De repente, Lemar

El Atleti llegaba a Ipurúa para medirse a  sus propias sombras. Las ausencias de Costa y Griezmann, el auténtico poder ofensivo colchonero, obligaron a Simeone a reconstruir el equipo e incorporó sorpresas en el once y en las sustituciones que puso en liza en el transcurrir del partido. La delantera fue para Morata y Correa, Vitolo entró al once titular y Saúl volvió al lateral izquierdo para que el medio lo completaran Koke, por la derecha, y Thomas y Rodrigo en el doble pivote. La defensa recuperaba su pareja de lujo, el faraón y comandante uruguayos.

El Eibar salió enchufado al partido hasta el punto que en el segundo veinte ya había medido la portería de Oblak. Cardona a la media vuelta desde el interior del área disparó desviado cuando apenas se habían dado tres toques a la pelota en el partido. El Atleti se repuso del susto y tuvo minutos con fútbol de buen pie. Vitolo mostró la calidad que atesora y cuán importante podría llegar a ser si conquistase el don de la regularidad. Thomas, crecido en la confianza que le genera Rodrigo al lado, ofreció un recital de pases al espacio, hirientes, verticales, definitivos, como el que dejó a Correa mano a mano con Dimitrovic en el minuto ocho. El argentino tuvo demasiada soledad, demasiado tiempo para decidir lo que hacer y acabó estrellando la pelota sobre el cuerpo del serbio, que aguantó como un titán una jugada que definiría el partido de ambos: soberbio el del cancerbero, realizando paradas imposibles; desastroso el del delantero, incapaz de dar un pase a dos metros.

Tuvo otra Morata muy clara con un pase tocadito del ghanés, pero Álvarez estuvo listo para meter el pie en el último instante y desbaratar la ocasión que podría haber abierto el marcador. El Eibar se recompuso en el último tramo y trató de intimidar al Atleti con su fútbol norteño, directo, sin artificios, que provocó uno de los duelos de la tarde, el de Enrich con Giménez. Colosal el uruguayo anticipándose, cuerpeando, librando una batalla en cada pelotazo orientado de los de Mendilibar.

Buen partido de Vitolo, sobre todo en la primera mitad. Foto: atleticodemadrid.es
Buen partido de Vitolo, sobre todo en la primera mitad. Foto: atleticodemadrid.es

En la segunda mitad Atleti fue con todo a por el partido. Vitolo sirvió un pase a Morata que se internó en el área y cruzó en exceso su disparo con la zurda. Simeone sacó del partido a Correa, que tuvo una tarde horrible desde que erró el mano a mano, infinidad de pelotas perdidas de manera absurda. Entró Lemar en el cincuenta y cinco y cogió el testigo de Vitolo en lo que concierne a dar la pausa al partido en el medio, a la calidad que se esperaba para filtrar el pase que rompiera la adelantadísima defensa del Eibar. Combinó con Koke, también con Saúl, empezó a moverse por zona de peligro y a barruntar que su cambio podía decidir el partido. Poco después Filipe sustituyó a Vitolo y Saúl restituyó su posición en el medio, recomponiendo el Atleti su defensa estándar.

Pero los minutos avanzaban y el Atleti no llegaba al gol. A falta de veinte minutos Simeone encajó en el rifle la última bala: Kalinic por Arias, modificando la posición de Thomas para equilibrar la defensa de cuatro cuando tocaba defender. Dimitrovic emergió entonces como el hombre del partido. Sacó un disparo de Koke desde la frontal de manera inverosímil y, más increíble aún, voló para desviar un cabezazo perfecto de Godín que llevaba la intención de limpiar las telarañas de la cruceta eibarresa. Entonces, el Atleti se estancó en el partido, mostró su fragilidad para el gol en la ausencia de sus principales estrellas y cuando todo apuntaba al cero a cero, vino la jugada definitiva. Primero Kalinic y luego Morata, pelearon y ganaron por arriba la pelota en tres cuartos de campo y ésta cayó en los pies de Koke en el callejón del ocho, avanzó, miró y sirvió un pase por detrás de la defensa para que irrumpiese en el área desde atrás, de repente, Lemar, que fusió a Dimitrovic y al partido.

El partido no tuvo más que la polémica de un árbitro ‘tocón’ con Morata. Alverola Rojas, dio una colleja al delantero madrileño, que insistió al trencilla para que dejase de tocarlo hasta que éste encontró lo que tal vez buscase, que el 22 del Atleti se desquiciara y mostrarle la tarjeta amarilla. Entre Simeone y el delegado sacaron a Morata del campo una vez finalizado el partido, pues el pique entre los dos continuó. Habrá que tener cuidado con los ejercicios de escritura creativa de las actas y, entre tanto, el Atleti recuperó su versión unocerista y, de repente, a Lemar.

Fotos: atleticodemadrid.com

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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