
Me da igual que una fulana salga en el Interviú diciendo que “el Uruguayo” le tiró los tejos (¿Y qué querías que hiciera, cielo, con ese cuerpo que te ha dado Dios? ¿Invitarte a una homilía de Rouco Varela y cogiditos de la mano?), o que un compañero de grada me asegure que al que abraza siempre en el Calderón cuando consigue uno de sus tantos es algo más que un simple amigo suyo. Por mí como si se pone como una puta moto cuando ve a una cebra pastar (tengo un amigo que dice que los documentales de tan singulares animales le ponen a cien, verídico, eh. El mundo es así, señores.)
Utilizo el término “Escándalo” como mi mote favorito para el Uruguayo, porque para mí es lo que es: un auténtico escándalo de jugador. Uno de los mejores y más completos futboleros que uno ha presenciado en un terreno de juego.
No es un simple rematador sin más, tipo Van Nistelrooy. ¡Qué va!. Tampoco es un especialista propio y exclusivo del área, como podría ser el rey de los churrigoles, Raúl para los amigos. Ni de coña. Es más, él cuando consigue un tanto con la oreja, con el culo o con los cordones, no se va orgulloso de su gesta a señalarse hacia un córner su nombre, reivindicando, en realidad, su continua y constante soberbia (vamos, chicos, todos juntos: Luis Aragonésssssss, Luis Aragonésssssss). Nuestro Uruguayo apenas lo celebra. Es lo que se dice por ahí: clase de gente, gente con clase.
Diego es mucho más, porque, aún habiendo sido bota de oro y tener el gol entre ceja y ceja, luego siempre te deja, además, un repertorio de gestos técnicos, de pases, de trabajo y de velocidad digno de lo que es: un jugador de fútbol completo donde los haya.
Con los goles que ya le hemos visto con el Atleti, sabemos fehacientemente que es un jugador que no se limita al simple remate sin más: siempre busca la colocación y el toque sutil. Hasta cuando golpea con suma violencia desde fuera del área (tipo chicharros como el que consiguió en Bilbao o en Santander, por poner dos ejemplos), lo hace al mismo tiempo con un toque de clase, de distinción, de maestría en el efecto que da al balón.
Por eso, tengo una imagen todavía de él que no he podido borrar de mi mente. Fue el tanto que consiguió frente al Valladolid, en ese maravilloso espectáculo que presenciamos. Porque, en dicho remate, renunció, quizás por primera vez desde que está en el Atleti, al menos, a lo que él suele hacer en dichas circunstancias (máxime cuando era una jugada relativamente fácil de anotar). Recuerdo perfectamente que golpeó el balón como hastiado, a romperlo sin ton ni son, con rabia como mal enfocado, mal asimilado. El balón entró en la red, seguramente, porque era una de las jugadas favoritas de la pizarra de Aguirre, o quizás, porque ni al mismísimo García Calvo (injustísimamente despedido por el Club y con un mínimo reconocimiento a lo mucho que nos dio, el marrón de segunda, nada menos, señores, mi respeto y mi reconocimiento hacia él), le estaba gustando nada lo que estaba presenciando. Qué sé yo.
Sin embargo, Forlán se quitó su disfraz de mediocre el pasado domingo, y volvió a deleitarnos con dos golazos superlativos: con remates llenos de clase, de colocación, con desmarques en velocidad, con toques sutiles, colocados, precisos como si de una partida de billar se tratase. Y yo me pregunto: ¿Sería que el día del Valladolid no acudió su amigo el uruguayo para que le abrazase en la grada, y no encontraba motivación para celebrar sus goles? ¿O acaso sería el desengaño que se llevó por “la piba” del Interviú que le hizo perder los nervios de aquella manera? (la próxima vez deja que te aconseje un auténtico especialista en calabazas como yo, Diego…si yo te contara …)
En fin, os dejo, que tengo que hacerme mi habitación y mi cama. Es curioso, pero tengo la impresión de que Aguirre se fue del Atleti con la suya perfectamente ordenada, hecha, y hasta con las sábanas y todo cambiadas y a estrenar. No nos queda otro remedio que dar por bueno el escándalo, si recuperamos a nuestro auténtico Escándalo. Escándalo Forlán.
Mi nombre es José Tomás Rodríguez Ballesteros. Nací a temprana edad, como Groucho Marx, tal que un 14-5-68, en Carabanchel, en donde sigo residiendo en la actualidad, y, salvo sorpresa mayúscula, donde viviré hasta que el de ahí arriba decida lo contrario.
Soy socio del Atleti nº 2041, y llevo escribiendo un porrón de años en foros de usenet y luego en mi propio blog (http://www.cronicasdeltomi.blogspot.com) de cualquier cosa relacionada con la palabra Atleti y similares.
De hecho, y cuando apenas existía esto de Internet, fui uno de los pioneros en hacer crónicas internauteras, que eran en aquella época muy agradecidas por todos los seguidores de fútbol que andaban desperdigados por el mundo entero.
Pero yo no soy periodista ni nada que se le parezca, conste en acta. Mis únicas apariciones en la prensa fue una vez que un tal Peregil me citó en un artículo sobre Internet hace un porrón de tiempo, en El País, calificándome como “un hincha fascista del Atleti”, debido a mi pertenencia al Frente Atlético (al menos, eso sí, reconocía que era uno de los internautas que más éxito tenía, algo es algo). Otra vez salí con la Policía quitándome una bengala que llevaba (apagada) en el previo de la Final de la Copa del Rey frente al Mallorca, o sea que … Es más, yo diría que mis crónicas y comentarios los utilizo como terapia personal más que otra cosa, así que no os las toméis demasiado en serio ni me hagáis demasiado caso, no sea que acabéis como yo … ;-)