
LA PREVIA: UNA HORA DE "BATALLA"
Pues que te reciban a pedradas. Eso fue lo que me encontré a mi llegada al Metro de Campo Grande (a las 20:00 hora española), el más cercano al moderno estadio José Alvalade.
La Polícia (allí llevan tilde en la primera i, pero son incluso más incompetentes que los españoles) te preguntaba si eras “espanhol” a la salida de los tornos, simplemente para mandarte a un recibidor donde nos tenían a todos apiñados. Muchas caras de miedo, alguna persona ensangrentada y gente bajando por las escaleras desde la superficie porque lo que fuera les esperaba “era una emboscada”.
“¡Esto es una vergüenza, están apedreando hasta a los niños! ¡¿Y vosotros para qué valéis, qué hacéis ahí?!”, gritaba un padre desesperado. “Aquí siempre pasa igual, en Oporto fue lo mismo”, me comentaba otro. Y mientras, la Polícia, entre impasibles y desbordados por la situación, formaba una fila flanqueando el recibidor para que la única salida fuera aquella en la que nos estaban esperando.
De alguna manera había que salir de ahí, que al fin y al cabo había venido con mi novia para ver el fútbol, así que guardamos las bufandas, nos cerramos los abrigos para tapar la camiseta rojiblanca, y para fuera por la boca de Metro por la que parecía haber menos movimiento.
Una vez arriba, carreras de gente, polícias porras en mano, antidisturbios, y yo, a intentar hablar poquito “espanhol” a ver si al final íbamos a entrar al estadio con la cabeza abierta.
En un bar cercano, pedí el whisky bajito, casi para el cuello de mi camiseta, intentando no llamar la atención. Tarea harto difícil, ya que allí todo el mundo bebe cerveza Sagres, sin excepción, lo que terminó por hacer que tardaran media hora en atenderme.
Por un descampado que hacía las veces de parking, alcanzamos la Puerta 1 de la bancada MNT (allí hasta las gradas están patrocinadas). A nuestras espaldas, avanzaba un centenar de antidisturbios (sin exagerar) que nos seguían mientras hablaban por los walkie-talkies, con lo que aceleramos el paso con temor a encontrarnos de un momento a otro en medio de una batalla campal.
Una vez dentro del estadio pudimos respirar, aunque no sin antes darme el pequeño susto de que me había metido por el torno justo “al otro lado” de las vallas que separaban el bar de nuestra zona del resto del estadio. En una tele emitían el final del Marsella-Benfica, y me sorprendió sobremanera ver cómo dos de los camareros cantaban a pleno pulmón el 1-2 de los benfiqueses. Era un bar dentro del estadio, y no me imagino a un “barman” del Calderón desgañitándose para celebrar un gol del Madrid. Y por lo que tengo entendido, la rivalidad Benfica-Sporting es similar.
Para que os hagáis una idea de lo que fueron los enfrentamientos, en mi blog he publicado un vídeo en el que se puede ver la encerrona.
Las marquesinas de autobuses que veréis en las imágenes estaban al lado de la salida de Metro por la que acorralaron a los atléticos.
EN EL CAMPO: 45 MINUTOS PARA EL KUN
Una vez en el estadio, el ambiente era mágico. Había tres mil atléticos. Tal vez alguno más, seguro que ni uno menos.
A mi lado, un hombre mareado vio toda la primera parte sentado, asustado por lo que le había tocado vivir, sólo se levantó para celebrar los dos goles.
Y mientras escribía a mi amigo madridista Mario, contándole el panorama y diciéndole que “aunque sólo fuera por eso, a ver si iba con el Atleti”, marcó el Kun. El argentino apareció en el primer palo para rematar una asistencia de Antonio López, colándose entre una defensa de circunstancias, a la que le faltaban tres de sus cuatro titulares habituales.
La eliminatoria estaba muy encarrilada y todo iba camino de una fiesta. Pero había partido.
A los 18 minutos, un balón perdido en medio campo por Reyes cayó a la banda derecha para Saleiro (titular en ataque con Liedson ante la baja de Izmailov, que al parecer se negó a jugar en un acto que creó bastante polémica por Lisboa) y la puso sin oposición al segundo palo, donde el único hombre con gol en los “leones”, Liedson, cabeceó a la red. 24 goles en la UEFA suma el veterano ariete brasileño-portugués.
Pero tranquilos, ahí estaba Agüero.
El argentino recibió un pase de Reyes en la frontal del área, con un recorte eléctrico burló a Caneira y a Polga y antes de que pudieran darse la vuelta, puso la pelota en la red con un sutil toque con el exterior. 1-2. Brillante. Y éste sí que lo vi bien.
La grada rojiblanca era una locura (estábamos situados en el corner derecho según defendía el Atleti), y los portugueses que se habían acercado desafiantes a nuestra zona con el 1-1, ahora se mostraban calladitos.
Fueron los mejores minutos del Atlético, que llegó a hacer incluso una jugada de unos 15 toques consecutivos secundados por los “olés” de los españoles y una algarabía desbordante. “No habían hecho tantos pases seguidos desde el Doblete”, me comentaba el de la izquierda, que iba recuperando el color a ritmo de goles del Kun.
