Crónica de una victoria anunciada

Cuando García Márquez escribió Crónica de una Muerte Anunciada empezando por contar el final de la historia -el día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó…- estaba realizando un innovador ejercicio de creatividad literario. El colombiano mantuvo un relato apasionante sin que aparentemente a ninguno nos importase saber en qué iba a concluir aquello. Cuando Griezmann, recogiendo un rechace de un tiro de Saúl desde la frontal, batió a Roberto en el segundo cuarenta en La Rosaleda, todos allí sabían cómo iba a terminar el partido, lo único que faltaba era construir el relato.

Simeone, que puede llegar a ser muchas cosas en una, no fue García Márquez. No construyó un relato intrigante sino que hizo la reconstrucción de su propia historia. Con el marcador a favor desde tan temprano, ante un rival que cabalga a grandes pasos hacia la Segunda, el Atleti estuvo en el campo como si no estuviese allí. Cedió el balón al Málaga, que no supo muy bien qué hacer con él. Los de Jose González tiraban pelotazos a En-Nesyri, que se mostró combativo y lo intentaba todo el tiempo, pero al fondo del pasillo se encontraba siempre con Giménez, que lo mandaba de vuelta con una palmadita condescendiente en la espalda. Parecía un buen partido para que Vitolo, al que Simeone le había dado la titularidad, empezase a destaparse, un escenario propicio para que el Atleti se cambiase ese traje tan molesto para los extraños del unocerismo, pero tanto el canario como todo el equipo se fueron empequeñeciendo en ese embudo de la nada en el que el Atleti convierte a veces los partidos cuando ya los tiene a favor. Así fue todo hasta el descanso: un equipo impotente, uno suficiente, un escenario sin fútbol.

En la segunda mitad salió brioso el Málaga impulsado por Lacen que tomó el protagonismo de su equipo. Hubo un par de paradas de Oblak, especialmente una sacando un balón de Rosales a la escuadra en un libre directo. Aquella acción pareció despertar a Simeone, que en seguida sacó a Vitolo del campo para meter a Correa y devolver el partido al lugar en el que había estado toda la primera mitad, un inocuo pasar de los minutos. Nada podía pasar. Hubo cambios, tímidos intentos por parte de la medular del Atleti de combinar tres veces seguidas sin éxito, inoperantes intentos del Málaga por acercarse a los dominios de Oblak. Salió Thomas, que dio un poco de criterio al medio, salió Torres sustituyendo a un inadvertido Costa y lo hizo todo bien, saltó, jugó de espaldas, dio la pausa y el tempo que necesitaba el equipo y a punto estuvo de acabar con el partido conduciendo una contra fulgurante que acabó con una imprecisión de Correa.

El Atleti no quiso afear su obra, la crónica de aquella victoria anunciada había de concluir por el principio, con tres puntos que se ganaron en cuarenta segundos y con el estilo más molesto para todos los detractores de Simeone y su molesta presencia entre los grandes.

 

Foto: clubatleticodemadrid.com

 

Autor: José Luis Pineda

Colchonero. Finitista. Torrista. Nanaísta. Lector. Escribidor a ratos. Vivo en rojiblanco.

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