Objetivo cumplido (1-0)

Hay partidos que son difíciles de describir por la intrascendencia de su juego y el que enfrentó a Betis y Atlético de Madrid en el Villamarín fue uno de esos. Los locales se jugaban la honra, apaciguar las convulsas aguas que descienden por la Avenida de la Palmera después de otra temporada decepcionante y los de Simeone buscaban un punto para que las matemáticas certificasen lo que ya era una realidad: ser de nuevo terceros y asegurar la plaza directa a la Champions League.

El partido fue una alternancia constante de dominio. Al comenzar, el Atlético salió serio y con determinación trataba de acercarse a la portería de Adán pero todos sus esfuerzos se desvanecían en su poca contundencia ofensiva. Con Griezmann descolgado a la media punta como principal generador de los ataques, lo que quedaba por delante era Gameiro, un dulce suave y apetitoso para las defensas en este momento. El Betis se refugió y puso las ocasiones claras. Tuvo la primera Joaquín en un contrataque a tres toques que lo dejó solo frente a Oblak pero la mandó al lateral de la red. En el veintitrés Dani Ceballos remató desde la frontal al palo y arrancó así su recital durante el partido. Es el sevillano uno de esos jugadores geniales, intermitentes, que cuando se conectan a su fútbol marcan el ritmo de los partidos. Desde aquel remate al palo, todo lo interesante del partido pasó a través de sus botas. Todavía tuvo Rubén Castro, que buscaba convertirse en el máximo goleador de la Historia del Betis, un par de ocasiones que malograr antes de que el colegiado mandara descanso.

La segunda parte siguió la misma tónica con un Betis que fue a más y acorraló a un Atlético que empezó a acusar el fuerte desgaste físico y emocional de la semifinal frente al Madrid. Así, el recital de Ceballos culminó cuando enganchó un bote pronto desde la frontal para batir a Oblak con un gran gol que parecía definir el partido. Emergió entonces la figura del esloveno, que salvó a su equipo con intervenciones prodigiosas, propias del nuevo  Simeone trató de buscar el empate dando entrada a Gaitán y Torres en sustitución de Filipe y de un nefasto Gameiro. Colocó el argentino un dibujo inusitado con una defensa de tres centrales, Savic al centro y Lucas y Giménez a los costados, pero duró poco el experimento, porque en un balón parado y con la ayuda flagrante de Álvarez Izquierdo, que no vio ni el fuera de juego del montenegrino ni la mano de Saúl, Savic empató el partido para el Atleti. Entonces, Simeone puso a Thomas en el lateral derecho y aquel partido intrascendente se vio abocado a morir.

El Atlético rescató un punto, aunque no lo necesitaba por la abultada y más que previsible derrota del Sevilla en el Bernabéu, y consiguió por quinto año consecutivo un objetivo que ya empieza a ser una rutina. En la próxima temporada, volverá a pelear por la Champions, esa vieja espina clavada.

 

Foto: clubatleticodemadrid.com

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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