
Qué razón tenía. El Atleti perdiendo 2-4 ante Osasuna. Humillado por el antepenúltimo clasificado, que no había ganado un solo partido fuera de casa en toda la temporada.
Con ese pensamiento rondando mi cabeza abrí el lunes por la mañana el cajón en el que guardo mis recuerdos futboleros: mis bufandas, mis fotos de la cabalgata del Doblete, el Marca de las finales de Copa del 91 y el 92… y las entradas de mis primeros partidos en el Vicente Calderón, con los resultados y goleadores apuntados al dorso.
RECUERDOS FELICES EN MIS PRIMERAS TARDES EN EL CALDERÓN
Ya lo imaginaba, pero lo he convertido en estadística: cuatro victorias en mis cuatro primeras visitas al Manzanares. Y un total de siete, con dos empates y una única derrota en mis diez primeras tardes en el Calderón.
Mi primer día en el estadio fue un 3-1 al Oviedo, con goles de Vizcaino, Aguilera y Zúñiga en propia puerta. Entonces, se me abría la boca con cada galopada de Futre, con cada parada del hoy nuestro entrenador, Abel, con los pases medidos de Schuster, con los cabezazos de Juanito, con los goles de Manolo…
Seguro que el domingo hubo muchos niños, muchos, que asistieron por primera vez a un campo que, de entrada, no existirá en tres años.
A esos niños hubo que contarles que no todos los días el himno se traba, sino que normalmente suena diáfano y majestuoso. Y que habitualmente hay un luminoso videomarcador en el que se refleja el resultado, algo que no funcionó hasta pasada la media hora de juego.
A esos niños, probablemente hubo que explicarles al minuto de juego por qué Pernía y Ujfalusi eran tan torpes de darse un cabezazo entre ellos mismos y caer noqueados.
Y a los dos minutos, que el gol de Osasuna no había valido por fuera de juego. Y a los seis, que menos mal, porque Masoud había rematado al larguero.
Y a los siete, que vaya caraja con la que habían salido, porque Pandiani había acertado a poner el 0-1 en la tercera ocasión con un delantero osasunista solo.
FORLÁN LO ARREGLA POR MOMENTOS
No habría dado mucho tiempo a inventar más respuestas, porque entonces Forlán, en la primera oportunidad, se saca un zurdazo genial ajustado al poste y marca su vigésimo gol para poner las cosas en su sitio.
Entonces podríamos contarle que menos mal que arriba tenemos auténticos cracks, que con su enorme pegada ayudan a esconder las miserias del resto del equipo.
Y decirle que el público pita a Pernía porque es muy malo y que Pablo encara cada balón como si fuera la gallinita ciega. Y que su ídolo, Agüero, no consigue salir de ningún regate porque está lento. Algunos dirán que porque vino de un viaje muy largo y no tiene chispa. Otros que porque lleva con un punto de velocidad por debajo de su forma toda la temporada.
CADA CORNER, UNA GRANADA AL ÁREA
Pero antes del descanso, una granada impacta en el cuerpo de Ujfalusi, perdón, era el balón, y queda muerto a pies de Vadozc para poner el 1-2. El único de los cuatro zagueros al que se le presuponía la inocencia, se suma al habitual festival de despropósitos que es la defensa atlética.
REANUDACIÓN FULGURANTE
Y a la vuelta, el espectáculo comienza a subir en intensidad. Salida fulgurante del Atleti en pos de la remontada: Perea toca para Pablo y éste retrasa para Leo Franco; Ujfalusi abre a la banda para Seitaridis y el griego vuelve a ceder a Leo. Normal que no renueven al argentino: el domingo demostró su incapacidad como organizador de juego.
Y a la primera que intentan pasar de medio campo, balón perdido. Pase a la espalda de Pablo, Ujfalusi sale a lo loco a la banda a por Plasil, que no tiene más remedio que ceder a Pandiani que totalmente solo marca el tercero. Ni uno sólo de los zagueros hizo lo que debía en esa jugada. Con 1-3 se vio que podían caer muchos más.
EL ESCARNIO DE MASOUD
Y así pasó, aunque con especial escarnio. Masoud controla un balón en la frontal, se anticipa a Perea y recorta a Pablo una, dos y tres veces para batir a Leo a placer y confirmar lo expuesto unas líneas más arriba: sí, Pablo salta al campo con los ojos vendados. Y hace menos de tres años el Madrid ofrecía 30 millones de euros por él…
Los 20 minutos restantes de partido tuvieron que ser difíciles de digerir para padres e hijos.
A los más pequeños seguro que hubo que traducirles los cánticos de “Jugadores mercenarios”, “Esa camiseta no la merecéis”, o suavizarles el “Cerezo cabrón fuera del Calderón…”.
En cualquier caso, las protestas distaron mucho del día del Valladolid, algo que sinceramente me sorprendió.
RECUERDOS AMARGOS DE MIS ÚLTIMOS DÍAS EN EL CALDERÓN
Y en el final del partido, recordé días como el 2-3 contra el Celta hace dos años que nos mandó a la Intertoto, o sendos 0-1 con Osasuna y Mallorca hace tres años para decir adiós a la UEFA, o el 0-1 nuevamente con Osasuna el día del Centenario. O el 0-0 de las semifinales de Copa en 2005 (cuánto Osasuna...). Y tantas y tantas tardes llenas de ilusión en la víspera que se tornaron en tristeza, desazón e impotencia tras resultados pésimos ante rivales en teoría inferiores.
Y entonces uno se pregunta: ¿Qué sentido tiene dar tanta importancia en tu vida a algo que da tantos disgustos? ¿Qué pasaría de ser un niño hoy y no hace 15 ó 20 años?
Dice el refrán que la ilusión es lo último que se pierde. Pero yo, creo que he perdido la ilusión en este Atlético de Madrid.
Mi pasión por el fútbol y el Atleti fue tardía, pero creció hasta límites insondables. Hasta los nueve años no comencé a interesarme por un deporte y un equipo que, a día de hoy, son capitales en mi vida. A mis 27 años (de la quinta de Antonio López), vivo el fútbol intensamente como hincha, periodista y jugador aficionado.
Licenciado en Humanidades y Periodismo, desde muy pequeño tuve claro que quería ser periodista y aquí estamos, luchando por ello. Desde la página web de la Cadena SER y desde diferentes agencias he comenzado una carrera como periodista deportivo que, quién sabe, quizá me lleve algún día a cubrir más de cerca la información del club de mis amores.
Un club que actualmente se comporta como Un grande sin memoria que debe salir de su amnesia y recuperar la grandeza perdida.