Adrián y Vietto: los mejores años de sus vidas

Adrián López (Teverga, Asturias, curso del 88) llegó al Atlético de Madrid en el verano de 2011, procedente del Deportivo de la Coruña y tras el descenso del club gallego a Segunda División. La impresión que tenían quienes le habían seguido en Riazor era, si se me permite el oxímoron, que Adrián era un excelente delantero pero con un grave problema: su escasa eficacia ante el marco contrario. Entre los que no lo conocían y los que eran conscientes ya de su gran ‘pero’, el sentimiento mayoritario en la hinchada rojiblanca era de expectación ante lo que podía llegar a aportar al equipo; un equipo al que acababa de llegar el gran Radamel Falcao García y que ya tenía en sus filas a Diego Costa, aunque el brasileño de nacimiento no había llegado a explotar todavía.

Pero, tras los caóticos meses que precedieron al cese de Gregorio Manzano, la llegada de Diego Pablo Simeone pareció revitalizar a Adrián incluso por encima (que ya es decir) del resto de sus compañeros; la segunda mitad de la campaña 2011/12 mostró en el Calderón un delantero hábil, imaginativo, con un talento infinito para asistir a sus compañeros, para generar oportunidades de gol ‘de la nada’ y para crear superioridades cuando más atascado parecía el equipo. Aun a riesgo de parecer muy exagerado (o, incluso, un hereje), a algunos nos parecía estábamos asistiendo a los albores de un nuevo Kiko Narváez.

El delantero del Atlético de Madrid, Adrián López, celebra su gol, el primero de su equipo, frente al Real Zaragoza durante el partido correspondiente a la undécima jornada de la Liga de Primera División disputado en el estadio Vicente Calderón, en Madrid. EFE/Juan Carlos Hidalgo

El delantero del Atlético de Madrid, Adrián López, celebra su gol, el primero de su equipo, frente al Real Zaragoza durante el partido correspondiente a la undécima jornada de la Liga de Primera División disputado en el estadio Vicente Calderón, en Madrid. EFE/Juan Carlos Hidalgo

¿Y después de aquella temporada 2011/12? Pues, la (casi) nada. Su participación en los Juegos Olímpicos de 2012, que hizo se incorporase más tarde a la disciplina rojiblanca, y la explosión definitiva de Diego Costa hicieron que su rol se fuese haciendo, progresivamente, mucho menos protagonista y, lo que es aún peor, sus actuaciones, mucho menos relevantes. El Calderón navegaba entre la frustración de no ver ni rastro del futbolista que había visto apenas unos meses antes y la esperanza de que, cualquier día, recuperase la magia para no volver a perderla. Pero todo fue inútil. En el verano de 2014, tras dos años de innumerables sombras y apenas alguna luz, el Atlético decidió aceptar una sustanciosa oferta de Oporto para hacerse con sus servicios. Pero tampoco en Portugal (ni en los meses que estuvo cedido en Villareal) resurgió. Este verano ha vuelto a Riazor, al ‘lugar donde comenzó todo’ para intentar volver a ser quien un día fue.

Luciano Darío Vietto (Balnearia, Córdoba, Argentina, curso del 93) llamaría la atención de numerosos ojeadores europeos por sus notables campañas 2012/13 y 2013/14 (sobre todo) en el Racing de Avellaneda: su exquisita técnica, su habilidad para caer a bandas y, desde allí, encarar la meta rival y su gran regate en carrera hicieron que muchos clubes le marcasen como objetivo. Al final, como ha sucedido tantas y tantas veces con el mercado sudamericano, fue la excelente gestión y estructura del Villareal quien se llevó ‘el gato al agua’ en el verano de 2014. En el conjunto castellonense, no hizo más que confirmar lo que apuntaba en Argentina: 12 goles en su primera campaña en Europa (uno, por cierto, espectacular al Atlético de Madrid en el Calderón, que significaría la derrota del equipo rojiblanco en vísperas de Navidad) y una notable colección de partidos brillantes hicieron que su cotización subiese como la espuma. Y no es una simple expresión: 6 millones de Euros pagó el Villareal a Racing en el verano de 2014; alrededor de 20 pagó el Atlético al Villareal en el de 2015.

¿Y en el Atlético? Pues, la (casi) nada. Ni rastro de aquel jugador eléctrico, técnico, fino hábil más bien, todo lo contrario: un jugador torpe, poco participativo en el juego, sin apenas relación con el gol: un ‘pechofrío’, dicen algunos en el Calderón. Puede argüirse que hay cierto tipo de jugadores cuya calidad es más que suficiente para destacar en un club ‘pequeño’ o ‘mediano’ pero cuya cabeza no les permite triunfar en un grande; pero no parece el caso de Vietto: su cesión al Sevilla el pasado año con un entrenador que le quería y una afición algo menos exigente que la atlética, tampoco funcionó. ¿Y ahora? Pues, a dos días del cierre del mercado (cuando estas líneas están siendo escritas), su futuro parece muy incierto: parece que hay varios clubes europeos interesados, tanto en la cesión como en su traspaso definitivo) pero también parece que su futuro podría estar (inversamente: si uno entra, otro sale) ligado al de Diego Costa y lo del hispano-brasileño es un culebrón que no sabemos, como sí ocurrirá con todos los demás, si habrá acabado el 1 de septiembre.

Vietto en un partido contra el Real Madrid. Foto: EFE

Vietto en un partido contra el Real Madrid. Foto: EFE

Pero, ocurra lo que ocurra con el futuro de Vietto, las carreras futbolísticas de Adrián y del argentino parecen tener ciertas similitudes que nos llevan a plantearnos una pregunta: ¿Qué ocurrió con Adrián en las temporadas 2011/12 y 2012/13 y con Vietto entre 2012 y 2015? ¿Acaso fueron tocados por una varita mágica que desapareció para siempre? ¿Fueron aquellos años, los mejores años de sus vidas, ‘tormentas perfectas’? ¿Por qué, después de aquello y salvo instantes muy puntuales, no ha vuelto a haber ni rastro de los jugadores que un día fueron (o parecieron)?

Muchas preguntas y me temo ninguna respuesta. Si alguien la tiene, estaría encantado de conocerla.

Autor: Vicente Soto

Nacido en Madrid, Criado en Ferrol. En Grenoble por trabajo. Ingeniero dedicado a las finanzas. Apasionado del fútbol. Atlético "a muerte". Socio nº 7646

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