Llegaba la primera parada brava en Liga de este mes de marzo que será apasionante e interminable. El Athletic, que acechaba también la lucha por el campeonato, un equipo que venía de una racha extraordinaria, sin perder desde octubre, cinco meses, que se dice pronto. Para añadir más salsa al asunto, el Madrid había caído derrotado en la previa frente al Betis con lo que al Atlético de Madrid se le brindaba la posibilidad de alcanzar el liderato provisional de la tabla, a expensas de que la Real Sociedad pueda puntuar en el campo del Fútbol Club Barcelona.
El partido estuvo enredado, espesos, a excepción de diez minutos en la primera parte donde todo pareció volverse loco y los equipos se partieron y obviaron el mediocampo y hubo cabalgadas a uno y otro lado que no consiguieron culminar ni Sorloth, titular para descanso de Julián, y que estuvo dominador en el área pero poco contundente, ni tampoco los Williams en el otro extremo. Así arrancó también la segunda mitad, hasta que en torno al sesenta Simeone dio entrada a la segunda línea, que a veces suele ser la primera. En esta ocasión entraron Llorente, Julián, Gallagher y Correa. El argentino quería refresco y avistar un partido nuevo, ganar. A los cinco minutos, Llorente metió una pelota al espacio a Julián que la corrió con un control orientado para plantarse delante e Unai Simón y batirlo con un toquecito sutil de zurda cruzado. Para eso vino Julián al Atlético de Madrid, para ser diferencial, para salir un día y resolver con una jugada un partido que estaba atascado y difícil de ganar. No necesitó más el Atleti. Ni menos. Julián es uno de esos jugadores que parecen hechos a la medida del Atlético de Madrid, luchador, humilde, pero no exento de calidad, con un aplomo y una definición que o se tiene o no se tiene. Y el Atleti hacía tiempo que no la tenía, todo el tiempo que estuvo alejado de los títulos. Pero ahora está la Araña, que puede hacer soñar con cualquier cosa.

Desde la genialidad del nueve argentino, el Athletic fue a por el empate, como era lógico, y Simeone mandó tocar rebato, como también dictaba el guion. Metió a Giménez y defensa de cinco para protegerse de los centros laterales que empezaban a abundar. Tuvieron el empate los de Valverde en tres tiros al travesaño. La suerte también tiene que estar de tu lado para poder llegar a un campeonato. Y el Atleti se zafó con un inconmesurable De Paul, multiplicado en el centro, con un Simeone en la banda al borde de la locura agitando los brazos como un director de orquesta que hubiera perdido el juicio exigiendo al público que jugase, que se dieran cuenta de que también ellos tenían que meter la pierna. Es maravilloso ver a Simeone en trance, y a la parroquia seguirlo enfervorecida, y el campo temblando desde sus cimientos para resistir, aguantar, conseguir tres puntos más, un liderato, provisional, y sobre todo, la sensación de que este equipo peleará por todo, y lo hará hasta el final.






3 marzo, 2025
¿Que con Julián Álvarez se puede soñar cualquier cosa?
Esperemos que el miércoles podamos seguir soñando con eliminar al ladrón caciquil supremo de la máxima competición europea. Quiera Dios que Julián con sus goles contribuya a poner al equipo en cuartos de final y a los otros rumiando su justo castigo por corruptos durante décadas.
Que no llegue la decepción, como por desgracia tantas otras veces. No basta con soñar. Mejor hacer realidad el sueño de la victoria. Que este año el Atlético levante la Orejona de una vez por todas, que se lo debe ya de hace tiempo a su sufridísima afición.