Lo irreconocible (2-0)

Anoeta era otra de esas plazas difíciles, por la dificultad per se, y por la entidad de un rival que está crecido, jugando bien al fútbol, en una buena posición en la tabla. Una buena piedra de toque para un Atlético que poco a poco va enseñando sus grietas. Un Atlético que se sostuvo a duras penas en la primera mitad y que desapareció por completo en la segunda, momento en el cual los donostiarras desataron su paciencia y ajusticiaron a un rival que pone en valor todo lo bueno que están haciendo en la temporada. Los de Simeone salieron derrotados y lo que es peor aún, dando una imagen irreconocible de sí mismos.

El partido comenzó con un ritmo alto impuesto por la posesión de la Real, que buscó la portería de Oblak desde el dominio del juego. El Atlético de Madrid interpretó su rol de aguantar aquel chaparrón y solo pasados veinte minutos puedo contragolpear para mostrar a todos que seguía allí. Con todo, la Real no supo crear ocasiones claras, hubo ritmo, control del balón, internadas constantes de Oyarzábal y también de Yuri, que fue un portento físico durante todo el encuentro. Pasado el ecuador, el Atlético se desperezó agarrado a la velocidad de Gameiro y Carrasco y el francés pudo haber desequilibrado el marcador, y quien sabe si el encuentro, y las crónicas, si una internada suya por la izquierda, en la que picó el balón ante la salida de Rulli no hubiera terminado estrellándose en el palo.

En el segundo tiempo, nada más empezar, Gabi, precisamente Gabi, cometió un penalti absurdo y dio a la Real Sociedad la espoleta que necesitaba para afirmar sus intenciones. Definió Vela la pena máxima ante un Oblak de palo y el gol marcó el destino de lo que quedaría de partido. Desde ese momento, el Atlético desapareció del campo. Tal vez se viera una de las peores versiones del equipo de Simeone, no supo atacar, perdió el orden en el medio campo y la Real campó a sus anchas. En más de media hora no supo hilvanar jugada alguna, reinó el caos y ni los más viejos del lugar recordaban un Atlético tan fácilmente abordable. En esas llegó un segundo penalti, un segundo gol y de nuevo más inoperancia para combatirlo. Entraron Torres, Correa y Thomas, que estuvieron tan sombríos como la noche, sin ayudar ni aportar alternativa alguna. Con un Griezmann desaparecido, que apenas chutó una vez desde la frontal, el Atlético no tuvo a qué aferrarse y apenas consiguió acercarse a los dominios de Rulli. Dolorosa derrota para los colchoneros, no tan solo por lo que supone en la clasificación, sino por la imagen de impotencia mostrada en la segunda mitad. Una transmutación irreconocible que Simeone debe estar presto a corregir.

 

Foto: clubatleticodemadrid.com

 

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Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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