Breve historia de los Hernández (2)

Quien estas líneas escribe es profundamente tradicional y conservador, en el buen sentido de la palabra; y, respetando todo tipo de opiniones y creencias, desde el punto de vista de la familia y, sobre todo, de los hijos y de su educación, piensa que lo mejor para estos es crecer en el seno de lo que ahora se ha dado por llamar ‘familia tradicional’: para que nos entendamos, aquellas con un padre y una madre.

Sirva esta introducción a lo que pudiera llamarse el segundo capitulo de esta historia sobre Lucas y Theo Hernández que se publicara en esta misma web hace apenas medio año; y es que, aunque parezca poco tiempo, en fútbol puede ser ‘un mundo’ y, de hecho, así lo parece en este caso: de la historia descrita en aquella primera entrega puede deducirse que los Hernández no han tenido una infancia fácil; no debe ser, en absoluto, sencillo, ser abandonados por un padre cuando se tienen (muy) pocos años de edad. Y, en el caso concreto de Lucas, ni siquiera ser felicitado (llamado) por su padre, Jean-Francois Hernández, después de proclamarse campeón del mundo con Francia el pasado verano.

Y, puede que esa no sea el motivo principal, pero uno no puede dejar de pensar que la ausencia de un referente paterno (y pese a que me consta su madre se ha desvivido por ellos, tratando de hacer de padre y de madre) ha podido influir, en la trayectoria que están empezando a tener estos dos chicos en lo deportivo, por un lado; y en ciertas actitudes y extravagancias en lo extradeportivo, por el otro.

Hagámonos una pregunta: ¿Cuál es el club (de primer nivel, entendámonos) que les acogió y les dio todo? El Atlético. Y Theo ya voló hace casi dos años. Y Lucas acaba de volar. Los resultados parecen estarse viendo: en el caso de Theo, fracaso absoluto en su primera temporada, cesión a la Real Sociedad en esta campaña, el Real Madrid confiando, a día de hoy, más en Reguilón que en Marcelo, ‘al acecho’ de Junior Firpo y de cualquier otro lateral se ponga ‘a tiro’. Salvo sorpresa mayúscula en forma de curso de madurez acelerado, ¿alguien cree Theo va a volver al Real Madrid con un papel relevante?

Y Lucas; aquel que, enfrentado a la marcha de su hermano, proclamo su amor absoluto y eterno al Atlético. Pero, hete aquí, que un renombrado diario deportivo de este país anunció, a bombo y platillo, un acuerdo del mayor de los Hernández para abandonar el Atlético este mismo invierno, vía pago de su cláusula de rescisión (80 millones Euros, por cierto), y con destino al Bayern de Múnich. Parece que la operación se frenó en ese momento; pero acaba de reactivarse ahora con la confirmación definitiva de su traspaso al Bayern: entre lesiones reales (¿y “borrados”?) apenas ha jugado Lucas cuatro partidos con el Atlético desde Navidad y el anuncio de su supuesto fichaje.

Ellos sabrán. Lo que quieren. Lo que buscan. Y donde van a obtenerlo. Mayorcitos son. Eso, en lo deportivo; en lo extradeportivo, coches estrafalarios, peleas de quinceañeros con novias (acabando en los juzgados); no sé, ellos sabrán.

Lucas celebra con la Supercopa de Europa. Foto: Rubén de la Fuente
Lucas celebra con la Supercopa de Europa. Foto: Rubén de la Fuente

Y aquí, cabría plantearse una reflexión sobre el (verdadero) papel de los representantes: cuando un jugador es tan joven (y con un entorno familiar complicado, en este caso) ¿no debería ser labor del representante velar un poco por el futuro a largo plazo de su representado, en lugar de tratar de sacar una comisión lo más alta y rápida posible? En torno a los tres millones de Euros debió llevarse el por el traspaso de Theo al Real Madrid y cerca de ocho se llevará por el de Lucas al Bayern. No diré que le vaya a resolver su vida y la de algunas generaciones de descendientes; porque seguro ya estaba, pero, pensando únicamente en el bien del jugador, ¿no hubiera sido mucho mejor en el caso de Theo (especialmente), desoír los ‘cantos de sirena’ que le llegaron de Concha Espina den el verano de 2017 y concluir su formación en un entorno más ‘familiar’ hasta que llegase, de verdad, el momento de volar, si es que había de llegar? Insisto, ¿no debería ser esto labor también de los representantes? La teoría (y la moral) es evidente; la práctica y el ritmo que impone este mundo del fútbol (la inmoralidad), también.

Autor: Vicente Soto

Nacido en Madrid, Criado en Ferrol. En Grenoble por trabajo. Ingeniero dedicado a las finanzas. Apasionado del fútbol. Atlético "a muerte". Socio nº 7646

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1 Comentario

  1. El caso de los hermanos Hernández tiene un nombre y muchos eufemismos. El nombre es codicia, pero lo podemos definir eufemísticamente como «querer prosperar» o «querer mejorar», como se hace en la sociedad actual y es aceptado por muchos.

    No se puede vincular el entorno familiar al comportamiento de los dos hermanos y menos extrapolarlo como algo general. Hay casos suficientes en el fútbol profesional, en uno y otro sentido, para atestiguarlo. Infancias difíciles tuvieron también Rivaldo, Ribery o Cuadrado y su comportamiento no es más extravagante que, por ejemplo, el de Courtois, que a pesar de contar con las figuras paterna y materna, no le ha impedido despacharse a gusto (a mal gusto) con el equipo que le acogió y le encumbró.

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