La monotonía del derbi (1-1)

Con frecuencia, en los derbis, lo que menos importa viene a ser el fútbol. Al fin y al cabo el partido son sólo dos horas y en un derbi, eso es demasiado poco tiempo para condensar todas las sensaciones que lo rodean. Los derbis se juegan antes, y también después, en ese lapso de tiempo en el que no limita un árbitro, y puede desbocarse la imaginación, con ella la pasión, la furia, la alegría, la tristeza, la desesperación. Es habitual que en un derbi ocurra como ayer, que las dos horas de partido resulten un tostón inaguantable que al final queda disimulado en toda la magnitud que encierra un encuentro de ese tipo.

Se jugaba el Madrid la Liga y el Atleti la honra, que como todos ustedes saben, para según quién es algo mucho más valioso. En otro tiempo, el Madrid, en su estadio, con su gente fría y numerosa, con su amplificación artificial de un ambiente que ya casi nadie puede saber si algún día de verdad existió, hubiera arrasado al Atleti. En otro tiempo, no muy lejano, el Madrid, que necesitaba imperiosamente ganar para no perder su independencia por el título, hubiera ganado sin despeinarse pero para desgracia madridista ese tiempo quedó atrás con la llegada de Simeone. El rival digno regresó y ahora es una maldita china metida suela en el zapato.

La primera parte fue un tanteo interminable en el que el Madrid quiso pero no pudo y el Atlético miraba el crono, pareciera a veces que los de Simeone necesitaran partidos más cortos, que no quisieran tanto tiempo para llegar a su propósito. Apenas una combinación en la frontal acabó con un tiro de Benzemá que despejó Oblak y Griezmann encaró una jugada que resolvió muy pronto antes de internarse en el área y que detuvo con dificultad Keylor. Tras el intermedio, el Madrid conectado a la urgencia de su necesidad salió eléctrico en el arranque y ahí emergió Oblak, probablemente el mejor portero del mundo. Atajó primero un cabezazo a Cristiano, después otro disparo de Benzemá que combinó bien con el portugués pero a la tercera, en un remate poco ortodoxo con el hombro de Pepe, de nuevo a balón parado, cayó. El balón salió medido al palo como si lo hubiera cabeceado Santillana en vez del hombro del portugués y el Atlético se encontró por detrás en un giro del guion que no estaba planeado. Corría el minuto cincuenta y uno.

Apenas ocho después, en un contragolpe bien tirado, Torres se vio cara a cara con Navas, pero su tradicional picadita fue insuficiente y el costarricense atajó el que pudo haber sido el gol del empate. A partir de ahí empezaron a moverse los banquillos y cambiarse las tornas. Simeone encontró justo lo que necesitaba el Atlético mientras que Zidane no encontró lo que su equipo necesitaba. La entrada de Isco en el Madrid y las de Thomas y Correa (por Saúl y Torres) cambiaron la tónica y el Atlético empezó a acercarse al gol hasta que en una jugada extraordinaria Correa supo coger la espalda a la línea de medios del Madrid para asistir a Griezmann que, esta vez, no perdonó y puso el empate en el marcador.

Griezmann bate a Navas por bajo. Foto: Fran Pérez

Griezmann bate a Navas por bajo. Foto: Fran Pérez

Faltaban apenas cinco minutos y la lógica dictaba que el Madrid tendría que ir a por el partido en lo que restaba porque estaba su Liga en juego pero Simeone llegó a la ciudad para invertir los valores establecidos y lo que ocurrió fue que los locales no lograron pisar el área en el tiempo que quedaba. El Atlético se hizo grande, olió la debilidad del rival y fue a por el partido con un gran Thomas en el medio. Le faltó precisión en el último pase, le faltó un poco de tiempo, más contundencia, pero dejó la sensación de que el Atlético, que hasta el gol había merecido perder, acabó el partido haciéndose acreedor de una victoria que en otro tiempo hubiera sido imposible.

Se acabó la monotonía del derbi y el Atlético regresa ahora a la Champions, su verdadero turrón de esta temporada. Mientras le siguen vendiendo jugadores y la prensa patria se dedica a analizar cómo encajarán los nuevos fichajes en la alineación del Real para la próxima temporada, Simeone y los suyos sólo miran al miércoles en el que el Leicester marcará el angustioso camino hacia su sueño.

 

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Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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