Gol de vida

Los desastres se cuecen lentamente durante minutos que parecen siglos para luego disolverse o agigantarse en un frugal instante. Toda la vida empeñado en tomar la decisión incorrecta en cada momento para acabar recibiendo un billete de lotería que resulta tener premio. En Riazor, el Atleti cocinó un partido horroroso, ni el primero ni (a lo que se ve) el último, un partido plano, como amistoso, cuando estaba en medio de una grieta que empezaba a llamarse crisis y todo acabó ahí, al final, con un nuevo zapatazo de Thomas que limpió las telarañas de la portería de un portero con nombre de refresco sudamericano. Un gol que sirve para aferrarse al resultado como palanca que ayude a salir a este equipo de la grieta.

El partido no dejó un motivo para la esperanza. Tal vez la solidez defensiva, que con una línea de cuatro formada por Juanfran, Savic, Godín y Lucas, tan solo sufrió a intervalos en la primera parte por el lateral derecho, donde el de Crevillente sufrió las acometidas de un activo Cartabia que trataba de desbordarlo continuamente. Por lo demás, el Atlético parecía una mala caricatura de sí mismo. Una negación frontal desde la línea de creación, donde únicamente la zurdita de Saúl se abría paso a veces en medio de un bosque de mediocridad. Al Dépor le bastó con multiplicar su intensidad y mantener el orden para maniatar a un Atlético donde Correa y Griezmann estuvieron completamente desaparecidos. Augusto, la novedad en el medio, cumplió en tareas de contención pero ahí perecía el partido.

En la segunda mitad se esperaba un acelerón del Atlético y lo hubo, aunque sólo duró un minuto, el justo para que Griezmann encarase a Pantalimón y terminase golpeando con su pierna derecha enseñando en una misma jugada todos los defectos que lo mantienen alejado de la mejor versión de sí mismo: lentitud, falta de contundencia, oscuridad.

Después, el Atleti volvió a desaparecer. Simeone lo intentó con los cambios pero de nuevo Gaitán, esta vez un poco más activo, no fue suficiente. Tampoco Gameiro, que entró con tiempo suficiente como para mostrar que parece un jinete a caballo cambiado.

Faltaban diez minutos para el final y el cero a cero parecía endémico, el Atlético necesitaba ganar y en ese momento Simeone mandó un aviso a navegantes. Realizó el tercer cambio para sentar a Griezmann, cuando todos hubieran esperado que el sustituido fuera Thomas, tal vez Augusto, pues Gabi volvía a sacar de sí la raza que caracterizó siempre a este equipo. Entró Giménez que en ocho minutos se dejó la vida, como en él es costumbre, Y en el descuento, el fútbol fue justo con Simeone y le regaló legitimidad a su mensaje. En un partido donde no mereció ganar le dio los tres puntos un zapatazo de Thomas que vino a recordar de repente dos máximas que Antoine digirió desde el banquillo. Nadie es más importante que todos juntos y, lo que tal vez sea más importante, el esfuerzo no se negocia. Sobre los lomos de esos dos pura sangre ha cabalgado el éxito del Atleti de Simeone y si alguien, a estas alturas de la película, piensa que el argentino va a renunciar a ellos demostrará no haber entendido nada.

 

Foto: clubatleticodemadrid.com

 

 

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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