
El simple hecho de afrontar de esta forma uno de los eventos que mueven mi semana, ya genera una sensación de angustia y de vacío en el estómago incómoda.
No era para menos, el Atlético había vuelto a escribir una de las páginas más negras de su historia tres días antes de su 106 aniversario.
A la llegada al estadio, encuentro a uno de mis vecinos de butaca y me ofrece invitarme a tomar algo en ‘El Doblete’. Son menos diez y me lo pienso. “Qué más da perderse el inicio”, me comenta. También es verdad, tampoco se merecen ni que entráramos. Por la tele se ve un Calderón con mucho colorido… de los numerosos huecos que dejan ver el rojo y blanco de las gradas. Media entrada. No podía esperarse más.
Ya en el campo, el inicio vuelve a ser desolador. Diez minutos de partido y el Atlético no ha tirado ni a puerta. No se ve una actitud rabiosa por intentar revertir el ridículo de Santander. Sólo Raúl García presiona con intensidad los balones divididos. El resto, lo de siempre: abúlicos de rojiblanco.
Hay que esperar al cuarto de hora para ver el primer disparo en una arrancada de Agüero que termina con un latigazo lejano que Cuéllar despeja a corner, en su vuelta al Calderón tras el ignominioso 0-6.
Y A CADA GOL…
Y la caja de los truenos, que hasta ese momento se había mantenido sólo entreabierta por una rendija de silbidos y cánticos iniciales, se destapa con una jugada ‘ensayada’ en una falta propicia para Simao que termina en los pies de la defensa asturiana con posibilidad para el contragolpe. Por primera vez, el “Cerezo cabrón, fuera del Calderón” resuena desde el fondo sur.
Al esperpento le sucede un despeje de Leo Franco contra el cuerpo de Lora que pasa cerca de la portería. Curiosamente, tras mi escrito en su defensa, el argentino realizó el domingo un partido bastante malo con dos cantadas que pudieron acabar en disgusto.
Pero en esas, Forlán convierte un rechace en un golazo desde 25 metros, eso sí, con la colaboración de Neru, que envenena el disparo y lo transforma en vaselina letal.
No había ni ganas de celebrarlo y, ante mi sorpresa, el cántico desde el Frente vuelve a ser el mismo –“Cerezo cabrón, fuera del Calderón”- al que en esta ocasión se suma un sector bastante más que minoritario del resto del estadio.
Antes del descanso, Agüero vuelve a lanzar fuera por poco, y Simao rompe a la débil defensa sportinguista por el centro y pone el 2-0 tras una buena pared con Forlán.
En esta ocasión colaboró el denostado Pichu Cuéllar, al que el balón se le cuela por debajo del cuerpo y, minutos después, a punto está de dejar franco para Agüero un cabezazo de Maxi. No debió ser un partido fácil para él el del domingo, pero estuvo en la línea de su defensa: muy frágil.
Tras el segundo, la tonadilla que corea el estadio es la misma que tras el primero, lo que confirma que la afición rojiblanca definitivamente está harta, y que el Frente Atlético, la voz del Calderón, se ha sumado a las protestas.
La segunda parte no tiene historia. En el minuto uno, Kun pone el 3-0 con frialdad tras nueva asistencia de Forlán, y en el dos, Bilic recorta distancias tras deshacerse Diego Castro con habilidad de Perea.
DEL CAMPEONES A LA INJUSTICIA CON PERNÍA
Fue el turno entonces para la afición, que ante la victoria quiso mostrar su hartazgo con ironía (no quiero imaginar hasta dónde se hubiera llegado con otra derrota). Primero la ola, de la que no fui partícipe porque todavía habría quien pensaría que era sentida, luego con el “Campeones, campeones”, que encontré especialmente mordaz y al que sí me sumé, y luego una desmedida e injusta retahíla de escarnios hacia Mariano Pernía, totalmente desproporcionada por centrar en él una humillación que debió ser compartida. “Mariano selección”, “Mariano bota de oro”… y una serie de vítores y ovaciones cada vez que tocaba la bola, ya fuera con acierto o con desatino.
El hispano-argentino ni siquiera jugó en Santander, la gota que colmó el vaso, es un profesional íntegro, entregado, con carácter y que jamás se esconde. Es malo, sí, pero todo lo anteriormente citado ya es más que lo que se puede decir de gran parte de la plantilla. Y no se ven señalados cuando al que se vapulea es sólo a Pernía.
SEGÚN SALGA EL RIVAL…
Volviendo a lo deportivo, el Sporting sólo le puso ganas en la segunda mitad y ya con todo perdido, ya que en la primera parte salió a contemporizar y a firmar el 0-0. Y así, con el Atleti, se pierde.
Así salió el Numancia y se fue de vacío. Y así salió el Depor y probó la misma medicina.
Para ganar a este gris Atleti de hoy hay que salir a comértelo. Así lo hicieron Osasuna y Racing, y ya conocen los resultados. Andando, la calidad de los tres de arriba sigue siendo suficiente para derrotar a los modestos.
Así pues, habrá que ver con qué actitud sale el Betis el próximo domingo en el Villamarín. De sus ganas de ganar, dependerán las opciones de este triste Atleti que, si pierde, verá como la ironía del Calderón se tornará crueldad extrema en los tres partidos que restan. Es una bomba de relojería. Y ya le han dado cuerda.
Mi pasión por el fútbol y el Atleti fue tardía, pero creció hasta límites insondables. Hasta los nueve años no comencé a interesarme por un deporte y un equipo que, a día de hoy, son capitales en mi vida. A mis 27 años (de la quinta de Antonio López), vivo el fútbol intensamente como hincha, periodista y jugador aficionado.
Licenciado en Humanidades y Periodismo, desde muy pequeño tuve claro que quería ser periodista y aquí estamos, luchando por ello. Desde la página web de la Cadena SER y desde diferentes agencias he comenzado una carrera como periodista deportivo que, quién sabe, quizá me lleve algún día a cubrir más de cerca la información del club de mis amores.
Un club que actualmente se comporta como Un grande sin memoria que debe salir de su amnesia y recuperar la grandeza perdida.