
El miércoles, el Atlético de Madrid sumó su cuarta derrota consecutiva en 2009. Con ella, selló una eliminación en Copa del Rey que ya estaba escrita antes de saltar al césped del Vicente Calderón en la ida, aunque a los 55.000 que abarrotamos el estadio esa gélida noche, ingenuos aficionados, aún no se nos había informado.
Cada año, a nuestros directivos, entrenadores, capitanes… se les llena la boca citando el llegar a la final de Copa entre nuestros objetivos.
UN OBJETIVO EN EL QUE SE RESERVAN LOS CRACKS
Sin embargo, llegado el momento, se desprecia la competición como el resto de grandes (que sí ganan otros título o luchan por ellos), siendo eliminados en los últimos años por equipos menores (Zaragoza, Osasuna, Betis…), o reservando a nuestros cracks ante rivales de ‘nuestra’ talla (el año pasado Forlán fue suplente en Mestalla para después entrar por Agüero y este año, ante el Barça, se ha reservado al primero en la vuelta y al segundo en la ida).
¿Alguien puede creerse que el objetivo de un club es llegar a la final de una competición que se utiliza para reservar a nuestras estrellas? ¿Quién se imagina a alguno de nuestros dos delanteros como reservas ante el Oporto?
Sin embargo, la realidad es que en la Champions se aspira a hacer un bonito papel, que difícilmente llegará más allá de los cuartos, y en la Liga es precisamente a ese número, el cuarto, al que nos abonamos.
De esta forma, la derrota del Camp Nou (intrascendente para muchos) certifica la decimotercera temporada del Atlético de Madrid sin levantar un metal, lo que ya aproxima a doblar la peor racha de nuestra historia.
MÁXIMO, OCHO AÑOS DE SEQUÍA
Como decía al inicio, ocho temporadas, ocho, era la peor cifra que los rojiblancos habíamos pasado de sequía hasta la fecha.
Ocho temporadas de Liga, con Guerra Civil de por medio y periodo en Segunda, pasaron hasta que el Atlético Aviación levantó su primer título. Fue en el año 40 y le cogió el gusto para repetir en el 41.
Otras ocho campañas hubo que esperar, ocho, para que el Atlético, ya de Madrid, besara nuevamente la Liga (1950). La espera valió la pena, ya que se volvió a repetir (1951).
Más tiempo hubo que aguardar para volver a ver una Liga, pero, por fin, tras muchas ediciones, se alcanzó la Copa, que se había rozado en varias finales. Acostumbrados a inaugurar las décadas a lo grande, volvieron a llegar por partida doble (1960 y 1961), haciendo que nuevamente la abstinencia no pasase de los ocho años.
Estos dos títulos supondrían el comienzo de años de bonanza, sumando la friolera de once grandes campeonatos en 18 temporadas con futbolistas de la envergadura de Adelardo, Luis Aragonés, Calleja, Mendonça, Rivilla, Griffa, Gárate o Ayala: el primer cetro europeo, la Recopa de 1962; una nueva Copa en el 65 para recuperar los años perdidos; la Liga del 66; otra en el 70, en el 73 y en el 77 en una década brillante, a la que se le unieron otras dos Copas (1972 y 1976) y la brillante Intercontinental de 1974.
Pero tras la Liga de 1977 vinieron malos tiempos, que sin embargo no dieron lugar a rebasar nuestra peor racha de abstinencia. Tras siete temporadas, Hugo Sánchez se marchaba del Atlético dándonos nuestra sexta Copa del Rey, en 1985, que vino seguida de la Supercopa.
Después llegó Gil y, tras cinco temporadas sin títulos, nos embolsamos las Copas de 1991 y 1992, a las que se unirían cuatro temporadas después el Doblete del mítico 1996. 1997, 1998, 1999, 2000, 2001, 2002, 2003, 2004, 2005, 2006, 2007, 2008 y salvo histórico milagro, 2009, pasarán sin saber lo que es celebrar un nuevo título.
NEPTUNO SE AGRIETA
Neptuno se agrieta y por más visita en los últimos trece años ha recibido a aquellos que celebraron el ascenso y a algún despistado que el año pasado se dio una vuelta por allí tras el retorno a la Champions.
El Dios del mar siempre estará ahí esperándonos con su tridente y sus caballos (salvo que los vendan junto al Calderón), pero son muchos los que se han quedado en el camino, y más a los que las fuerzas parecen abandonarles y comienzan a desfallecer.
El éxito del año pasado (Champions) lo fue por lo dilatado de la ausencia, pero no será tal este año si es que llega a repetirse. Y yo me pregunto ¿si, como antaño, sólo fuera el campeón a la Copa de Europa, o, como hace diez años, a lo sumo primero y segundo… a qué aspiraría este Atleti? ¿A ser cuarto? ¿Hasta cuándo?
Mi pasión por el fútbol y el Atleti fue tardía, pero creció hasta límites insondables. Hasta los nueve años no comencé a interesarme por un deporte y un equipo que, a día de hoy, son capitales en mi vida. A mis 27 años (de la quinta de Antonio López), vivo el fútbol intensamente como hincha, periodista y jugador aficionado.
Licenciado en Humanidades y Periodismo, desde muy pequeño tuve claro que quería ser periodista y aquí estamos, luchando por ello. Desde la página web de la Cadena SER y desde diferentes agencias he comenzado una carrera como periodista deportivo que, quién sabe, quizá me lleve algún día a cubrir más de cerca la información del club de mis amores.
Un club que actualmente se comporta como Un grande sin memoria que debe salir de su amnesia y recuperar la grandeza perdida.