De Hamburgo a Lyon

“Papá, ¿te imaginas que ganamos la Europa League? Es verdad que en Liga no ha sido un año demasiado bueno pero yo creo que al Fulham le ganamos. ¿Te imaginas? Yo creía que nunca iba a ver al Atleti ganar un título y mira, final de Europa League y final de Copa. Espero que Agüero y Forlán tengan su noche porque a saber cuando volvemos a tener una oportunidad como ésta. ¿Te imaginas que ganamos la Liga dentro de unos años? ¿Y una Copa del Rey? Bien, gol de Forlán, esto está hecho. Joder, ya es mala suerte que las últimas fueran el año de mi nacimiento y encima me hayan pillado los peores años del club. Vaya gol tonto, siempre igual. Me moriré sin ver a un Atleti sólido en defensa. ¿Te imaginas que esta no sea nuestra única Europa League dentro de unos años? ¿Te imaginas que dentro de unos años jugamos una final de Champions? Prórroga, espero que no lleguemos a los penaltis porque somos mejores que ellos y en los penaltis nunca se sabe. ¿Por qué no dos? ¿Te imaginas que voy al Calderón a ver las semifinales? ¿Te imaginas que fichamos a un entrenador y nos dura más de dos años? Gol de Forlán, el segundo. Campeones. ¿Te imaginas que dentro de unos años jugamos otra final de Europa League y nos sabe a poco?”

Yo tenía 14 años por entonces y obviamente, estaba repleto de ilusión. La posibilidad de un título para un chaval que había nacido en 1996 y que se había encontrado con que el equipo que le habían inculcado deambulaba por la zona media de la tabla. Era un simple espectador de los torneos y sin embargo, siempre había ilusión. Ese año en Liga volvió a ser espectador. Se dice que con los años se valoran más las cosas, no sé si lo de aquel año se puede valorar, pero uno es consciente de que fue un milagro por parte de dos delanteros cuya categoría estaba por encima del equipo y del club.

Aquella noche fue la noche en la que más me ha sonado el móvil en mi vida. Una llamada detrás de otra para felicitarme, intuyo que serían con el pensamiento de que ya no me tendrían que volver a felicitar hasta dos décadas después. Las pocas redes sociales de la época, también hasta arriba de felicitaciones. Se equivocaban y seguramente nos equivocábamos. Aquello fue un accidente, feliz, pero un accidente.

Ocho años después nos encontramos en la misma situación, pero en distintas circunstancias. Durante este periodo el Atleti ha ganado, y ha ganado mucho, nunca por accidente. Las felicitaciones han ido disminuyendo. Creo que en los últimos logros las enhorabuena quedaban en familia, entre mi padre y yo si me apuras.
Lyon recuerda a Hamburgo sin parecerse en nada. Fue un primer paso pero nada firme. Quizás sólo sirvió para recordarle a los aficionados que podíamos y sabíamos ganar. Un oasis en el desierto cuyo final estaba en 2012. Miras y comparas, inestabilidad y dispersión, jugadores que antes de llegar ya se querían ir. Ahora, el que se va quiere volver. Volvemos a una final de Europa League con la ilusión de volver a ver al Atleti levantar un título pero con la sensación de que esta final es accidental, no corresponde pero de forma muy distinta a la de 2010. Volvemos para coger impulso y comenzar un nuevo ciclo pero con la gente de siempre. Simeone a la cabeza. Volvemos para demostrar la personalidad como equipo y como afición. Volvemos porque la competición es lo de menos cuando juega el Atlético de Madrid.

Author: Emilio Cabrera

Cañailla afincado en Sevilla y del Atleti. Estudiante de Periodismo

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