Pero en el descuento de la primera mitad, una falta colgada al área por Polga no encontró rematador, ni opositor, y se coló en la portería de De Gea.
Justo antes de enfilar el vestuario, aún dio tiempo al Sporting a rematar al larguero por medio de Caneira. Fue fuera de juego, pero el descanso llegó con el ánimo a favor de un Sporting que había sido claramente dominado por el Atlético en el primer acto.
Y 45 MINUTOS “DE RELOJ” PARA SUFRIR
“Esta noche 0-5”, alardeaba un rojiblanco al bajar del avión en Lisboa. “Un 2-2 también nos vale”, le apunté yo, más realista... y más cauto.
Con el 2-2 antes del descanso, no podía imaginar que el resultado no se movería. Pero así fue.
Los 15 minutos de la reanudación fueron los de mayor sufrimiento, con tres ocasiones de los lisboetas. La más clara, un remate de Saleiro que De Gea salvó a corner con una gran parada. “No voy a poder aguantar así hasta el noventa”, me decía mi novia nerviosa. “Pues vas a tener que aguantar”, le respondí.
Pasados los minutos de mayor agobio, cada segundo dejaba más claro que el resultado iba a ser ése. El Atleti controlaba el partido confiado en que el tiempo pasara, y el Sporting se consumía presa de los nervios y de su inoperancia en medio campo.
Domínguez y Perea estaban inmensos en la anticipación (ya, ya sé el partidito que se marcó Perea en Mallorca), y Raúl García y Assunçao ganaron la batalla del medio campo a Veloso y Moutinho.
Y así, fui cantando el paso de los minutos que marcaba mi reloj (el videomarcador del José Alvalade no reflejaba el tiempo).
Reyes pudo sentenciar con un par de zurdazos y el Kun se encontró a un defensa en su último intento antes de ser sustituido a falta de diez minutos. Sólo quedaba esperar. Y el Atleti selló su clasificación.
Los rojiblancos se fundieron en una piña y algunos, como Domínguez, Camacho o Ujfalusi, regalaron su camiseta a los aficionados.
“¡Ya nos tocaba!”, gritaba un hincha eufórico, que me contó que había viajado el año pasado a Oporto y este año a Londres con el Chelsea.
UNA HORA Y CUARTO RETENIDOS
Una hora y cuarto. Una hora y cuarto nos tuvo la Polícia lusa en las gradas del José Alvalade. Era de prever, y pudimos dar gracias a que pasamos ese tiempo celebrando una victoria.
Pernía, Salvio y Forlán hicieron unos ejercicios de calentamiento tras el partido mientras la afición coreaba sus nombres. Los dos primeros respondían aplaudiendo con entusiasmo. El uruguayo, apenas levantaba la mano con desgana.
Tras los ejercicios, dos de los jugadores se acercaron a la grada también para regalar su camiseta. El Bota de Oro enfiló el vestuario con prisas...
Fue curioso ver salir a saludar a Jesús García Pitarch, que quiso aprovechar el viento a favor y se fue corriendo tras recibir una sonora pitada.
Al final, salimos del campo rodeando el estadio entre un cordón policial, pese a que las calles ya estaban casi desiertas. La Polícia nos escoltó en el Metro hasta dentro de los propios vagones, donde no dejaban entrar a nadie.
Todavía no me quito de la mente la imagen de hombres, con brazos como cabezas, que abandonaron el estadio con ojos medrosos y sin valor para levantar la voz o entonar un cántico porque había ganado nuestro equipo.
LA BATALLA DE ALJUBARROTA
Aljubarrota fue una batalla acontecida el 14 de agosto de 1.385 entre tropas portuguesas y castellanas, que se saldó con el triunfo de los lusos y la consolidación de Juan I como Rey de Portugal.
“Reviver Aljubarrota”, era la pancarta que portaban al inicio del partido los ultras del Sporting de Lisboa.
Supongo que Miguel Salema, delegado del club lisboeta, estaría satisfecho al final del encuentro al ver cómo sus palabras hablando de “batalla” y de recibimiento “extremadamente hostil” habían calado hondo entre sus pupilos.
Por fortuna, no hubo que lamentar bajas entre los españoles y, sobre el campo, sólo hubo un Rey: Sergio I el Kun Agüero. Ya lo tituló A Bola: “Agüero pasó por aquí y dejó al león en lágrimas”. Y es que, es de fútbol de lo que se trataba.
Mi pasión por el fútbol y el Atleti fue tardía, pero creció hasta límites insondables. Hasta los nueve años no comencé a interesarme por un deporte y un equipo que, a día de hoy, son capitales en mi vida. A mis 27 años (de la quinta de Antonio López), vivo el fútbol intensamente como hincha, periodista y jugador aficionado.
Licenciado en Humanidades y Periodismo, desde muy pequeño tuve claro que quería ser periodista y aquí estamos, luchando por ello. Desde la página web de la Cadena SER y desde diferentes agencias he comenzado una carrera como periodista deportivo que, quién sabe, quizá me lleve algún día a cubrir más de cerca la información del club de mis amores.
Un club que actualmente se comporta como Un grande sin memoria que debe salir de su amnesia y recuperar la grandeza perdida.