Equilibrio y punto de arranque

La medida de la expectación que genera este Atleti supercampeón de Europa la da cómo arrancó la Liga en Mestalla, un campo otrora maldito, un feudo sin duda de los que vienen marcados en rojo, pero, sobre todo, la verdadera medida la da cómo salió de allí. Con un punto que podría resultar justo, pero que dejó a los de Simeone con el gesto torcido. El Atleti está en la rueda de ganar y ganar y cuando se va ganando y al final no se da, la sensación es de angustia por lo perdido, da igual que sea en Mestalla, contra el Valencia o en el entreno de recuperación.

Simeone dispuso un once con sólo dos cambios respecto del equipo que se había coronado el miércoles como Rey de Europa; Filipe en el lateral sustituyendo al sancionado Lucas y Correa en el lugar de Rodrigo, lo que confería al equipo un teórico mayor poder atacante, con Saúl y Koke dueños del medio centro. El Valencia honró al campeón y a la tradición con el pasillo y así dio encuentro un partido de los de antes, con dos rivales equilibrados, una grada enfervorizada y los contendientes yendo a por la victoria desde el minuto uno como si aquello en vez de la primera jornada de Liga fuese la última.

Durante el primer tramo se impuso la destrucción, se jugaba en la franja medular y los espacios habían elevado su precio hasta hacerse inaccesibles. De ahí surgió un fútbol tenso, sin acercamientos a la portería rival, que terminó cuando en el minuto 26 Griezmann recogió una pelota en las inmediaciones del área, se giró, dribló a Parejo y entre una maraña de defensas metió un pase imposible que habilitó a Correa, gris hasta entonces, para hacer el primer gol del partido y poner todo de cara para el Atlético.

Correa celebra el único gol del Atleti. Foto: atleticodemadrid.com

Correa celebra el único gol del Atleti. Foto: atleticodemadrid.com

Con el gol, el Valencia se descentró de su disciplina marcial y el Atleti creció empezó a sentir un confort reconocido. Crecieron los dos del medio, que apoyados en Lemar asistían a los desmarques de Costa, un auténtico animal que se pegaba con todos y que fue un peligro permanente para Neto, que lo veía venir a lo lejos como el huracán que llega arrasando todo a su camino. Hubo una jugada al borde del descanso en el que el de Lagarto enfilaba la portería de Neto y fue derribado por Garay. El colegiado entendió que aquello daba para una amarilla y, a juzgar por lo que vino después, el Atleti pudo dar gracias de que cobrase la falta.

La segunda mitad comenzó con dos jugadas claves, la primera un agarrón clarísimo de Garay a Costa en la frontal del área que hubiera supuesto su segunda amarilla en la que Gil Manzano decidió mirar para otro lado: estando a un metro de la acción ni siquiera señaló la falta. La otra fue una jugada por la derecha en la que Correa tocó una pelota al área para que Costa empujase el gol a placer. Faltaron milímetros para lo que que, con bastante probabilidad, hubiera supuesto la muerte del partido, o al menos la del Valencia en él. Pero no fue gol y eso espoleó a los locales, que dieron dos pasos adelante y el Atleti, tal vez acusando el esfuerzo de la Supercopa, le dio el terreno y el balón y trató de defenderse de esa forma que tan bien conoce. Demasiado pronto llegó un error de Godín, que midió mal el salto, y dejó una pelota franca a Rodrigo, que fusiló a Oblak para establecer el empate, que a la postre sería definitivo.

Sufrieron los colchoneros los minutos que siguieron al gol, pero supieron zafarse bien defensivamente y el choque volvió a equilibrarse de nuevo. Entraron Vitolo, Thomas y Gelson. Tan sólo el portugués se mostró, lo intentó, hubo alguna internada peligrosa por la derecha, pero desde luego en esta ocasión el banquillo no resultó decisivo, pues todo quedó como estaba.

Un punto que ha de darse por bueno habida cuenta del escenario y el rival, pero que no dejó a nadie satisfecho, tal vez por las expectativas generadas sobre este equipo. Lo que parece claro es que la única manera que tendrán de poder llegar a un buen lugar, es despojarse de todo el ruido de alrededor y centrarse en el viejo discurso aprendido: no existe más objetivo que el siguiente partido.

 

FOTOS: atleticodemadrid.com

 

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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