Derrota y retroceso (1-0)

El Atlético llegaba al Sánchez Pizjuán a enfrentar a uno de los rivales más gallitos de la categoría al que tenía curiosamente sometido con una racha de seis años y trece partidos sin caer derrotado. Bastó nombrar a la ley de Murphy para que los acontecimientos siguieran su curso y los de Simeone doblasen la rodilla por primera vez en la temporada en ese estadio que le había sido tan inusualmente propicio en los últimos tiempos.

Desde el principio se intuyó que sería un partido feo para el espectador, uno de esos partidos en los que el valor del juego está más en lo que no se ve. Sampaoli, que transmuta el perfil de este Sevilla cada tres días dependiendo de quién tiene enfrente, no sorprendió a nadie cuando trajo a su equipo a posiciones defensivas, con tres centrales, con la idea clara de refugiarse por encima de todas las cosas y después ya se verá. El Atlético, que volvió a salir con los cuatro de arriba dejando a Saúl en el banco, estuvo solvente en un primer tiempo en el que tuvo el control del partido. En un encuentro que se intuía de pocas ocasiones, el Atleti las tuvo en la primera mitad. Gameiro, que no se caracteriza por su eficacia, perdonó el primero en un disparo cruzado tras una buena jugada combinativa del Atlético y Correa mandó fuera la más clara en un tiro sin oposición que pudo suponer que los colchoeros se adelantaran en el marcador.

En la segunda mitad el Sevilla salió con otro aire, quiso ganar el partido. Metió intensidad de una manera inversamente proporcional al Atlético, que salió del vestuario alicaído. Las ocasiones fueron para los de Sampaoli, que pudieron marcar en un cabezazo de Vázquez, en un disparo de Nasri y que finalmente lo hicieron con una galopada majestuosa de N’Zonzi. Simeone movió el banco tratando de recuperar equilibrio con la entrada de Gaitán y Tiago, pero esta vez no resultaron las incorporaciones. Ni éstas ni la de Torres, que dispuso de 20 minutos en los que prácticamente no pudo entrar en juego. Para colmo de males, el árbitro expulsó a Koke por doble amarilla y a los rojiblancos sólo les quedó intentarlo a la desesperada en alguna jugada a balón parado.

Las derrotas nunca son oportunas, por mucho que de ellas puedan sacarse lecturas que sirvan para el futuro. Lo cierto es que el Atlético llegaba al Pizjuán como un líder que transmitía la sensación de infranqueable y salió de él quinto, mostrando una herida por la que se le ha podido hacer daño, escupiendo el agrio sabor de la derrota.

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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2 Comentarios

  1. Bueno, el atlético perdió, y, seguramente, de manera justa; pero cuando el Sevilla lucha y no puede con el atlético, el árbitro, se encarga de facilitar el triunfo. y, ¿saben porqué? Pues porque en un mismo partido, por jugadas similares, y, dependiendo de que equipo las cometa, el criterio, es diferente.
    A Koke, se le expulsa por doble tarjeta, y a Bitolo, no se le amonesta, por finjir un penalti. Yo nunca he creido en el colectivo arbitral, y pienso que es una figura que tendría que desaparecer del deporte mundial. Con sus decisiones premeditadas, alteran resultaqdos y campeonatos, a cambio claro, de suculentas cuantías económicas. Esto que por el momento es indemostrable, yo lo creo, ya que siempre favorecen a los de siempre, y perjudican a los que molestan.
    Dicho esto, creo que el atlético en Sevilla, fue peor que el rival, y perdió justamente.

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    • Suscribo totalmente, y añado a Mercado como ejemplo de lo que es medir diferente según que bando.

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