La fuerza de la fe

El Atleti estrenó la Champions 2019-2020 con una leyenda enorme en el fondo sur que decía: “Una fe inquebrantable”. Un mensaje que define la filosofía del club y que fue una premonición perfecta para el partido inaugural frente a la Juve, quien de forma tan cruel los desposeyó del sueño por última vez. Llegó el campeón de Italia y con él la estela del fútbol de categoría máxima, de la exigencia al límite, los partidos que siempre fue una utopía jugar.

La primera parte transcurrió en el terreno de la táctica. La Juventus esperaba pertrechada en el nuevo sistema de Sarri y el Atleti intentaba llevar el mando del partido. Con Thomas en el medio junto a Saúl; Koke y Lemar descolgándose en los callejones interiores, Lodi y Trippier jugaron en la primera mitad más en la posición de extremo que en la de lateral. El Atleti tomó el balón y no se sintió incómodo con él, lo movía por todo el frente de ataque del equipo italiano, basculaba el juego de derecha a izquierda para finalizar las jugadas en centros de Trippier  o Lodi que Bonucci despejaba con la tranquilada del quien devuelve una pelota a un niño en la playa. Faltó la definición asesina de los últimos metros, el último pase, el desmarque definitivo, la anticipación necesaria.

Pjanic trataba de equilibrar a la Juve pero las posesiones del equipo italiano eran cortas. Todo muy lejos de la zona de peligro, Ronaldo lo intentó con un disparo lejanísimo que llegó domado a las manos de Oblak. La mejor ocasión fue para el Atleti en una galopada de Joao desde la medular, con los defensas italianos corriendo hacia atrás y Diego Costa en estampida, el menino aprovechó la grieta que le abrió su compañero para internarse en el área y rematar con la puntera una pelota que obligó a Szczesny a estirarse. El córner acabó con un remate blando de Giménez que se lamentaba de la oportunidad perdida.

Joao pugna con Danilo. Foto: atleticodemadrid.com

El Atleti atacaba pero no encontraba el lugar en la zona definitiva. Todos hacían su trabajo, Lemar y Koke trataban de romper líneas, los laterales doblaban una y otra vez para llegar en superioridad al fondo pero ahí moría todo con inocencia. Llegó el descanso con buenas sensaciones para los locales  pero con el peso de la táctica ahogando el sobresalto.

Tres minutos habían transcurrido de la segunda mitad cuando Higuaín se descolgó por la izquierda del ataque bianconero (anoche azulón) para cambiar la pelota a Cuadrado, que entró por el perfil diestro, recortó hacia adentro  sin oposición, sobre la línea del área, cruzó un zapatazo a la escuadra de Oblak. El Atleti volvió a tomar el mando y trató de igualar, pudo hacerlo en una triangulación espectacular en la derecha entre Saúl Koke y Trippier que acabó con un pase de la muerte a Giménez malogrado por el uruguayo, el remate se fue arriba.

La réplica de la Juve parecía definitiva porque de nuevo a las espaldas del lateral inglés del Atleti, Alex Sandro filtró un pase medido y delicado para que Matuidi rematase solo en área pequeña con la testa para poner el cero a dos. Era el minuto sesenta y cinco.

Y entonces, cuando todo parecía perdido, apareció la fe inquebrantable. En el sesenta y nueve, Savic empujó la prolongación de Giménez, que parece un titán en área ajena a quien llegan todas las pelotas y se consiguió el gol que necesitaba para destapar el frasco de la pasión de aquellos que siempre creen. Simeone dispuso los dos últimos cambios, Herrera y Vitolo por Lodi y Thomas, que se marchó tocado. Antes había entrado Correa. Y el Atleti entonces fue con todo a darle vuelta al partido.

Atacaba por la izquierda con un despliegue sobrehumano de Saúl, que volvió a ocupar el lateral y doblaba y doblaba a Vitolo. El canario combinaba en pared, dibujaba diagonales hacia adentro y en uno de sus slalom característicos casi tuvo el gol en un disparo a la escuadra que salvó el portero polaco en una estirada imposible. Cuando más cerca parecía el empate la Juve tuvo la sentencia en una contra tres para dos que resolvió Oblak poniendo sobre el campo su prodigio de cada día.

El Atleti cambiaba el juego a derecha con Trippier omnipresente, con un Herrera que aportó fluidez y claridad, rompió líneas, cambió juego, ofreció al equipo lo que necesitaba en cada momento hasta que incluso, en el último minuto, cabeceó un córner sacado por el inglés para igualar el partido y recoger la recompensa de la fe. El partido estaba acabado pero sobre la bocina una jugada de Ronaldo heló la sangre de todos, se fue de dos en el pico del área y cruzó una pelota que se fue por poco.

Un empate que trae el reposo necesario para la construcción del proyecto. Hubiera sido dura e injusta la derrota para un equipo que se construye desde la defensa y que todavía concede demasiado en ella. Remontar dos goles a la todapoderosa Juventus servirá para afianzar la convicción de un grupo que anoche leyó y se rindió ante una de sus inexorables leyes: la del espíritu irredento y la fe inquebrantable.

Fotos: atleticodemadrid.com

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

Comparte este contenido en
468 ad

Envia un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies