el último empujón, la conexión de la grada con el césped encendió las luces de la casa estrenada y la victoria llegó en otro arreón imperial de Saúl, que cabeceó a los pies de Griezmann para que éste pusiera el gol de un triunfo tan agónico como merecido. El Atleti se reconciliaba así con su estilo y la grada con el reciente recuerdo de sí misma.

Con el Barcelona a sólo seis puntos y el Madrid por detrás, casi salvado ya el obstáculo de los fichajes, el Atleti está de nuevo en la pelea por la Liga. Poco a poco construyendo los enlaces su grada, poco a poco acomodando los enseres en la nueva casa, encendiendo sus luces con mimo, reconociéndose a sí mismo, el Atleti ya está aquí, aunque en verdad nunca se hubiera ido.

 

Foto: clubatleticodemadrid.com

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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