Regreso a Ítaca (0-2)

El mundo está lleno de lugares maravillosos para explorar, algunos ciertos, otros imaginarios, lugares donde reconocer la inmensidad de lo humano, todo lo que, siendo distinto, detestamos o nos apasiona, todo lo absurdo, lo horrible, lo maravilloso. Pero atrás siempre queda Ítaca: la verdadera patria, el lugar al que de alguna forma siempre estamos regresando. El viaje del Cholo ha sido corto pero suficiente para saber que en ningún lugar estará mejor que en aquel que es él y lo define a él.

El año nuevo se estrenó con un Atlético antiguo, que decidió volver a su hogar: una defensa férrea, un centro del campo unido, una delantera veloz. Un equipo cosido con una intensidad extrema que sabe que no existe la vida más allá del partido que se juega. Pilares sencillos que habían perdido fuerza en el viaje de las pruebas. Un equipo reconocible, eficaz, basado en no errar, en no conceder, y en castigar con saña el fallo del rival. Así salió el Atlético a por una Copa que quiere ahora más que nunca y sometió a un rival, Las Palmas, que apenas consiguió tirar un par de veces, sin excesivo peligro, ante la meta de un Moyá que ganó confianza dejando su puerta a cero.

Las Palmas sintió rápido en el partido que aquel Atlético era otro al que había enfrentado quince días antes por la Liga, apenas pudo zafar. El Atlético fue rápido a por la eliminatoria, fundamentalmente atacando por la derecha, con un incisivo Juanfrán recontrareconvertido a extremo. Sólo la ansiedad que va apoderándose de Gameiro hizo que el gol se retrasase hasta pasado el ecuador de la primera mitad. Fue Koke en un rechace desde la frontal quien hizo el primero y eso fue un regalo para el canterano, la manera de devolver todo su trabajo en el campo. Koke volvió a ser Koke y ese es uno de los pilares fundamentales sobre los que se asienta la patria del Atlético.

Desde el gol, el Atlético controló el partido a su manera, sin el balón, con la determinación de aquel que sabe lo que quiere, y que conoce a la perfección los caminos que van a llevarle hasta su meta. Esperó y golpeó en contras mortíferas que podían haber resuelto la eliminatoria, si acaso no está resuelta ya, con un marcador mucho más abultado que queda empañado por el único pero que encontró Simeone en su vuelta. Cuando regresó, la falta de gol de su delantero seguía allí. Gameiro acumula ocasiones falladas a un ritmo vertiginoso que multiplica su ansiedad y que hace dudar a todos de él. Simeone lo sabe y lo aguanta, tratando de romper ese círculo vicioso y terrible donde, a la postre, estarán muchas de las esperanzas de éxito del Atlético esta temporada.

El equipo colchonero hizo el segundo con un centro pasado de Vrsaljko que Gameiro sirvió en bandeja a Griezmann para que el francés recuperase su idilio con el gol y el resultado dio paso para una extraña prueba que Simeone viene realizando en los últimos partidos con el viento a favor: Giménez en el medio centro. No parece el lugar adecuado para un jugador cuyos principales defectos se acentuarían en esa posición, pero lo cierto es que el uruguayo ha cumplido y el Cholo insiste, tal vez buscando soluciones de futuro. Así, con la tranquilidad recuerada en la victoria, finalizó un partido que dejó al Atlético casi en los cuartos de Copa y sobre todo, de regreso en su Ítaca particular.

 

Foto: clubatleticodemadrid.com

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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