
Ya en el estadio, Aguirre se había sentido tan protegido en su autobús que decidió meterlo para dentro. Hubiera dado igual empatar a cero que perder tres a cero. El Atleti hizo méritos para lo segundo, pero consiguió lo primero. Las estadísticas no engañan:
19 tiros del Olympique, cinco a puerta; un tiro del Atlético, cero a puerta.
Dicho esto tampoco haría falta añadir nada más, ya que, cuando no se tiene nada bueno que decir, mejor callar. Pero como ya saben que soy muy dado a escribir, vamos a soltarnos la parrafada.
No quiero dejar pasar más líneas sin dar las gracias al Werder Bremen. El conjunto bávaro derrotó al Inter, lo que unido a la victoria del Panathinaikos (por cierto, injusto premio final para los méritos del Anorthosis) convierte a los helenos en líderes y en posible cruce, lo que ayudó a paliar mi enfado.
En la previa no leí ni escuché a nadie, a nadie, hablar sobre la importancia capital de ser líderes. De no ser por la sorpresa del Inter, la diferencia entre enfrentarse a Roma, Inter, Manchester, Bayern, Arsenal o Juve (siendo segundo); o Chelsea, Panathinaikos, Sporting de Lisboa, Olympique de Lyon u Oporto (siendo líder) era sustancial.
Sin embargo, sólo leí que a Marsella se iba a jugar un trámite, que lo importante era que no hubiera incidentes, que el Atleti ya había cumplido en Europa…
Así que los futbolistas, simplemente, se limitaron a hacer lo que se había cacareado durante la semana: nada.
Como quiera que “el Atleti ya ha cumplido en Europa”, supongo que a los octavos mejor no presentarnos. Si el objetivo ya está cumplido a mí se me pasó cuándo, porque hubiera ido a Neptuno a celebrarlo.
NO HUBO AGRESIVIDAD EN LA GRADA...
Del partido lo mejor que se puede decir es que no hubo incidentes. Que, según se mire, es mucho o es poco. No vi a un público agresivo, no vociferaban ni echaban espumarajos por la boca cuando nuestros futbolistas se acercaban a la banda. Pero sí vi un fondo rojizo y humeante plagado de bengalas, lo que, comparado con el desangelado y vacío Vicente Calderón ante el PSV, clama al cielo.
NI EN EL CAMPO
Tampoco vi a un rival belicoso. Se anunciaba agresividad, juego duro y malicioso, pero no existió nada de eso en los marselleses. La primera parte del encuentro fue propia de una pachanga. O de un partido pactado. Reparto del balón, apenas se pisaban las áreas. Agüero no tocó el esférico hasta el minuto seis. Él la robó, el se internó en el área y él la tiro fuera. Un toque más sutil hubiera servido para que Sinama la embocara.
No hubo más ocasiones. Tampoco tocó Agüero más el balón.
LOS DAMNIFICADOS
Al espíritu de pachanga ayudó Luis García. El catalán sigue instalado en su ánimo de ex futbolista de clase. Taconcito por allí, espuela por allá. Nada más. En la única en la que pudo demostrar sus viejos bríos llegó tarde y lento, prefirió controlar a pegar y terminó tirándose al suelo de manera lastimera. Fue uno de los damnificados. Aguirre le premió con 75 minutos. Los otros 15 fueron para Miguel de las Cuevas, que habitualmente se pudre en la grada, junto a Ignacio Camacho, que al menos ayer tuvo el honor de ducharse tras sudar en el calentamiento…
Pablo también perdió su batalla. Verle despejar en el área me recordó a las niñas cuando van a pegar al balón. Lo mismo rompen un jarrón que dan una patada al aire. Con Pablo es algo similar. Encara cada balón como si fuera un objeto volante no identificado.
El carácter de amistoso no hizo daño en la primera parte (con 1-1 del Liverpool), pero se hizo sangrante en la segunda mitad. Mientras desde Eindhoven llegaban noticias del segundo y el tercero de los de Benítez, el Olympique crecía en el Velodreme y el Atleti se empequeñecía guardando un triste empate inexplicable por lo innecesario y lo vulgar.
Coupet estuvo bien, muy seguro toda la noche, pero me revolvió el estómago verle perder tiempo en los minutos finales…
ESTA NOCHE, A VER RIVALES
Al final, da rabia acabar segundo después de cinco jornadas líderes tras un bonito duelo con el Liverpool. Pero es el justo castigo a nuestra racanería. Esta noche, seguiré atento las evoluciones de la última jornada de Champions. Iré con el Aalborg, el Lyon, el Oporto… e incluso con el Madrid, ya que yo creo que aún no se ha cumplido, y me haría ilusión ver al Atlético en cuartos. El bombo dictará sentencia el 19 de diciembre. Aunque luego nunca se sabe. En cualquier caso, el 24-25 de febrero nos vemos en el Calderón.
Mi pasión por el fútbol y el Atleti fue tardía, pero creció hasta límites insondables. Hasta los nueve años no comencé a interesarme por un deporte y un equipo que, a día de hoy, son capitales en mi vida. A mis 27 años (de la quinta de Antonio López), vivo el fútbol intensamente como hincha, periodista y jugador aficionado.
Licenciado en Humanidades y Periodismo, desde muy pequeño tuve claro que quería ser periodista y aquí estamos, luchando por ello. Desde la página web de la Cadena SER y desde diferentes agencias he comenzado una carrera como periodista deportivo que, quién sabe, quizá me lleve algún día a cubrir más de cerca la información del club de mis amores.
Un club que actualmente se comporta como Un grande sin memoria que debe salir de su amnesia y recuperar la grandeza perdida.