Victoria sufrida

El Atleti se enfrentaba al último partido a domicilio del año con la sensación incómoda que reflejaban los datos: le cuesta marcar fuera, le cuesta ganar fuera, es un equipo casi irreconocible, si el espejo es el que juega en el Metropolitano. El de Valladolid fue un partido que no se alejó de ese patrón aunque de repente llegasen los goles y a la postre, también la victoria.

Los locales jugaron con una intensidad propia del rival que tenían en frente, al límite del reglamento, luchando por cada trocito de césped y por cada pelota dividida y de ahí resultó un partido bronco, interrumpido, en el que el mando no estuvo claro en ningún momento. El Atleti dominaba a veces, con Rodri tratando de hacerse dueño de la iniciativa, Saúl y Koke de lugartenientes. Correa más descolgado y Griezmann y Kalinic arriba. Todo se emborronaba en los metros finales hasta que en el minuto veinticuatro el petit prince encontró el desmarque de Kalinic, asistió y el croata prolongó su racha liguera abriendo el marcador con un nuevo gol de puro nueve.

El Valladolid empezó a estirarse tras el gol y encontró la vía de agua del Atleti en la banda derecha, donde a Correa le costaba regresar y en ese espacio muerto, los de Sergio percutían con Oscar Plano y Toni Villa haciendo sufrir al colombiano Arias. Por ahí vinieron dos ocasiones buenas que falló Unal tras sendos centros laterales. Simeone puso a calentar a Vitolo y Thomas consciente del agujero en la diestra pero antes de que pudiese reaccionar, por fin el VAR funcionó para señalar un penalti por unas clamorosas manos de Kiko Olivas que interceptó un peligroso disparo de Griezmann. El francés ejecutó la pena máxima a la escuadra y el Atleti se fue al descanso con una ventaja y una placidez que no podía imaginar.

La segunda parte fue una pesadilla que nadie esperaba. Un martirio que empezó con un cabezazo a bocajarro de Unal pero ahí, siempre bien situado, Oblak enseñó la credencial del mejor portero del mundo y salvó sobre la línea lo que parecía el gol cantado. En el seis, en un extravagante intento de despeje de Savic, mandó la pelota a la escuadra pero de nuevo el esloveno metió una manopla imposible, mantuvo su portería a cero y a su equipo en pie. En el cincuenta y seis, en otro remate de cabeza, también a bocajarro de Calero, Oblak ya no pudo detenerla y los pucelanos acortaron distancias.

Justo tras el gol vino otra nueva lesión muscular, Filipe se fue del partido y Simeone puso a Thomas y pasó a Saúl al lateral izquierdo. El Atleti siguió hundiéndose tras una sombra que lo convierte en un adefesio de sí mismo. Tal vez le falte un líder, tal vez estos fueran los momentos en los que Gabi hablaba, se situaba, y hacía que el sufrimiento no apareciese. El caso es que el Valladolid siguió empujando y en una jugada desafortunada, Saúl marcó en propia puerta para hacer el empate para el Pucela. Ver para creer, el Atleti se había dejado remontar un cero a dos.

La pesadilla no llegó a ser completa porque apareció Griezmann cuando más lo necesitaba su equipo. Simeone puso sobre el terreno de juego a Vitolo y Gelson y ambos aportaron cosas en su estilo. El grancanario dio pausa, el portugués, vértigo. El Atleti empezó a estirarse y en el ochenta, en una jugada embarullada dentro del área, Antoine cruzó un zurdazo para poner en ventaja de nuevo a su equipo. Hasta el final, el Atleti sufrió con la incertidumbre, pero Vitolo supo gestionar el balón e incluso hubo alguna ocasión para incrementar la ventaja. Al final, el Atleti maquilló la pésima imagen de la segunda mitad y se llevó los tres puntos que le aúpan, a la espera de lo que haga el Barcelona, a lo más alto de la tabla. Conjuró con victoria su racha a domicilio en la última salida del año y ahora ya espera la despedida de 2018, que será especial porque será también la de Gabi.

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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1 Comentario

  1. Su crónica se ajusta a la realidad. A contar como realmente sucedió el partido, pero pienso que el análisis del partido debe ir por otros derroteros.
    El mío, lo resumo en una sola frase: Somos un equipo italiano de los ochenta. Jugamos a eso, en cualquier circunstancia.
    Al empezar los partidos, esperamos a jugar para ver que sucede.No somos un equipo decidido. Siempre estamos especulando. Hasta cuando sacamos de banda en ataque, dejando que el otro equipo se coloque.
    Hoy día, el Aleti ya es un equipo grande y sigue dando sensaciones de que nunca vamos a por el partido.
    Si marcamos un gol, damos un paso atrás. Y si como sucedió ayer, por una justa actuación del VAR, nos vamos al descanso con una ventaja de 2-0, la reanudarse el encuentro, aparecemos sin ninguna tensión. Y eso hay que culparle de ello al entrenador.
    La sensación que tengo con Simeone es que tiene tanta autoridad, que parece que la mayoría de jugadores no gozan de libertad. Solo Griezmann…y Oblack.
    De Griezmann, muchos conocen mi opinión sobre él, pero nuestro equipo, creo y pienso, que cada día que pasa está construido alrededor de ….Oblack.

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