Sobre la organización de la final de la Copa del Rey

Aunque, desde el pasado sábado han corrido ríos de tinta (virtuales) en redes sociales, no quisiera dejar pasar la oportunidad de mostrar mi indignación por la organización de la final de la Copa del Rey del pasado sábado disputada en el estadio de La Cartuja (Sevilla). Vamos con algunos detalles:

  • En relación con las entradas, en el caso del Club Atlético de Madrid, uno se constituye en asociación con sus allegados para poder presenciar la final junto con los mismos. Le asignan, efectivamente, entradas con números consecutivos en la misma fila (22 y 23 en mi caso); pues, resulta que en el estadio de La Cartuja, al menos en el sector que me correspondió (y me consta que ocurrió en otros), los asientos pares están a un lado del pasillo y los impares, en el otro. Conclusión: o te encuentras con la casualidad y/o buena disposición de alguien o te ves obligado a ver el partido separado de tus allegados.
  • Las personas que acudían al partido y que necesitan sillas de ruedas fueron ubicadas detrás de la grada baja; de hecho, mi localidad estaba en la grada media del fondo atlético y los tenía a pocos metros. Conclusión: cuando se levantaba la gente de delante para animar o ver una jugada, les impedían totalmente la visión. Es más, el Atlético de Madrid, si tuviese media decencia, debería devolver el dinero de la entrada a todos esos aficionados.
  • Con más de 25 grados de temperatura, en el descanso no quedaban botellas de agua en muchos de (o en todos) los bares del estadio.
  • Los cuartos de baño, en un estado lamentable: sucísimos, con advertencias de “agua no potable” (véase el punto anterior), sin jabón, sin papel higiénico y, en algunos casos, hasta atascados.
  • El parking y/o las salidas de La Cartuja son una ratonera para salir en coche: hubo gente “atrapada” esperando una hora y media para salir.
  • Las fan-zone estaban absolutamente saturadas. Se estimaron 16.000 personas en cada una, cuando se habían vendido 26.000 entradas por equipo y se sabía que otros varios miles de personas iban a ir a Sevilla sin entrada para el partido. Al menos, la fan-zone de la Real Sociedad fue cerrada a mediodía, hubo cargas policiales, aglomeraciones (esto último, también en la del Atlético) … Conclusión: los aficionados de la Real Sociedad que no pudieron entrar en su fan-zone se diseminaron por la zona de La Cartuja mezclándose con aficionados del Atlético de Madrid. El contacto y la experiencia que tuvo uno con los aficionados de la Real Sociedad fue exquisito, fue una gran experiencia que vuelve a probar que este es el partido más bonito del año; pero si se hacen fan-zone separadas es para tener a los aficionados de cada equipo “concentrados” en una zona para evitar posibles incidentes con energúmenos que siempre se amparan en las masas para cometer tropelías. Y más de un ejemplo ha habido en Sevilla durante el fin de semana.
  • Pese a todas las “amenazas” previas indicando que las entradas eran nominativas, personales, intransferibles, que se solicitaría DNI a la entrada… nada de nada. Se podía haber transferido la entrada a quien uno hubiese querido.
  • El acceso a La Cartuja fue lento y mal organizado… más de una hora, en muchos casos, a pleno sol. Multitud de vallas, caminos que acababan siendo angostos por la presencia a ambos lados de furgones policiales y policía montada a caballo (de hecho, yo, en un momento, de vi absolutamente encajonada en un pasillo de dos personas de ancho, entre un furgón blindado y un caballo). ¿Qué pintaba la policía montada a caballo entre una ingente multitud con el riesgo que esto conlleva? En mi caso personal, necesitaba entrar por el sector F y, estando en el G, el acceso fue bloqueado por un hilera de policías a caballo moviéndose continuamente arriba y abajo y sin dejar moverse libremente a los aficionados a sus puertas de entrada. ¿La explicación? No he conseguido saber una convincente o mínimamente razonable.
  • En relación con el punto anterior, mi experiencia dice que la actuación de la policía en La Cartuja debe ser “marca de la casa”: el asado 5 de febrero de 2026, en el encuentro de cuartos de final de la Copa del Rey disputado entre Betis y Atlético de Madrid, también en el estadio de La Cartuja, es (casi) la primera vez que uno pasa auténtico miedo en un campo de fútbol en 40 años que lleva asistiendo a encuentros de forma asidua. Unos 500 aficionados del Atlético de Madrid tratando de entrar por una única puerta habilitada, solo dos accesos en esa puerta con sus dos vigilantes de seguridad, cacheos y revisión exhaustiva de bufandas y demás objetos… El resultado: la gente se impacienta, protesta y empuja, pero tampoco de manera excesiva. La reacción de la policía: cargar con caballos provocando, ellos mismo, avalanchas. Uno, de hecho, visto el panorama, se fue al final de la multitud, entró (casi) el último y con el partido casi empezado.
  • La única forma de acceder al estadio era mostrando el QR de la entrada en el móvil. Conclusión: dados los problemas de conectividad que presentan ese tipo de multitudes y situaciones, hubo mucha gente que, al llegar a enseñar el código, no podía abrir la aplicación de la RFEF.
  • El estadio de La Cartuja está situado en un erial, en una zona absolutamente aislada de Sevilla. Para llegar andando desde la zona céntrica más cercana de la ciudad se necesitan unos 45 minutos. Se dijo que el tráfico privado se prohibiría a partir de las 14 horas “por seguridad” pero que se reforzarían las líneas de autobuses que llegan a la zona. Pues bien, a mí el autobús me dejó a más de media hora del estadio “por indicaciones de la policía y por motivos de seguridad” cuando, en condiciones normales, tiene una parada a menos de 15 minutos. Imaginen esto, en lo que es (o debería ser) la gran fiesta de las familias del fútbol español, con cerca de 30 grados con niños pequeños, ancianos, gente con silla de ruedas, incluso con andadores, tal y como se podido ver en redes… Y además, con accesos sin asfaltar y con terrenos tremendamente irregulares.
  • Por no hablar de la salida del estadio: otro vez masas a pie, sin ningún tipo de indicación (corre la anécdota de que un aficionado preguntó a un policía cómo llegar al centro de la ciudad y éste le respondió: “Ah, no se… yo soy de La Coruña, a mí me trajeron ayer en coche”), con el puente del Alamillo absolutamente saturado, casi sin poder andar, con el riesgo que esto conlleva…
  • Quiera Dios que nunca pase una emergencia en La Cartuja, porque …

