Ucronía en Europa (1-0)

El Atlético camina en Europa bajo el guion de una maravillosa ucronía. Aquel cabezazo postrero nunca sucedió. Tampoco el penal de Juanfrán se fue al palo, ni el de Griezmann. El árbitro fue justo y aquel gol ilegal nunca subió al marcador. Así compite el Atlético ahora, como si todo aquello no hubiera realmente sucedido, y en vez de ninguna, tuviese ya en sus vitrinas varias copas de Europa. No juega con la necesidad y la angustia de haber fracasado tres veces, dos tan recientes y dolorosas, sino como si los presupuestos se hubieran igualado de veras, como si no siguiera existiendo esa abismal diferencia entre los unos y los otros. Era fácil reclinarse en un costado y lamerse las heridas durante otros cuarenta años. Reinventar un sobrenombre. Todo el mundo lo hubiera entendido tras dos desgracias tan grandes. Pero aquí está Simeone, y eso lo cambia todo. Lo imposible es realidad y la ucronía, la utopía de cada momento.

Volvió el Bayern al Calderón y parecía no haber pasado el tiempo. El Cholo rescató a Torres para el once y el nueve justificó en el césped una decisión que sorprendió a muchos. Ganó cien duelos por arriba a Javi Martínez y ahí empezó a ganar el partido el Atlético. Bajó el balón, se ofreció, combinó, dio respiro al equipo a veces, y profundidad otras. Creó peligro, tiró un palo, tiró paredes, balones al lateral de la red, fue una incesante gota de agua horadando la defensa de Bayern, tac, tac, tac, y le faltó sólo hacer un gol para que todos, incluso los que no saben ver más allá de eso, pudieran encumbrar el tremendo partido que hizo.

Ancelotti ha hecho con el Bayern lo que mejor sabe hacer, que es estarse quieto ante las cosas que funcionan. De esa manera, su equipo es casi indistinguible al de Guardiola: un equipo que aglutina la posesión, que ahoga con una presión muy arriba, que poco a poco se mete en el campo del rival y termina jugando con Neuer de libre puro. Así empezó a someter al Atlético que decidió esperarlo y en el minuto trece Müller casi abre el marcador con una volea a la media vuelta tras un extraordinario pase de Thiago. Pero estaba Oblak, otro de los artífices de la ucronía, el portero que para como si Courtois no se hubiera ido nunca.

Godín pugna con Muller. Foto: clubatleticodemadrid.com

Godín pugna con Muller. Foto: clubatleticodemadrid.com

La ocasión activó al Atlético, que a partir de ahí apareció en el partido con una internada eléctrica de Carrasco que hizo estirarse a Neuer. Después, Torres remató de cabeza un balón pronto tras el rebote de un córner y la pelota acabó en el palo. Se activó con ese arrebato con el que suele hacerlo el Atleti y se soliviantó al Calderón, que supo de repente que estaba el Bayern y no el Albacete. El partido dejó de jugarse en campo propio y los alemanes ya no recuperaban tan rápido. Gabi se hizo gigante y la calidad de Filipe por la izquierda fue un puñal incesante en la línea de cuatro del equipo bávaro. Así, tras una buena contra iniciada por Koke, que cada día está más cómo en el centro, el lugar donde habita su futuro, Carrasco encaró tras el pase de Griezmann y con ese maravilloso disparo en vuelo que tiene, ajustó un zurdazo al palo y gol. El Atlético se adelantaba y el Bayern torció el gesto sabedor de que la empresa estaba tornando en imposible.

Savic y Godín, una pasarela infranqueable, la pesadilla perpetua de un delantero y Juanfrán y Filipe, dos laterales enormes que no paran de ir y venir en todo el partido.

En la segunda mitad el partido bajó de intensidad. Apagado Thiago, que pudo ser expulsado por doble amarilla, el Bayern casi perdió la esperanza de encontrar la profundidad en su juego. El preparador italiano dio entrada a Robben tratando de ensanchar el campo, también a Kimmich, pero aquello no sirvió más que para que los alemanes tuvieran un par de ocasiones aisladas: un cabezazo de Lewandowski, que bregó mucho frente a dos colosos, y un disparo de Robben desde la frontal que se fue fuera por poco. El Atlético se defendía con solvencia con una línea de cuatro descomunal: Savic y Godín, una pasarela infranqueable, la pesadilla perpetua de cualquier delantero y Juanfrán y Filipe, dos laterales enormes que no paran de ir y venir en todo el partido. El dos y el tres de toda la vida que de repente son el siete y el once. Van como el mejor extremo, vuelven como el mejor lateral, y así de manera incansable, hasta el delirio de la grada y el hastío del rival.

El Atleti contragolpeaba con un Torres incansable. Exhausto, dio entrada a Gaitán que no estuvo a la altura de lo que había en juego y antes había entrado Gameiro, que al menos peleó. Pudo tener un final apoteósico el partido para los locales porque a cinco minutos del final, Vidal, que milagrosamente esquivó la tarjeta hasta el final cuando hizo faltas para ser expulsado dos veces, cometió penalti sobre Filipe. Pero no era el día de Griezmann, que completó un partido gris estrellando el balón en la madera y no pudiendo completar la fiesta.

El final llegó sin mayor sobresalto pese a lo ajustado del marcador y el Calderón cerró sus puertas haciendo buena esa ucronía que vive con Europa. Es cierto que el Bayern daba por bueno un punto porque intuía la alta probabilidad de quedarse sin ninguno, es cierto que todos temen al Atlético, es cierto que ya tiene seis puntos y una nueva clasificación encarrilada, que los rivales miran al Calderón como uno de esos santuarios malditos. Es rotundamente cierto, no traten de despertar del sueño, porque lo están viviendo de veras.

 

Foto: clubatleticodemadrid.com

 

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Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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1 Comentario

  1. Pues, claro, no es un sueño, si ¡Hasta los miserables de la desprestigiada prensa de deportes, empiezan a reconocer un poco el potencial atlético!

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