El fuego de Qarabag

Ayer me quemé. Como casi todos los que estábamos en el Metropolitano rodeados de guiris disfrutando de “la experiencia Champions”. Me quemé con el planteamiento del Cholo, porque se empeñó en sacar a los mismos que contra el Villarreal como queriendo insistir en que no hay más. Me quemé porque no vi al equipo con intensidad. Me quemé porque fallamos muchas ocasiones, algunas tan claras que me daban ganas de bajar a mí a rematar. Me quemé con un arbitraje de tarjeta floja y mucha interrupción de ley de la ventaja. Me quemé porque oí silbar en mi estadio a mi equipo por supuestos aficionados que se supone van allí, como yo, a animar y apoyar a los que van de rojo y blanco. Menos mal que el Frente Atlético estuvo a la altura (no como el otro día) y se arrancó con un ¡vikingos no! ¡vikingos no! para dejar bien claro que esta es nuestra casa, que este es nuestro equipo y que nosotros estamos en las buenas y en las malas. Y ahora tocan malas. Porque el pestazo a quemado llega hasta aquí. El humo se nos mete en los ojos y no nos deja ver. Pero ojo, que aún no sabemos qué consecuencias ha tenido el fuego. Tampoco si ha habido heridos y en qué grado.

La verdad es que ahora no dependemos de nosotros mismos. La verdad es que aún no estamos matemáticamente eliminados. La verdad es que hay que ganar a la Roma en casa y al Chelsea en Londres pero que, además, hay que confiar en que los de la tierra del fuego conviertan en cenizas a ingleses o italianos, o a los dos. Y eso, es verdad, se antoja casi como un milagro. Pero nosotros, los del Atleti, somos expertos en llevarle la contraria a la razón. Somos un equipo de levantarnos una y otra y otra vez. De no tirar nunca la toalla, de no dar jamás nada por perdido. Somos de luchar y luchar y volver a luchar.

Ya habrá tiempo de buscar culpables, de pedir responsabilidades. Por de pronto estamos invictos en Liga con diez jornadas disputadas. Por de pronto hay posibilidades matemáticas y épicas de pasar de ronda en Champions. Por de pronto, también podemos ganar la Copa. Lo único cierto es que no hemos podido incorporar ningún futbolista porque alguien ha hecho mal su trabajo (y aquí nadie ha pedido cabezas), también es una verdad como un templo que nos han cambiado de estadio sin necesidad, sin haber invertido en una reforma seria del Calderón y sin preguntar. Y, por último, otra verdad irrefutable: tenemos un logo en vez de un escudo y no nos acabamos de acostumbrar. Pero no pasa nada. Y si pasa, se le saluda.

Mientras tanto, a seguir remando. A pensar en levantar la moral del grupo para competir contra un Depor que viene embalado después de golear en Canarias. Apaguemos este fuego inútil. Porque no hay más cera que la que arde. Y si alguien está con ganas de quemar en la hoguera a los culpables, lo tiene fácil. Que el próximo día vaya al Metropolitano, que encienda una pira en el descampado, y que cuando vea a Gil Marín o a Cerezo, les invite a inmolarse envolviéndose en las llamas de la purificación que hagan justicia a nuestro club, a su negocio.

En las buenas y en las malas, aúpa Atleti. Siempre.

Autor: Santi Riesco

Adicto al Atleti. Exageradamente. Periodista. Vaqueiro d'alzada. Creyente. La persona es lo primero. Pérez de segundo. ¿He dicho lo del Atleti? Desde el 2005 hago el indio en un blog donde publico reflexiones, dimes y diretes sobre el Glorioso desde el primer anfiteatro del fondo sur. O por ahí.

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