Los puntos anteriormente citados algunos serán culpa del Ayuntamiento de Sevilla, otros, de la policía, otros, de la Real Federación Española de Fútbol, otros del Atlético de Madrid y, en algunos cosas, con responsabilidades compartidas. Lo que está claro es que alguien, primero, debería asumir responsabilidades y segundo, explicar porqué las finales de Copa del Rey se disputan (con un contrato de varios años) en un estadio que, obviamente, no está preparado para ello. Y, teniendo en cuenta todo lo anterior, mejor no hablemos del precio de las entradas.

Nota 1 del Autor: El orden de los puntos citados no se corresponde, en ningún caso, con la importancia del hecho que, en todo caso, sería muy subjetiva y personal; tan solo con el que a uno le han ido viniendo a la cabeza.

Nota 2 del Autor: La gran mayoría de estos hechos han sido vividos por el autor en primera persona; los demás, cotejados por varios medios.

Autor: Vicente Soto

Nacido en Madrid, Criado en Ferrol y Cedeira. Ingeniero dedicado a las finanzas. Apasionado del fútbol. Atlético "a muerte". Socio nº 6711

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8 Comentarios

  1. Todo en esta final ha resultado desastroso. Yo no he acudido a Sevilla en esta ocasión. Estuve en el mismo escenario hace un millón de años, todavía siglo XIX, cuando el Valencia del Piojo, Mendieta, Ranieri y compañía nos atizó un sonrojante 3-0 en otro día de mucho calor, con otra calamitosa desorganización de evento de multitudes en el que los aficionados fuimos acarreados al estadio como sardinas enlatadas, porque el número de autobuses municipales que se dispuso para trasladarnos del centro al erial de La Cartuja, fue ridículamente pequeño.
    La Cartuja, otro ataúd de millones de nuestros impuestos, un estadio innecesario, otra disparatado proyecto público sin más sentido que el desorejado trasiego de comisiones y de facturas hinchadas para el enriquecimiento de la habitual castuza. Algo similar a ese «centro acuático», el armatoste de hormigón y cristales abandonado junto al Metropolitano, que no se sabe cómo serán capaces de tapar o de darle algún uso.

    No recuerdo que en aquella ocasión el precio de las entradas fuera especialmente caro, solo que fueron adquiridas a través de la peña a la que pertenecía. Y aunque no me he molestado en averiguar cuánto costaban este año, no me cabe duda de que habrán tenido un precio disparatado. España, uno de los países más empobrecidos de Europa, y en el que pagan las entradas más caras por el fútbol. Solo hay que tener presente que los organizadores son los impresentables perpetradores o continuadores de esa infamia que es la supercopita catarí, con la que ya definitivamente y sin disimulo alguno se oficializó, se institucionalizó y normalizó la adulteración de la competición para que los 2 gordos participen siempre por decreto, porque la ausencia de alguno de ellos supondría el incumplimiento del contrato y la pérdida de un montón de pasta.

