
Una vez me dijo un profesor que las personas puestas en una situación concreta en mitad de un encrucijada con otra gente alrededor tienden a actuar siempre de la misma manera y que según esa particular forma de entender la sociología humana es fácil clasificar fácilmente a la gente por los tipos que aparecen a la hora de organizar, por ejemplo, una cena.
La figura más reconocible es la del organizador, la persona encargada de decidir, buscar, poner de acuerdo a la gente, llamar y concretar. A veces es uno a veces son varios pero incluso en este caso es un figura reconocible. El organizador puede serlo por poseer unas extraordinarias dotes naturales de mando, por tener algún interés personal en hacerlo, porque directa o indirectamente ha sido elegido por el resto de participantes para tal menester o simplemente (y ocurre mucho) porque a pesar de no tener ninguna gana de desempeñar esa función el paso atrás de los demás y la ilusión de cenar con todos le hace ocupar a regañadientes tan ingrata posición.
La segunda figura esencial es la del comensal a secas. Alguien que en general no mueve un dedo por organizar la cena y se adapta a lo que se esté cociendo. Dentro de esta categoría existen varios tipos muy diferentes que van desde el que no tiene un segundo de tiempo libre y por tanto delega en alguien de su confianza sin poner pegas al que directamente le le da igual la cena pero está metido en ella más por inercia que otra cosa, pasando por ese tipo de ser humano tan común hoy en día que es el que simplemente va donde va Vicente. Es la categoría más numerosa y heterogénea pero a pesar de las distintas motivaciones tienen en común el no dar problemas y en contra de lo que pudiera parecer tienen también una influencia esencial básicamente porque si no van, no hay Cena.
La clave sin embargo está en la tercera categoría, la del tocapelotas, la de los que no hacen nada, no ayudan y no aportan nunca algo positivo pero que se pasan la vida molestando, criticando, valorando y denostando la labor del organizador. Es esa persona que de forma intransigente impone una infinita lista de posibilidades por las que no está dispuesto a pasar pero a la vez es incapaz de decir de forma clara y concreta un sitio donde querer ir o el tipo de comida que quiere tomar. Por supuesto jamás tomará los mandos de la aventura (ese no es el problema) y generalmente nunca practicará su labor destructiva de forma directa y a la cara. Es al que todo lo parece mal y que de forma subrepticia (o no) se pasa la vida criticando desde la montaña al que se mancha los pies en el barro. Este tipo de personaje puede ser desde un pobre desgraciado que busca sin mala intención sus cinco minutos de gloria, un retorcido que básicamente no quiere ir a cenar, no se atreve a decirlo y que además no quiere que nadie cene sin él o lo que es peor, alguien que tiene algún tipo de interés personal en que La Cena no se celebre. Sin ser algo que sume es sin embargo la categoría clave para determinar el éxito de una cena. Si es capaz de permanecer aislado será superable y anecdótico. Si es capaz de influir a los comensales para confundirles, asustarles o desmotivarles, la Cena nunca se llevará a cabo.
Pongámonos en el caso colchonero. La Cena es evidente que se trata de acabar con la actual gestión colchonera, una cena a la que no conozco un sólo colchonero que no quiera asistir. He escuchado miles de versiones de como habría que hacer las cosas para que cambie el actual estatus pero no he escuchado una sola voz (salvo la de los protagonistas y algún mamporrero de la prensa mamporrera) que diga en voz alta que lo mejor para el Atleti es que siga como está. Es por tanto una Cena a la que todos estamos invitados... pero que nadie quiere liderar. Durante años y años se ha gritado desde las catacumbas por un ilustrado, notable, millonario, famoso, genio,... que pudiera ser bandera del movimiento pero ese señor no ha llegado. Se sigue reclamando pero dudo que alguna vez llegue y si llega estoy seguro que “tampoco” será del gusto de todos. De entre los muchos que estamos invitados a la cena por tanto nadie se ha erigido como capacitado para organizarla pero es que probablemente nadie de ellos lo esté o los que lo están no quieren hacerlo. Da igual porque el resultado es el mismo. A base de años y años de discutir sobre el sexo de los ángeles parece sin embargo que toda esa masa amorfa por fin acaba concentrándose sobre algo que no se sabe bien que es, que genera muchas dudas, que tiene fallos probablemente provocados por la falta de experiencia en estas lindes (y también por esa vomitiva labor destructora de los “notarios de la realidad”) pero que surge de la unión de fuerzas y por primera vez hace las veces de asidero y referencia. Sin embargo parece que esa solidificación de lo que antes era etereo provoca en algunos urticaria y un debate que antes no había. Cuando el sabio señala al sol el estúpido mira al dedo.
Lamentablemente me ha tocado estar estas dos semanas fuera de España y no he podido vivir in situ las manifestaciones (me duele especialmente haberme perdido el homenaje a Luis) pero siguiendo desde donde escribo esto la actualidad y leyendo ciertas cosas lo cierto es que dan ganas de llorar.
Señores invitados a la Cena tomen el mando si se ven con fuerzas, aporten restaurantes, propongan día, sugieran el menú, confirmen que van o simplemente esperen sentados a ver si el día, la hora y el menú elegido es de su agrado pero por favor eviten dar por saco. O digan claramente que no quieren asistir para saber de que lado están.
Definanse.
Insisto, La Cena es acabar de una vez con este tipo de gestión en el Atlético de Madrid y no otra cosa. Nada más. Nada menos. Al menos esa es la Cena a la que a mí me han invitado.
http://enniosotanaz.blogspot.com/2011/04/la-cena.html
Madrileño, hijo y nieto de madrileños (colchoneros todos, como tiene que ser) entró en esto de escribir del Atleti por la puerta de atrás que supone el ciberespacio de internet, esa puerta que al menos consigue dar luz a un sorprendente mundo de colores donde pasan unas cosas pero se cuentan otras...
Deudor de aquel batallador espíritu rojiblanco que veía la vida desde una esquina del mundo distinta a la mayoría pero nunca exenta de orgullo, valentía y carácter, se siente por tanto en deuda por recuperar aquello que se ha olvidado pero que sigue sintiendo suyo.
Colabora con las webs Pobre Atleti e Infierno Rojiblanco y mantiene el blog “Y los sueños, sueños son”