
El Atleti llevaba muchos años robando puntos al “Rey” Barça (de hecho, es el que más puntos le ha hurtado en las últimas ocho temporadas), pero anoche el poderoso equipo azulgrana decidió cerrar ese grifo.
Por fortuna, los rojiblancos no acabaron como bufones (eso ya ocurrió hace tres años) gracias en gran parte a un inconmensurable David De Gea. Aunque el que sí tendrá que someterse el escarnio y vapuleo general será Tomas Ujfalusi, que, ya en el tiempo de descuento, hizo una entrada extemporánea a Leo Messi con la que le sacó en camilla.
Sólo diré algo a ese respecto (desde los medios ya se debate sobre cuántos partidos deberían caerle): en el Atlético de Madrid hubo anoche un jugador, muy importante, que se paseó por el campo durante 50 minutos porque no podía correr. El hombre que le lesionó la semana pasada sólo vio una tarjeta amarilla y ningún comité entró a obrar de oficio, ni la entrada fue portada de ningún periódico.
Sergio Kun Agüero no es Cristiano Ronaldo, ni Leo Messi, pero no es un cualquiera. En este circo comienza a haber demasiados actores que sólo son tratados como figurantes.
NUESTRA GRANDEZA, ¿UN DELIRIO?
El delirio de grandeza se define como una enfermedad psicológica, de la rama de la paranoia, que consiste en creerse falsamente un personaje poderoso o importante y comportarse como tal.
En cada visita del Barça, y en el Camp Nou en la época de Torres, el Atleti era poseído por ese delirio de grandeza que le llevaba a protagonizar grandes gestas.
Anoche, muchos hablaban de que el Atlético podría jugar al Barça “de tú a tú”, erigido por algunos como la “alternativa” a la Liga, desde su precoz condición de líder.
El equipo ha mejorado respecto a otros años, pero está a años luz de Madrid y Barcelona y, este domingo, el equipo culé se encargó de demostrárselo con pesados argumentos: fútbol puro y duro.
La realidad sólo es una: el Atlético de Madrid no gana las tres primeras jornadas de un campeonato desde el Doblete.
RESPETO Y GOLPES MORTALES DEL BARÇA
Comenzó el partido raro, con los dos conjuntos tanteándose en los diez minutos iniciales. Como con un poderoso respeto mutuo, unos por el temible rival que había enfrente, otros por el sísmico estadio que pisaban.
Pero tras esos instantes de tregua, el Barça hilvanó su primera jugada mortal. Tiki-taka-tiki-taka, y Villa solo delante del portero. Balón al palo. El rechace para los culés, y pase en profundidad de Pedrito para que Messi defina con maestría. 0-1.
No había miedo, ni desazón en la parroquia rojiblanca, ya que la mayoría de las victorias ante los catalanes nacieron de la remontada.
Sin embargo, el Atlético no tiraba. Un futbolista con la camiseta del Kun Agüero se paseaba por el campo (supongo que para intimidar). Sin correr, sin participar en la presión, a veces hasta en área rival, de sus compañeros. Sinceramente, me decepcionó él y me decepcionó Quique, que anunció que no daríamos ninguna ventaja al rival.
El Barça sobaba y sobaba el balón, sin dar posibilidad alguna al ritmo eléctrico de partidos precedentes, con Sergio Busquets instalado entre los centrales para sacar la bola, y Dani Alves colocado como extremo, recibiendo constantemente solo junto a la cal.
Pero empató el Atleti. Un corner bien sacado por Simao, cuando media grada rezaba “cuélgala bien, cuélgala bien” (parece mentira...) fue cabeceado por Raúl García a la red (1-1).
La grada se frotaba las manos soñando con un nuevo Atleti-Barça de locos. Pero no, no, no.
Cinco minutos tardaron los culés en volver a situarse en ventaja. También desde la esquina, el balón se lo comió Godín, lo que posibilitó un control con el pecho de Piqué y una cómoda volea cruzada. Incomprensible una jugada así dentro del área tras un corner (1-2).
Y sin más alteraciones llegó el descanso. Con un Atlético que ni se acercó al área, a excepción hecha del gol.
SE FUE EL CID, Y RECITAL CULÉ
A los cinco minutos de la reanudación, el fantasma del Cid Campeador, antes conocido como Agüero, tuvo que dar paso a Diego Costa, que sí que corrió, pero de forma estéril.
Y entonces el Barça comenzó a acumular ocasiones. Y David De Gea a encumbrarse.
Disparo desde fuera del área a la escuadra de Xavi. Paradón de De Gea.
Trallazo lejano de Pedrito. Paradón de De Gea. El tío pone la mano tan dura que pensé que lo había repelido el poste...
Derechazo desde fuera de Villa, palomita de De Gea. Mano a mano del asturiano, nueva intervención salvadora de De Gea.
El chico paraba hasta las que no valían, repeliendo un cabezazo a bocajarro de Messi, previamente anulado por fuera de juego.
Ante una exhibición de tal magnitud, confiaba en que sus compañeros supieran recompensar su esfuerzo con un gol que salvara un punto. Pero ni de lejos.
Un tiro al lateral de la red de Reyes, que fue cantado como gol por parte del público, fue el único disparo aparte del gol.
Raúl García fue absorbido ante la calidad de Xavi e Iniesta, majestuosos en cada lance. Assunçao se multiplicó en vano. Tiago salió perdido y cuando ya era tarde. Reyes lo intentó ante tres contrarios y Simao... Simao hizo el sorteo de campos, creo...
Forlán no tuvo ni una... Y Messi aún tuvo un último mano a mano, que volvió a salvar el porterazo rojiblanco.
Después vino la mentada lesión de Messi por la impotencia de Ujfalusi.
ESTO NO FUE UN ATLETI-BARÇA
Al final, ante la resignación general de que algún día tenía que pasar y tocó esta vez, me marché con la sensación de que esto no había sido un Atleti-Barça. He vivido muchos en el Calderón y ninguno, por lo infame de la derrota, por lo heroico de la victoria, por su ritmo frenético que te deja sin aliento... ninguno me dejó indiferente. El de anoche sí. Que me devuelvan el dinero.
http://ungrandesinmemoria.blogspot.com
Mi pasión por el fútbol y el Atleti fue tardía, pero creció hasta límites insondables. Hasta los nueve años no comencé a interesarme por un deporte y un equipo que, a día de hoy, son capitales en mi vida. A mis 27 años (de la quinta de Antonio López), vivo el fútbol intensamente como hincha, periodista y jugador aficionado.
Licenciado en Humanidades y Periodismo, desde muy pequeño tuve claro que quería ser periodista y aquí estamos, luchando por ello. Desde la página web de la Cadena SER y desde diferentes agencias he comenzado una carrera como periodista deportivo que, quién sabe, quizá me lleve algún día a cubrir más de cerca la información del club de mis amores.
Un club que actualmente se comporta como Un grande sin memoria que debe salir de su amnesia y recuperar la grandeza perdida.