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  2. La seguridad de las personas es lo fundamental, más allá de infraestructuras deficientes.
    ¿Alguien puede explicar por qué determinados individuos acudieron al Estadio de la Cartuja provistos de barras metálicas, puños de hierro, sprays, navajas y pasamontañas?
    Esto no es una excepción, es la norma. Siempre ocurre, la Policía sabe quienes son, el Club también y muchos aficionados piensan incluso, en un alarde de desvarío mental, que son necesarios.
    La intervención de la Policía impidió por enésima vez que esos desgraciados se salieran con la suya. Sin embargo, todos sabemos que solo fue un punto y seguido. En el próximo partido llevarán la misma parafernalia violenta y quien sabe si la Policía llegará a tiempo esta vez.
    Que cada cual valore sus prioridades y sus exigencias.

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  3. La fina epidermis unidireccional para escocerse siempre con lo que viene de dentro y obviar lo escandalosamente urticante que viene de fuera, es un desequilibrio nacido del sectarismo patológico. La incautación de objetos portados con el único propósito de dañar al prójimo, tuvo lugar entre los indeseables ultras de ambos equipos, pero solo se señala, como siempre, a los de un lado.
    Ayer mismo, ultras realistas persiguieron en la carretera, intimidaron e intentaron hacer estrellarse, o sea, matar, a los ocupantes de una caravana que llevaba la bandera española y el escudo del Atleti. Entre la hinchada ultra de la Real, como entre la del Bilbao, y no solo entre la ultra, ha estado siempre cobijada, amparada, protegida y jaleada la escoria etarra, esa siniestra organización terrorista de izquierdas dedicada al asesinato,la tortura,la mutilación,la coacción,el secuestro,el chantaje,el robo y el vandalismo, que no solo asesinó a cerca de 900 personas, sino que obligó a emigrar, o a huir para ser más exactos, a cerca de 200.000 de sus propios vecinos vascos que no pudieron soportar más violencia, opresión, intimidación y lavado de cerebro. Organización criminal que es socia de la mafia que nos gobierna, para pasmo de cualquiera que conserve un ápice de juicio.
    Y esa ralea indecente, solazada por décadas en la más gratuita y abyecta violencia, tiene la desfachatez de seguir instrumentalizando el lamentable asesinato de aquel chico de la Real, para restregarlo con su habitual despliegue de propaganda de guerra amplificada, en la cara de todos los a
    tléticos, intentando que nos sintamos culpables por algo que no tiene absolutamente nada que ver con nosotros, y que nos olvidemos de sus fechorías y sus siniestras simpatías. El culpable de aquel vil asesinato fue el miserable tipejo que lo perpetró, junto con sus compinches. Y el juez, hombre o mujer, de vigilancia penitenciaria que le concedió su permiso, cuando todos sabemos que lo primero que hacen estos gentuzos en cuanto se ven libres, es reincidir. Y los terceros culpables, los subnormales de lo políticos que aprobaron y mantienen estas demenciales políticas «progresistas» que solo causan perjuicio y agravio a los inocentes y premia a los indeseables.
    Y por si no fuera bastante asqueroso el espectáculo de pretender ocultar con la pancarta de la víctima de un asesinato individual, aislado y penado, la apología, el blanqueamiento y la exaltación indisimulada del sangriento terrorismo profesional de su delirante lucha contra un estado opresor inexistente, tenemos que aguantar que esa misma gentuza nos insulte en cada final de Copa a la que llegan, abucheando el himno nacional, que es un mero símbolo de la nación, o sea abucheando y despreciando a 40 millones de compatriotas.
    Este comportamiento intolerable se hubiera zanjado a la primera ocasión por megafonía con una advertencia firme: no se tolerará ningún ultraje al himno nacional, se suspenderá el partido y se le dará por perdido al equipo de esos seguidores. Y venga, todos a tomar viento , a reflexionar y a hacer propósito de enmienda, a ver si en la próxima ocasión, y después de pagar una multa considerable, te dan ganas de volver a hacer el imbécil. Porque hay que ser muy imbécil para querer disputar y ganar la Copa española mientras pretendes que no lo eres.

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    • Se te ha ido la pinza amigo, no mezcles política aquí. ¿Cómo que «Organización criminal que es socia de la mafia que nos gobierna»?

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      • Es un tarao que no puede contenerse y dejar de dar el coñazo por aquí con sus peroratas de orate cocainómano

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        • ¿os acordais de la peli del exorcista que decia «No le escuches, es el demonio»?

          Pues lo mismo pasa con este, no lo leais, debe ser de una secta satánica pederasta

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    • Anda salvapatrias de pacotilla vuelve a la cueva con Torrente.

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