El Atleti se plantó en Anfield con un equipo en cuadro, con una barbaridad de titulares que no estaban disponibles. Esto es: Ruggeri, Hancko, Cardoso, Baena, Almada, Julián, Giménez. Todo el mundo andaba con el gesto torcido porque en frente estaba el campeón de la Premier, un equipo que se gastó 90 millones en un delantero y a las dos semanas 150 millones en otro que jugaba en su misma posición. A los cinco minutos, los de Simeone ya perdían dos a cero. El primero fue un rebote inverosímil en el lanzamiento de una falta en la frontal, uno de esos goles que solo pueden meterle al Atleti. El segundo, un adelanto de lo que iban a ser los siguientes minutos, Salah entrando en el área como en la casa de su madre y haciendo un gol con la pasividad de toda la defensa colchonera, que parecía estar asombrada o asustada por lo que le iba a venir encima.
En ese momento, con un Liverpool desatado, lanzando acometidas ininterrumpidas sobre Oblak, todo el mundo debió pensar cómo de grande iba a ser la avería que el Atleti traería de regreso a Madrid, porque lo que nadie pudo pensar, tal vez Simeone, que como saben tiene ese pensamiento lateral que lo hace ajeno a la realidad, lo que nadie pudo pensar, decía, es que el Atleti llegaría a recuperar ese partido, pero lo hizo. Resistió, con esfuerzo, suficiencia, espíritu y con un punto de suerte, por qué no decirlo. El caso es que conforme pasaban los minutos y el resultado escandaloso no llegaba, los de Simeone empezaron a tomar conciencia real de quiénes eran: el Atlético de Madrid y entonces, ya ni Anfield ni el Liverpool parecieron tan intimidantes, y así, agarrados al espíritu rojiblanco y colchonero, al borde del descanso, Marcos Llorente, destapó el tarro del aura y con una pelota tocadita de zurda en el interior del área que acortó distancias.

Esas cosas ocurren, son inexplicables, cómo un mediocentro puede hacer dos goles en un campo que le cambian la carrera y la vida y regresar cinco años después, y volver a hacer dos goles de nuevo. Estaba en el ambiente, tras el primer gol, se respiraba que el empate, si llegaba, vendría cosido en las botas de Llorente, y así fue, con una pelota que cayó descolgada a la frontal en el minuto ochenta, y que él enganchó con toda su alma y se alojó en la portería de Allison con la colaboración de uno de los defensas. Antes, el Liverpool había perdonado la sentencia en varias contras y el VAR había librado al Atleti de una nueva ignominia tras señalar el árbitro italiano un penalti que sólo existió en su mente. Faltaban diez minutos y tocaba resistir de nuevo.
Lo hizo el Atleti, como pudo, ante la maquina de atletas del Liverpool que empujaban y empujaban contra el fonde de The Klopp. Alli Szoboszlai, con un guante en su pierna, empezó a tirar córner medidos que el Atleti tenía dificultad en defender. Necesitaba salir de ese asedio, interrumpir el partido, hacer que el tiempo pasara, aprender de las desgracias del pasado, pero no hizo nada de eso el Atlético de Madrid, se quedó ahí, en el rincón, soportando golpes, pensando que ya faltarían pocos, que podría resistir hasta que llegase el gong, pero no llegó, lo que llegó fue el cabezazo de Virgil en el tiempo de descuento, un gol que ponía de nuevo en el foco a Le Normand por su pasividad para defender los remates rivales, y que quebraba por completo y de manera injusta el aura de Llorente en un escenario tan mágico como Anfield. Todavía hubo tiempo para un último suspiro, para que Llorente, cabalgando sobre su aura, metiese un centro a Sorloth que remató casi en área pequeña, sin oposición, pero lo hizo mansito a las manos del portero. Ahí terminó todo. Se fue el punto, se malogró el resultado, pero debe quedar, como base, para los viejos y para cuando los buenos estén disponibles, ese espíritu irredento que hace que las cosas que son inexplicables de repente sucedan.






18 septiembre, 2025
Lo realmente difícil de explicar será volver a ver a Llorente de lateral, si es que a nuestro señor entrenador le sigue dando por ahí.
Y sea cual sea el carácter de cada uno y a lo que sea que te dediques, es realmente difícil encajar que alguien te esté insultando y fastidiando durante hora y media sin parar, eso es cierto. Pero que a estas alturas, el señor entrenador monte el numerito de anoche, no es tolerable. El futbolista y entrenador profesional están en un estadio repleto de cafres, energúmenos, frustrados, impotentes y tarados, además de aficionados al fútbol, porque el Club que les paga los ha llevado hasta ahí. Están representando a ese Club y a sus millares de seguidores, no están a título personal ¿ No aguantas la tensión, no soportas que en un campo inglés, que tienes a las primeras filas echándote su aliento cervecero en la nuca, te berreen en la cara ? Pues no te dediques a esto. O bien, sé un macarra cantoniano y ten un par de huevos y vuélale la cabeza de serrín de una patada al subnormal que te lo ha pedido a gritos durante una hora, y asume tu expulsión de este circo durante años o por siempre, pero no hagas el ridículo haciéndote el ofendidito. ¿ Te jode que te metan un gol en el descuento porque tus jugadores no saben defender el córner y porque el que remata es muy bueno ? Pues no te puedes hacer idea de lo insignificante que es tu jodienda comparada con la nuestra, la de los aficionados. Tú estás ahí para dar ejemplo, para tener un comportamiento intachable en todo momento y lugar, especialmente en los difíciles, además de para no poner de laterales a los centrocampistas ofensivos y goleadores, así que si no sabes estar, aprende, o no estés.
13 octubre, 2025
«El futbolista y entrenador profesional están en un estadio repleto de cafres, energúmenos, frustrados, impotentes y tarados, además de aficionados al fútbol, »
Supongo que no es una autodescripción, ¿no?
«sé un macarra cantoniano y ten un par de huevos y vuélale la cabeza de serrín de una patada al subnormal que te lo ha pedido a gritos durante una hora,»
idem
«además de para no poner de laterales a los centrocampistas ofensivos y goleadores, »
vaya, después de todo, algo sensato. Pena que no haga caso.
18 septiembre, 2025
No le pidas peras al olmo.