
La leyenda de los objetivos cumplidos.
Otro de los latiguillos que sirven y han servido para justificar ciertas peripecias es eso de que “se han cumplido los objetivos”. Personajes como Pitarch o Javier Aguirre (entre otros) han sido renovados bajo esa cantinela haciendo campañas mediocres, dejando una imagen desastrosa o directamente fracasando estrepitosamente. Hablar de la negligencia de la labor de Pitarch es tan humillante que no creo que exista otro tema que despierte mayor unanimidad entre la afición colchonera. Pues bien, dicho personaje sigue en nómina porque ha cumplido los objetivos. ¿Qué objetivos? ¿Tienen alguna dignidad los objetivos marcados por nuestra cúpula? ¿Tiene sentido manejar el tercer presupuesto de la liga y marcar el objetivo en el cuarto puesto? ¿Tiene sentido marcar el “objetivo” de las competiciones del KO en “hacer un buen papel”? ¿Qué significa “hacer un buen papel” cuando cualquier papel se puede vender como bueno? ¿Se refieren a vender el “Abono Total” antes de saber los partidos que se van a jugar? ¿Quién debería poner los objetivos Cerezo o la afición? Durante años y años había una pancarta en el Calderón que rezaba “Este año si” recordando a los jugadores que lo que la afición quería era la liga. Ese era el objetivo. Todo el mundo era consciente de que lo normal estando los dos grandes bien, porque nadie es gilipollas, era no ganar la liga pero lo normal también era pelearla esperando el traspié. Lo normal era llegar a navidades pensando que si los de arriba perdían un par de partidos te colabas el primero. Ahora lo normal es llegar a navidades pensando que si los de inmediatamente arriba nuestro (porque los de arriba de verdad directamente juegan otra liga) pierden un par de partidos nos colamos los cuartos y seremos felices. Así es muy fácil cumplir los objetivos. Basta con ponerlos tan bajos como se necesite. Ahora el objetivo es lo que ayer era un mal menor. ¿Mañana que será?
La leyenda del Notable.
Desde el mismo día en el que vi la luz y conseguí darme cuenta de que Jesús Gil no era ese simpático ácrata antisistema que nadaba a contra corriente para beneficio de la familia atlética sino un avispado empresario mediocre a mitad de camino entre la Gran Corrupción institucional, en la que se mueven los presidentes galácticos, y un raterillo de tres al cuarto empecé a escuchar la leyenda de que existía un notable en torno al cual se estaba creando un potente grupo de oposición que estaba a punto de dar la campanada. Me temo que el tal notable vendrá el mismo día y a la vez que el fichaje de Rosiky. Ni está ni se le espera. Si existiese hubiese dado la cara en los miles de momentos que saturan la última década en los que hacía falta un rostro en el que creer. Si de verdad existiese todos lo que asiduamente se pasan por sitios como este lo conocerían… pero no se conoce a nadie. O lo que es peor, si se conoce me temo que no vale. Si el tal notable está esperando la ocasión propicia es mejor que desista porque la ocasión propicia ya apareció y él no estaba. Ya no me vale. Mientras a mí me dicen que “no merezco la pena como Atlético” (que no se me ocurre peor insulto) el tal notable está esperando la ocasión Dios sabe dónde. ¿Qué ocasión señor notable? Los notables que no se ven, no existen. Los notables que enarbolan la bandera cuando ya se ha ganado la guerra no son Notables, son aprovechados. Oportunistas. Listos.
La leyenda de que el Atleti siempre ha sido así.
Cada vez que la sección deportiva del Atlético de Madrid comete una jaimitada del tipo de tirar la Europa League o perder en casa contra el último aparece algún ilustrado, desde la prensa y/o desde la grada, que viene a recordarnos que la desgracia incomprensible es el santo y seña de este equipo, que siempre ha sido así, que somos el “pupas”. Haciendo gala de una cruel objetividad (que ya me gustaría ver a mí en otros temas) el susodicho nos recuerda que el Atleti sólo tenía un título europeo antes de la Europa League y que era muy raro verlo tradicionalmente disputando la liga antes y después del desembarco del Clan Gil & CIA. Bien, el tema tiene dos lecturas una fría en torno a los números y otra caliente en cuanto a los sentimientos. Lo de los números es sencillo, ahí están colgadas numerosas entradas que demuestran que la competitividad del Atleti, en todos los frentes, era mayor que durante la época Gil e infinitamente mayor que durante la era post-Gil. Yo me quedo sin embargo con el tema de las sensaciones que es más más atlético ya que lo que la gente como yo reclama no es la frialdad de los números sino el susceptible tema de la exigencia. De tener claras cuáles son las reglas del juego. Claro que el Atleti era eliminado contra el Groningen o la Politécnica de Timisoara pero cuando pasaba era una tragedia, se montaba la marimorena y había responsables. Esa es la diferencia. A Clemente se le echó de este equipo, por petición de una afición exigente, estando en lo alto de la clasificación, por la simple razón de jugar mal. No me lo han contado, lo vi yo. Ahora sin embargo se disfraza de normalidad lo que nunca ha sido normal. Ahora se pretende creer que no duele lo que no hace tanto dolía y mucho.
Madrileño, hijo y nieto de madrileños (colchoneros todos, como tiene que ser) entró en esto de escribir del Atleti por la puerta de atrás que supone el ciberespacio de internet, esa puerta que al menos consigue dar luz a un sorprendente mundo de colores donde pasan unas cosas pero se cuentan otras...
Deudor de aquel batallador espíritu rojiblanco que veía la vida desde una esquina del mundo distinta a la mayoría pero nunca exenta de orgullo, valentía y carácter, se siente por tanto en deuda por recuperar aquello que se ha olvidado pero que sigue sintiendo suyo.
Colabora con las webs Pobre Atleti e Infierno Rojiblanco y mantiene el blog “Y los sueños, sueños son”