Vavá, un campeón del Mundo en el Atleti

En el verano de 1958, el fichaje de Vavá por parte del Atlético de Madrid causó tremenda expectación en el fútbol español. Por primera vez un jugador campeón del mundo militaba en un equipo español (en 1948, el Atlético también había sido el primer club español en incorporar a un campeón olímpico como el sueco Carlsson). Vavá venía de ganar el Mundial de Suecia 1958 con Brasil.

Edualdo Izdio Neto “Vavá” nació el 12 de noviembre de 1934 en Recife (Brasil). Después de despuntar en el S.P. Recife fichó por el Vasco de Gama (conquistó dos campeonatos de Río de Janeiro) de donde llegó al At.Madrid después de proclamarse campeón del mundo con su país en el Mundial de Suecia´58 (marcó dos goles en la final); el club madrileño pagó seis millones de pesetas a la entidad brasileña y más de dos millones al jugador como prima de fichaje. Vavá ocupaba el puesto de delantero centro en un Brasil que deslumbró con su ataque formado por Garrincha, Didí, Vavá, Pelé y Zagalo.

Los rojiblancos se hicieron con los servicios de Vavá pese a los esfuerzos de la Roma (Italia) por fichar al brasileño. El sudamericano era un delantero centro clásico: finalizador de las jugadas, con capacidad de desmarque, buen dominio del juego aéreo, espíritu combativo, oportunista y abridor de espacios para sus compañeros; además, Vavá lucía un bello regate, un suave toque de balón típico de Brasil y un remate que buscaba más la colocación que la potencia. Vavá era conocido como “Pecho de Acero” por sus privilegiadas condiciones físicas y también el “León de la Copa” después de la conquista del Mundial de Suecia’58.

El delantero internacional brasileño militó durante tres temporadas en el Atleti. Vavá disputó 71 partidos de Liga marcando 32 goles y 10 encuentros en la Copa de Europa logrando 8 goles; no pudo alinearse en la Copa ya que entonces los extranjeros no podían participar en la competición del K.O. en España. Además, Vavá conquistó dos Copas del Generalísimo (1960 y 1961), un subcampeonato de Liga (1960/1961) y alcanzó las semifinales de la Copa de Europa (1958/1959).

Vavá regresó a su país para jugar en el Palmeiras y proclamarse campeón del mundo con Brasil en el Mundial de Chile’62 por segunda vez consecutiva. Luego, militó en el América de México, el San Diego Toros (Estados Unidos) y la Portuguesa (Brasil). Tras colgar las botas, Vavá ejerció como entrenador en varios equipos brasileños e incluso en España donde dirigió al Córdoba (1971-1975) y al Granada (1977). Los aficionados rojiblancos recuerdan los goles y la clase del brasileño, pese a su irregularidad, quien manifestó en su despedida del Atlético: “Si alguna vez oyen o leen que Vavá ha dicho algo malo del Atlético o de España, no le crean. Porque yo soy una persona agradecida. Conmigo se han portado de forma maravillosa. Y lo han hecho todos: directiva, entrenadores, jugadores, aficionados y periodistas”.

Vavá murió el 19 de enero de 2002 a los 67 años por una insuficiencia coronaria en Río de Jainero. Sus compañeros en el Atlético de Madrid le recuerdan con enorme cariño. Adelardo afirma que “Vavá no parecía brasileño por su forma de jugar. Jugaba en esa mítica Brasil con Pelé, Zagalo, Garrincha, y él destacaba por su fuerza física. Jugamos dos años juntos, y de lo que no cabe duda es de que fue un magnífico futbolista”; asimismo, Adelardo elogia la casta del brasileño: “Era muy valiente y no se arrugaba ante nadie. Cuando jugábamos en San Sebastián, la Real Sociedad tenía dos defensas como castillos Echarri y Ansola, y Vavá se batía como un coloso”; por último, Adelardo revela una anécdota del brasileño: “Cuando jugaba al fútbol se quitaba un diente postizo que tenía y cuando se reía dejaba ver el hueco del diente. Nos reíamos muchísimo con él cuando lo hacía”. Feliciano Rivilla rememora que “Vavá era un gran jugador, pero, sobre todo, una bellísima persona. Recuerdo cuando llegó al Atlético, se presentó a su primer entrenamiento en el Metropolitano con guantes. Era pleno agosto, pero Vavá tenía frío”. Miguel San Román define a Vavá como “una magnífica persona. Transmitía alegría y confianza en todo momento. Como jugador fue un auténtico “crack”. Es posible que no tuviera mucha calidad, pero era un todoterreno. No daba nunca el balón por perdido y se empleaba siempre a fondo sin importarle el nombre del rival ni el escenario”; también, San Román añade que “tuve el privilegio de estar a su lado durante tres temporadas, unos años en los que también estaban ilustres como Collar, Peiró, el “negro” Mendoza, Glaría, Griffa, Calleja y Rivilla que era su amigo del alma. Un gran equipo”

 

Foto: as.com

 

 

Autor: Fernando Sánchez

Periodista, deportista, entrenador de fútbol, cinéfilo y escritor.

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