El mejor Atleti de la Historia

Fueron pocos segundos. Fue un efímero instante. Con Menayo fuera del campo y el tiempo casi cumplido, Natasa Andonova encontró a Mariona dentro del área para que la ‘9’ culé colocara el balón dentro de la red. Minuto 122. No habría ni opción de réplica. Imposible diseñar un final tan cruel. Nadie puede saber a ciencia cierta de qué se trata, pero lo cierto es que el fútbol tiene una fijación especial con el Club Atlético de Madrid. Crea o no en la suerte, no puede cuestionarlo. Cualquiera que conozca a grandes rasgos la historia rojiblanca habrá asentido resignado al leer esto. Porque si usted es un fanático de la tragedia, no lea a Sófocles ni se compre unas entradas para ver Hamlet. Simplemente, hágase hincha del Atlético de Madrid.

No me malinterprete. El Atlético está lejos de ser el ‘pupas’. Nada hay de derrotista en la idiosincrasia colchonera. Porque el Atlético de Madrid pierde poco, muy poco. Tan poco, que este equipo (el Femenino) ha perdido cuatro partidos en un año. Dos en la Champions –frente a un rival infinitamente superior como el Wolfsburgo–, uno en la Liga y otro en la ya mencionada final de la Copa. Sin embargo, muchas veces, la forma se impone al contenido. Y en la manera de perder, no hay soliloquio de Shakespeare que supere el dramatismo de una derrota atlética. Definitivamente, el aficionado rojiblanco está hecho de otra pasta. No hay goce en la victoria que pueda compensar el dolor de tales derrotas. Quizás sea resiliencia, quizás sea masoquismo. Pero hay que ser un tipo muy peculiar para ser golpeado tantas veces por el destino y no haber desistido en el camino.

No todo fue fruto del azar. Es cierto que en Mérida hubo muchos errores, empezando por la colegiada, Marta Huerta de Aza, y sus asistentes. De nada sirve elucubrar con lo que pudo ser y nunca fue, pero resulta innegable afirmar que la Copa de la Reina –la que no estuvo presente, una vez más– habría viajado a la capital de no ser por la paupérrima actuación de la trencilla. Primero, por un clamoroso penalti no pitado de Sandra Paños sobre Ludmila. Segundo, por los incomprensibles fueras de juego que señalaron sus compañeras de faena durante los 120 minutos. No es fácil encontrar durante el encuentro una decisión acertada del equipo arbitral.

Sin embargo, no es la primera vez que la colegiada palentina de nacimiento asume decisiones en contra los intereses colchoneros. Ya en el partido de Liga que las rojiblancas jugaron en la Ciudad Deportiva Joan Gamper con el Barcelona, Huerta de Aza señaló una pena máxima para las culés por una mano inexistente de Kenti Robles en el área. Aquel empate (que debió ser victoria de no ser por esa decisión) estuvo cerca de costarle el título al Atlético. En el Romano emeritense, su actuación fue clave en la derrota colchonera. No parece excesivamente ético dedicar unas líneas al estamento arbitral, pero alguien debería tomar cartas en el asunto si se quiere avanzar en la profesionalización del balompié femenino. Lo de esta final fue inadmisible.

No solo la colegiada tuvo una tarde aciaga en tierras extremeñas. Tampoco fue la noche de Ángel Villacampa. El hombre que ha hecho de este Atlético una máquina de ganar planteó el partido acertadamente, pero tardó en mover el banquillo y, con un cambio disponible, no sacó a Cazalla mientras Menayo se tenía que retirar lesionada del césped. En inferioridad, el Barcelona marcó el tanto de la victoria. Error fatal. Pero, ¿qué se le puede reprochar a un tipo que cogió un equipo hundido en lo anímico y lo ha llevado a conquistar una Copa y dos títulos de Liga consecutivos? Todo ello, con un presupuesto notablemente inferior al del Barça. Un Barcelona que no ha escatimado en esfuerzos para contratar a algunas de las mejores futbolistas de Europa (como Lieke Martens o Toni Duggan) y para debilitar a su rival directo con traspasos como el de Mapi León. Andrea Pereira parece que será la siguiente en coger el puente aéreo hacia la Ciudad Condal. Y sin embargo, el Atlético sigue demostrando que está por encima tanto a nivel de juego como de resultados. Gran parte del éxito colchonero depende de la continuidad de su técnico. Quédate, Ángel. La parroquia atlética te ama.

Olviden la Copa. Un desenlace tan cruel no puede empañar ni un ápice la histórica temporada de las colchoneras. Cuando nadie creía que se podía repetir la gesta de la campaña anterior, las chicas de Villacampa reconquistaron el título liguero. Fue la Liga de Amanda Sampedro, futbolista de las de antaño, leal amante de unos colores que no se compran y rebosante de una calidad técnica enorme. Fue la Liga de Sonia Bermúdez, verdadera reina del balompié femenino español. Incombustible, irrepetible. Nueve títulos domésticos decoran su palmarés. Por más que algunos como Jorge Vilda intenten hacer olvidar su nombre, su legado es ya imborrable. Fue la Liga de Meseguer y Kaci, dueñas y señoras de la medular atlética con un despliegue colosal. Mención especial a la última, que llegó desde Lyon tras una grave lesión y se ha erigido como lo que es: una de las mejores centrocampistas del continente. Fue también la Liga de Ludmila y su potencia imparable, la de Lola y sus paradas, la de las reconvertidas Menayo y Corredera. Fue, en definitiva, la Liga de un equipo con mayúsculas.
Parece difícil poder repetir los éxitos del pasado, pero el futuro pinta igual de prometedor. Los más que probables fichajes de la mexicana Charlyn Corral –máxima goleadora de la Liga con 24 goles en 30 partidos– y de Ivana Andrés no hacen más que reforzar las esperanzas depositadas en un equipo que promete seguir compitiendo de la misma manera que lo lleva haciendo en las últimas campañas. Sea como fuere, lo conseguido atrás ya nadie lo podrá borrar. Porque este Atlético de Madrid Femenino es y será el mejor de la historia. Gracias de corazón.

Author: David Gómez

Alcarreño. Adicto a la buena música y a la escritura. Estudiando y haciendo periodismo con un micrófono y un papel. Esclavo de una pasión llamada Atlético de Madrid.

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1 Comment

  1. Me encanta lo que ha escrito. Ha dibujado el sentimiento de todos los que nos sentimos colchoneros y pasamos en esa final por todo lo que usted describe. Muchas gracias y un abrazo.

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