Griezmann pone luz a la noche de Brujas

El partido apuntaba a trámite, David contra Goliat, un gigante, el Atleti, que se hace más y más poderoso en Europa contra un rival, el Brujas, cuya presencia en el continente es cada vez más testimonial. Sin embargo el fútbol posee ese mecanismo mágico capaz de transformar la realidad, cambiar los espacios e incluso el tiempo. El conjunto belga salió al Metropolitano como si fuese el noventa y dos y los años no hubieran pasado. Construyó un espejismo que alentó el sueño de su hinchada, que invadió el estadio madrileño en un número ingente, el mayor desplazamiento que ha llegado hasta la corta vida del coliseo colchonero, que con aquel resonar de cánticos por muchos momentos pareció también el Calderón.

Plantado con una defensa de cinco, sabedor de cómo se le atragantan al Atleti los partidos sin espacios, el Brujas de Leko salió al campo con las ideas muy claras sobre lo que tenía que hacer: concentración máxima, reducción del lugar para el juego, alta intensidad, cero concesión. El Atleti comenzó mandón, con Thomas de nuevo en el eje y Saúl jugando casi de extremo por la izquierda, pero el partido fue uno de esos que tan poco le gustan  a los de casa; el rival esperándolo mientras añade cerrojos a las puertas, achicando metros, dejando todo a merced de la creatividad de un equipo que no encuentra el pulso del dominio estático, del ataque en el que no se trata de correr al galope sino de alentar la paciencia, de horadar la muralla rival sin tropel, con inteligencia, con la precisión del orfebre. Aguantó así el Brujas, desplegándose cuando podía, tratando de decir estoy aquí, soy el del noventa y dos aunque parezca que los tiempos han cambiado. Pero en el 27 el espejismo pareció resquebrajarse, Griezmann pisó la pelota escorado en el área pequeña y encontró el gol entre las piernas del defensa y la sombra de Letica, el portero del Brujas.

Parecía todo lo que necesitaba el Atlético, haber atravesado el umbral del primer gol que tanto lo asfixia; el gol, la grieta a la que agarrarse para devolver al equipo al mundo actual, pero los de Simeone no estuvieron tampoco cómodos con el resultado de cara, el partido siguió igual, repleto de incomodidades, con Costa protestando aquí y allí, un compañero, un rival, y en esas vino un zapatazo a la escuadra de Groeneveld desde fuera del área, un golazo que llevaba de nuevo todo a a esa ensoñación terrible para los locales, el noventa y dos y el recuerdo negro del Calderón.

Lemar, muy activo durante toda la noche. Foto: RUBÉN DE LA FUENTE

Lemar, muy activo durante toda la noche. Foto: RUBÉN DE LA FUENTE

En la segunda mitad entró Filipe por un lesionado Giménez y el Atleti fue a por el partido con todo. Dominaba todo el flanco de ataque y empezó a emerger la figura de un futbolista total, Antoine Griezmann, que convertía en peligro todo lo que pasaba a su alrededor. A falta de media hora para el final Letica le detuvo un disparo a pase de Koke pero sería en vano el esfuerzo porque Antoine estaba desatado; cinco minutos más tarde habilitó un pase al espacio para que Costa corriera, se internara en el área y en el recorte hacia dentro, cuando parecía que iba a fusilar al portero, cedió para la llegada desde atrás del francés, que acompañó la jugada para hacer el segundo y poner de nuevo en ventaja al Atleti.

El marcador ajustado añadía inquietud. Simeone había dado entrada a Correa en lugar de Thomas y en el gol, equilibró de nuevo el medio poniendo a Rodrigo por el de Lagarto, que se marchó lesionado en la jugada. Griezmann había ajustado su frac y dirigía la orquesta colchonera. Jugaba a su antojo; en el medio, caído a la banda, pausa, giro, arrancada, pase. Se convirtió en el amo y señor del encuentro. En el 83 estuvo la sentencia en una jugada por la izquierda en la que se marchó en velocidad y sirvió a Correa para que empujase el tercero pero el argentino la mandó al fondo por encima del larguero, tal vez en agradecimiento por el aliento que la hinchada regaló durante todo el partido. Se acercaba el final y Griezmann se dedicó a refugiar la pelota, tocaba y tocaba el Atleti tratando de defenderse con balón del último arreón desesperado del Brujas y en esas, en el alargue, Antoine ejecutó un cambio de ritmo prodigioso para llegar hasta la línea de fondo y dejar atrás una pelota que Koke puso en la red para dar por finalizada la noche.

Fue un partido competido, en el que hubo mucho fútbol del bueno y también mucho otro de ese que dicen que es feo, pero que puede ser bueno también. El Brujas quiso conjurar la noche y volver atrás en el tiempo pero toparon con la oposición de un equipo que ya no es el que era, un equipo que con Griezmann al frente, cuenta con la escasa capacidad de poder soñar sin límite. Dos victorias en dos jornadas de Champions que devuelven al Atleti la seguridad perdida.

 

Foto: RUBÉN DE LA FUENTE

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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