Nubes negras (1-2)

El Atleti mereció perder y perdió. El fútbol es un juez extraño, tal vez el único deporte en el que un equipo puede ganar sin hacer absolutamente nada para la victoria y viceversa. Eso lo convierte en impredecible y fascinante. Así, hay equipos que conviven a menudo con ese verso suelto y equipos que escriben su Historia con una prosa sufrida. El Atleti es de lo segundos, casi siempre, si lo merece, ganar es solo una posibilidad, si no lo merece, perder es una certeza.

El Metropolitano se estrenaba ante la élite europea de la Champions y parecía que su anfitrión había marchado a jugar a Laponia. Salió helado, desconectado del juego, con Thomas y Saúl en el medio, desorientados, con un desierto interminable entre sus líneas, más evidentes y diferenciadas que nunca. El Chelsea, un equipo imponente, bajo el mando de un entrenador tan visceral como inteligente, sorprendió tácticamente con su dibujo, con los tres atrás y esos dos laterales largos, pero sobre todo con el trabajo de Kanté en el medio, para descolgar a Cesc y Hazard a la espalda de los medios centros del Atlético. Así, tras el titubeo inicial en el que el Atleti lo intentó y no pudo, los londinenses se hicieron rápido con la situación y tomaron el control del partido. Hazard era el dueño y señor y marcaba el ritmo a su antojo. Ora rompía por el medio y servía para un tiro cruzado de Morata, ora caía a la izquierda en un zigzageo de vértigo y disparaba el balón al lateral de la red, ora descerrajaba un disparo de media distancia que sorprendía a Oblak cuando veía a su portería temblar con la vibración eterna que deja el balón estrellado en un palo en medio del silencio.

A cada minuto, el Atleti parecía un equipo más pequeño. Sin balón, pero esta vez también, sin control, sin recursos, sin pausa. Treinta y cinco minutos de nada y el Cholo cabizbajo en la banda, mirando continuadamente el reloj, casi rezando por llegar ileso al tiempo de descanso. Pero el fútbol se escribe con renglones torcidos y justo en ese momento en el que los de Simeone eran una auténtica deriva, David Luiz comete un penalti tan claro como absurdo sobre Lucas, y Griezmann esta vez no falla y estrena, también él, la portería del fondo norte y el marcador europeo del Metropolitano y convierte así lo imposible en realidad. El Atleti ganaba, contra las normas del partido y contra su propia esencia, aquella que dicta que no comulga con ganar sin merecer. En dos minutos de locura, incluso pudo poner tierra de por medio, pero ahí apareció Courtois, viejo amigo, que salvó al Chelsea con un paradón a un disparo de Antoine y con su fortuna el rechace, que cayó a los pies de Saúl y como en Roma, incomprensiblemente, porque así es el fútbol, no abrió en canal la brecha de lo ilógico.

Griezmann convierte el penalti que ponía por delante al Atlético frente al Chelsea. Foto: clubatleticodemadrid.com

Griezmann convierte el penalti que ponía por delante al Atlético frente al Chelsea. Foto: clubatleticodemadrid.com

En la segunda mitad se equilibró un tanto la desigualdad pero eso no le bastó al Atleti para mantener la ventaja. El Chelsea empató en el minuto quince en una jugada cocinada entre los dos hombres más destacados del partido, Hazard, que con su movilidad y calidad fue una pesadilla para los zagueros atléticos, centró medido desde la izquierda y Morata, que realizó un partido de puro nueve, peleando cada balón, fijando a los centrales, rápido, persistente, remató con un cabezazo a la red.

Tras el empate, todos parecían conformes. Simeone refrescó el equipo metiendo a un insustancial Gaitán en el medio y poniendo a Torres como referencia ofensiva. El de Fuenlabrada estuvo preciso en el pase, acertado en las combinaciones, cayó a bandas, se ofreció, hizo todo bien, pero lo hizo demasiado lejos de la portería rival. ¿Para qué la pólvora si no hay con qué encenderla? Y finalmente, Simeone trató de asegurar el punto metiendo a Giménez y jugando con tres centrales. Igual Conte, con sus dos últimos cambios: Batshuayi y Christensen, por Morata y Cesc, firmaba de facto las tablas.

Todos estaban esperando abrazarse y celebrar un punto dulce y duro, cuando una jugada inverosímil en el tiempo de descuento dejó a los tres centrales del Atlético fuera de sitio tratando de atajar a Marcos Alonso, que culminaba un gran partido metiendo un pase a pierna cambiada para que Batshuayi empujase a gol la sentencia de los colchoneros.

Ni siquiera hubo saque de centro. Hubo nubes negras sobre el estreno de la Champions, un futuro incierto y la constatación de una ley implacable con el Atlético de Madrid: si lo merece, no va a salvarse de la derrota.

 

Foto: clubatleticodemadrid.com

 

 

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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3 Comentarios

  1. No se puede decir ni contar mejor lo que sucedio anoche en el Metropolitano, solo decir que hubo 2 jugadores desde mi punto de vista a los que hay que exigirles más, Grizman y Carrasco.
    Aupa Atleti estaremos en cuartos.

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  2. otro apunte, alguien entiende esa pertinaz obsesion del cholo en que jueguen vieto y gaitan, uno ya no sabe que pensar…

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