Deberían dar la medalla al mérito deportivo a todos los aficionados que asistieron al Metropolitano a ver el partido contra el Celta tras el terrible golpe sufrido hacía apenas unos días en Londres. Es difícil levantarse después de un palo como ese, pero así es la vida, no espera a nadie, continúa con sus rutinas, alumbra el sol y hay que continuar. Tocaba la Liga, venía el Celta, que agotaba sus posibilidades de Champions, y se llevó los tres puntos, con un golazo de Borja Iglesias, ante el hastío de toda la parroquia rojiblanca, que acudieron allí presos de su enfermedad, a lamerse las heridas, a contarse las penas, a ver a los chavales que andan debutando en estas jornadas, entre los que destacó Cubo, el más joven, pero el más descarado. Terminó el partido y todo el mundo regresó a sus vidas, asumiendo que el Atleti no es sino una de las partes más importantes de ellas.

Foto: atletico de madrid





