Lemar y tres actos

El Atleti necesitaba recuperar el rumbo en la Liga, ganar de nuevo, y visitaba a uno de los rivales amables de la era Simeone. El Getafe, un equipo que sostiene una curiosa estadística: siete años ya sin hacerle un gol al Atlético de Madrid, pese a lo cual plantó cara durante un buen tramo del partido, colocando un espejo frente al equipo colchonero, un conjunto que crece en la Liga fiel a los principios que han llevado a la gloria al equipo de Simeone: todos juntos, seriedad defensiva, intensidad en cada lance. No le alcanzó para contrarrestar la tarde inspirada de Lemar, que con sus goles sirvió los puntos en un partido que tuvo tres tiempos en lugar de dos.

Primer acto

Simeone dispuso el equipo que más o menos todos esperan a medio plazo en el Atleti. Giménez y Lucas en el centro de la defensa dando descanso a Godín, Filipe al lateral y de medio campo hacia arriba, lo mejor. Rodrigo en el eje, Saúl junto a él, Koke y Lemar en las bandas y Griezmann y Costa arriba. El equipo se hizo con el control absoluto del balón, del juego y del campo rival. Salió resuelto a ganar el partido sin regalar la primera parte, como había sido habitual en los otros enfrentamientos ligueros. Posesiones largas que trataban de encontrar la ruptura en Griezmann que se movía entre líneas y en Lemar que trazaba diagonales desde la banda. En una pelota que peleó Diego Costa contra la incredulidad de la zaga azulona, el balón cayó a Lemar que enganchó un zapatazo de cuarenta metros que fue a estrellarse al travesaño de Soria. El rechace golpeó en la espalda del portero y el esférico terminó dentro. Gol y fin del primer acto.

El equipo regresa tras el primer gol de Lemar ante el Getafe. Foto: Rubén de la Fuente

El equipo regresa tras el primer gol de Lemar ante el Getafe. Foto: Rubén de la Fuente

Segundo acto
Tras el gol, el Atleti se empleó en desplazar el juego a su bloque bajo. Entregó la pelota al Getafe, como si no tuviese ya el menor interés en ella, como si las palabras del técnico en la previa, en las que aseguraba con convicción que prefería menos posesión a cambio de menos goles en contra fuesen un dogma que había que cumplir y el equipo se transmutó en otro, también reconocible, cuyo único objetivo consiste en guarecer el terreno de Oblak. Merced a esta estrategia, el Getafe evolucionó y pareció más de lo que realmente es. Con Ángel muy activo ejerció presión sobre la zona de zagueros del Atleti. No tuvo ocasiones porque el equipo de la ribera del Manzanares mostró su mejor versión defensiva, pero a un punto resultaba grosera la escena, la manera tan radical en la que el Atleti había entregado cualquier alternativa de juego ofensivo, como si ya no estuviese interesado en el partido, en el fútbol, cuando aún quedaba tanto por recorrer. Así llegó el descanso y tras el, el último y definitivo acto.

Tercer acto
En la segunda parte el Atleti corrigió la intención con la que se había ido al descanso y el partido se volvió más vistoso para el aficionado colchonero. Volvió a tomar posesión del juego, dio entrada a Thomas por Rodrigo y justo después, el Atleti realizó una jugada de veinte toques, que acabó con Lemar rematando dentro del área pequeña de Soria. Un golazo de juego combinativo que atisbó a todos lo que este equipo puede llegar a ser con el balón. Tocaron todos de derecha a izquierda, de Koke a Saúl, de Griezmann a Lemar, profundizó e hizo gol. El Atleti puede mostrar mil caras. Con Thomas en el medio, el equipo ganó consistencia y fluidez ofensiva y el Getafe empezó a desesperarse. En el sesenta y seis, Iván Alejo realizó una fea entrada sin balón a Saúl, que le costó la expulsión a él y al Getafe cualquier opción de volver a entrar en el partido. Desde entonces al final, el Atleti hizo un entrenamiento de recuperación, tocando y tocando, llegando y llegando, y solamente la pólvora mojada de Griezmann y Costa permitieron a los azulones marcharse con un resultado digno y no con una sonrojante goleada.

Tres puntos imprescindibles para arrancar un nuevo ciclo en la Liga, un homenaje póstumo al recientemente fallecido párroco del Atleti, el Padre Daniel, que a buen seguro no se perdió el partido del equipo de su corazón desde su nueva ubicación en el cielo.

 

FOTOS: RUBÉN DE LA FUENTE

 

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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