Reglas básicas

Existen dos reglas básicas para enfrentar a este Atlético de Madrid de Simeone. La primera, no concedas, porque no van a perdonar errores infantiles. La segunda viaja en la dirección contraria, a la menor oportunidad, aprovéchala, porque lo más seguro es que no vuelva a repetirse. El Sporting de Portugal llegó al Metropolitano e infringió las dos, con lo que se marchó de vuelta con un resultado adverso que le pone la eliminatoria casi imposible.

El Atleti en cambio parecía conocer muy bien las debilidades defensivas de su rival porque empezó el partido con una presión muy alta sobre su línea de zagueros. La recompensa fue demasiado pronta; Coates inauguraba su noche horrible dando un pase lateral a Diego Costa a dos metros de la frontal del área. Fue como sacudir bajo el agua un trozo de carne sanguinolento en el océano en el que campa a sus anchas el gran tiburón. El delantero del Atleti se internó en el área y sirvió a Koke que definió perfecto el gol más rápido en competición europea de la historia del conjunto colchonero, habían pasado sólo 22 segundos. Como cada vez que ocurre algo inesperado, el partido se volvió inestable y el Atleti trató de aprovechar el bloqueo mental del equipo portugués. Godín hizo lucirse a Rui Patricio en un cabezazo y apenas habían transcurrido un par de minutos, pero el partido se fue poco a poco asentando y ahí, el Sporting, con la posesión del balón, inauguró una etapa nueva en el mismo.

Los de Jorge Jesús empezaron a dominar el partido y generaban peligro por su banda derecha, con un Gelson Martins rapidísimo y omnipresente. Por él se canalizaba toda la presencia ofensiva del conjunto lisboeta que tuvo su gran ocasión en un contragolpe fulgurante en el que el delantero sportinguista se plantó frente a Oblak. En la definición, trató de acomodarse a su pierna buena, y eso fue demasiada ventaja para el mejor portero del mundo, que esperó a su derecha el disparo y sacó el mano a mano que barruntaba el empate. Muy poco después, la pareja de Coates, Mattieu, fallaba en un despeje en tres cuartos que interceptó Griezmann con ventaja para meterse hasta la cocina del área y batir de nuevo a Patricio de tiro cruzado. La pareja de centrales del Sporting ya era oficialmente una feria y el Atleti había castigado con saña su puerilidad.

El equipo celebra el primer tanto de Koke. Foto: clubatleticodemadrid.com

El equipo celebra el primer tanto de Koke. Foto: clubatleticodemadrid.com

En la segunda mitad, el buen Sporting que se vio durante la primera parte pareció haberse ido definitivamente del partido. Nada más arrancar, otro nuevo fallo de Mattieu dejó a Costa con todo el tiempo y el espacio frente a Rui Patricio. Tal vez no encuentre una ocasión más fácil ni jugando con los niños en el patio de su casa, tal vez no esté acostumbrado el de Lagarto a que la vida le haya servido las cosas tan en bandeja, pues al verse ahí, tan solo, con tanto tiempo, intentó un regate quedó en nada, dejando ir la mejor ocasión posible para haber liquidado la serie.

El garrafal error no amilanó a Diego Costa, que siguió percutiendo sobre los defensas rivales, que a esas alturas del partido hubieran dado la mitad de su carrera por poder salir del estadio. Costa los buscaba con ahínco y los hacía caer en el error una y otra vez. Pudo marcar en otra ocasión que de nuevo sacó Patricio cubriendo bien su palo y fue tal el desconcierto defensivo del Sporting que decidieron salir del atolladero a base de patadas. Piccini primero, Coentrao después, también Dost, embarullaron el partido con entradas feas y a destiempo, que pudieron costar la lesión de algún jugador rojiblanco. El Atleti buscaba el tercero que no llebaba, lo tuvo Juanfran en un tiro desde la derecha, lo tuvo Godín pero fue anulado por posición adelantada de Gameiro (que había salido sustituyendo a un desdibujado Correa), la tuvo Griezmann, pero el salvoconducto directo a las semifinales se resistía.

Con el partido acabado, desde la frontal, Brian Ruiz enganchó un disparo que podía haber cambiado el relato de la eliminatoria pero de nuevo emergió la figura inalterable de Oblak, que sacó abajo el zurdazo seco del costarricense con una parada auténtica, sin imposturas, típica de un portero tan determinante como él. Montero en el rechace, a placer, tiró el balón por arriba. Con eso acabó un encuentro extraño en el que el Atleti pudo haber sentenciado el pase a semifinales y que al final pudo complicarse en esa ocasión aislada a cuyo recate acudió Jan, el mejor portero del mundo. Quedarán noventa minutos en Lisboa, pero el Atleti da un paso grande hacia otra semifinal europea.

 

Fotos: RUBÉN DE LA FUENTE

 

Author: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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