La angustia del ¿adiós?

Era una final sobre el papel pero lo cierto es que nadie, excepto tal vez el Cholo, la tomó demasiado en serio. A pesar de lo sucedido en Azerbaijan, seguía primando la solución teórica, la que decía que el Atleti debería pasar por encima de un rival menor, de un advenedizo en la competición, era la primera posta para escalar la inmensa montaña en que se había convertido la Champions para los de Simeone y todo el mundo la daba por superada antes de haberla jugado. Era el condicional necesario. Pero resultó ser otra cosa.

El Qarabag interpretó a la perfección el partido desde el minuto uno. Trataba de mantener el balón en su línea defensiva, con toque y toque, sin querer avanzar, esperando que el Atlético llegase, a que su angustia lo fuese atenazando. El equipo local fue un desastre que empezó a construirse con la asincronía en la presión. El nuevo estadio es esa casa de estreno en la que todavía no están las distancias cogidas, despertarse en la noche es ir dando topetazos por el pasillo, saber que vas a recibir algún golpe. Y así van el Atleti por su nuevo hogar, como un sonámbulo en la oscuridad, el dibujo descompuesto, las líneas asombrosamente separadas. El equipo azerí supo jugar sus bazas, encontró la pausa, y la motivación en las grietas del rival, desorientado, cada vez más desquiciado, ahogado en su propia angustia. Con todo, la diferencia entre ambos conjuntos era tan grande, que el Atlético tenía arrancadas para el gol, arrancadas para cambiar el signo del partido, pero todas sucumbían en la inoperancia de Gameiro, un delantero definitivamente enfrentado con la portería. Un oxímoron macabro.

Al borde del descanso, a la salida de un córner, para terminar de desdibujar a un Atlético desconocido, Míchel, el español del Qarabag, batió a Oblak con un cabezazo sublime a la escuadra que dejaba un silencio tenso en el Metropolitano. Otro gol a balón parado que hace siempre echar la vista atrás. El guion había saltado por los aires. La Champions, esa novia malencarada, estaba empezando a decir adiós.

Simeone debió operar un buen discurso en el descanso porque tras él, su equipo fue uno bien distinto. Con Gabi agarrando la bandera de la raza, el Atlético puso de manifiesto cuánto tiempo había llegado a perder en esta competición y no dio tregua ni al rival ni al juego. Arrinconó al Qarabag y lo intentó con toda su alma, tratando de superar dos grandes limitaciones: la de su estrella menguante, un Griezmann escondido al que todo el mundo necesita en momentos como éste pero que no estuvo y la del delantero romo, Gameiro, que volvió a fallar ocasiones inconcebibles, en una le cayó el rechace sólo para empujar y la mandó fuera. Ésa fue la definición de su partido. A base de pundonor y con el empuje ejemplar de un capitán que dio una lección a todos los que le daban por retirado, el Atleti fue acorralando poco a poco a los azerís contra su portero, Sehic, que se convirtió de nuevo en la estrella.

Thomas empató el partido con un golazo soberbio que abrió un foco para la esperanza en el Metropolitano. La grada abandonó el murmullo y se entregó a un equipo al que le iba la vida en el gol. Simeone lo intentó con Gaitán y Torres, pero ninguno de los dos aportó nada al juego. Godín de delantero centro, la heroica. Las ocasiones se desgranaban, Correa, Filipe, de nuevo Filipe, Godín, el mismo Gabi. Al final siempre el desacierto o el imponente portero del Qarabag, que ha completado contra el Atlético dos partidos que guardará en su recuerdo. Los azeríes se quedaron con uno menos con media hora por delante, pero todo daba igual, el desacierto del Atlético no tenía cura. Gaitán, en el último suspiro, tuvo la victoria, pero Sehic volvió a hundirlo en su propia insignifancia.

Llegó el final y vino la tristeza. El Atleti se va virtualmente de una competición con la que ha tenido una relación de amor y odio en los últimos años. Se va sin ganarle ninguno de los dos partidos a un equipo manifiestamente inferior, y eso hace inane hablar de merecimientos, que, como diría Simeone, no existen en el fútbol. El Qarabag fue el Timisoara de los nuevos tiempos. Ojalá las nuevas generaciones interpreten tan bien la derrota como lo hicieron las antiguas.

 

Foto: clubatleticodemadrid.com

 

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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1 Comentario

  1. Bueno, no digo quien es el responsable principal de esta debacle, porque él mismo lo ha dicho.
    NO se puede solucionar la victoria de un partido tan importante, con la charla del descanso. Ha habido tiempo suficiente, para mentalizar al equipo, con el objetivo inexcusable de ganar. Un entrenador que cobra como los mejores del mundo, que han ganado champions, no puede vender cada día que confía en la plantilla, y que el atlético es un equipo en crecimiento.
    Tampoco entenderé nunca, como el entrenador del equipo, no le ha dado a Torres, la posibilidad de fallar tantas ocasiones de gol como a Vieto y Gameiro; a lo mejor las fallaría, o, metería alguna que nos diese algún punto más en la liga y en la champions.
    Sé que el Cholo ha dado mucho y bueno al atlético, todos lo hemos dicho cuando el edquipo fue de meos a más. Pero ahora que el equipo hace el ridículob más espantoso, hemos de entender que el entrenador, tiene mucha culpa.
    Dicen que el Cholo cobra como los mejores entrenadores del mundo, pero,,, no ha ganado títulos con nuerstro equipo, que no hayan hecho otros técnicos,. Ligas, copas del rey, eeurocopas todo menos la champions, llllllllllo han ganado con el atlético, Marcel Domíngo, Luis Aragonés, Quique Sánchez Flores, o Radomir Antic.
    Por consiguiente el Cholo de momento, no supera a todos los entrenadores que ha tenido el atlético de Madrid, nada más que en su salario.
    Claro que esta situación, da pie a los ocupas, para hacer caja si la temporada no es buena, argumentando que los ingresos no alcanzan para mantener esta plantilla tan ¿buena?
    Y lo de Grisman, es espantoso, cobra el doble del año pasado,y demuestra que está en el equipo de paso, como si estuviese haciéndole un favor.
    Qiero terminar diciendo con mucho dolor, y tristeza, que un equipo que no consigue ganar al Qarabag, no merece estar en octavos de la champions.
    O jalá se queden los canteranos como Koke, Saúl, Lucas, Gabi o Torres, y alguno que ppueda sentir como suya la camiseta del atlético como Godín, Filipe, Oblak, Juan Fran,, Tomas, y alguno que se me pueda olvidar. Todo lo demás sobra, sin meter en el paquete de los mencionados como desterrados a Costa y Vitolo, que vendrán en enero, a saber que.

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