Cara de tontos (1-2)

Hay cosas que, de tan frecuentes, empiezan a institucionalizarse, a convertirse en norma. Así roba el Madrid, casi como una imposición reglamentaria y así le gana el Barcelona al Atlético en competición nacional, con lo justo, sin merecimiento, casi sin despeinarse. Son ya treinta choques consecutivos sin que los rojiblancos tumben a los catalanes, algo asombroso e inédito, sobre todo si se atiende a partidos como el de ayer, que empiezan a ser más frecuentes de lo que deberían.

El Atlético salió al duelo con el Barcelona con el guion bien aprendido. Simeone devolvió jerarquías en el once y así volvieron Godín al centro de la defensa y Oblak al arco. Empezó fuerte, presionando muy arriba a los de Luis Enrique, que trataban de no abandonar el toque hasta que los hombres de arriba del rival los acorralaban, y aquello terminaba en rifa o en peligro para los locales. Ya en el minuto tres había tirado un córner el Atlético y el faraón uruguayo había dispuesto de la primera ocasión de gol. A partir del minuto quince, el Atlético se desató. Espoleado porque en el diecinueve finalizó la huelga de animación del Frente Atlético, y el estadio devino en la caldera que suele ser, los colchoneros cabalgaban desbocados sobre la meta de Ter Stegen.

En el minuto quince Gabi enganchó un rechace blandito desde la frontal. Acto seguido Griezmann pecó de generoso en una jugada que tenía para hacer gol y quiso ceder a Gameiro en pase de la muerte, el portero del Barcelona estuvo listo y se adelantó. El petit prince, muy conectado al partido, inició una diagonal a pierna cambiada en el veinticinco y golpeó desde la frontal con pierna derecha forzando una palomita espectacular de Stegen a mano cambiada. El partido se jugaba en el campo del Barcelona, el Atlético no dejaba margen para el movimiento. Presión, robo, ataque. Así, tuvo mucha sensación de peligro, mucha insistencia, pero poca contundencia. Pero no hubo gol. El Barcelona apenas salió de su cueva en las postrimerías del primer acto, en una jugada en la que Vrsaljko desguarneció su espalda y por ahí penetró Neymar rapidísimo, sirviendo para Luis Suárez que convirtió la jugada en un barullo y en un gol que fue anulado por Mateu por falta del uruguayo.

Godín remata a gol para poner un empate que no sirvió. Foto: Fran Pérez

Godín remata a gol para poner un empate que no sirvió. Foto: Fran Pérez

En la segunda parte el Atlético quiso hacer lo mismo pero dio la sensación de que no pudo. Tal vez en el físico pesó el partido del Leverkusen o tal vez fuese la inercia misma del partido, pero lo cierto es que retrasó la línea de presión y dio treinta metros al Barcelona que cambiaron la configuración del choque. Los blaugranas necesitaban imperiosamente los tres puntos para no perder comba en la lucha por el título, pero no lo demostraron en el césped. Lentos, horizontales, con transiciones inanes no inquietaron en exceso los dominios de Oblak pero ya se sabe cómo funciona esto, hay equipos que para el más solamente necesitan el menos y en una jugada en la que el Atlético estuvo poco expedito en su área, Rafinha terminó convirtiendo en gol el último de una serie de cuatro rebotes increíbles. Era el minuto sesenta y cuatro, demasiado pronto para rendirse.

El Atleti volvió a salir a por el partido y encontró la justicia como en los viejos tiempos, en un cabezazo de Godín a la salida de un córner. Simeone había dado entrada a Torres por un inconstante Carrasco y después metió a Correa por Gameiro, pero esta vez los cambios no funcionaron. El partido se volvió malo y bronco y apenas hubo juego y mucho menos ocasiones de gol. Fue de nuevo en un rebote, en el ochenta y cinco, que Messi volvió a poner la injusticia y a dejar a todo el Calderón con esa cara de tonto que se te queda cuando has hecho todo para ganar y el rival te gana en dos rechaces.

El Atlético se dejó tres puntos importantes, pero se llevó una lección en las alforjas. La contundencia en las áreas es requisito indispensable para los partidos que le va a tocar enfrentar en la Champions. Si no eres contundente, te vuelves a casa. Y no hay más.

 

Foto: Fran Pérez

 

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Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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