
La verdad es que el jueves el Atleti se quitó el disfraz del Atleti. Lejos de ser ese equipo capaz de enamorar/exasperar en tan sólo tres simples minutos, se puso el traje de equipo serio, fuerte, concentrado y duro, que no cerdo. Porque no nos fuimos del encuentro en ningún momento (cosa rara en nosotros), la defensa estuvo excepcional (frótense los ojos hasta decir basta, pero os juro que es cierto lo que os indico), el centro del campo, trabajador y participativo (vi a Jurado, oigan, durante bastantes minutos del encuentro, les prometo que fue así), y el ataque, tuvo tres, metió una. Un extraño gol al poco de comenzar el encuentro que, sin haber visto la tele, me cuesta un mundo el poderles describir. No sé si fue fallo de Forlán, de Carragher, de Reina, de los tres … El caso es que entró llorando, como diciendo el balón a los tres jugadores: “joder, ya que ninguno de vosotros queréis hacer nada conmigo, pues me voy yo a mi puta bola, hala”, y, afortunadamente, decidió que el camino más correcto era el traspasar la línea de fondo de la portería.
Y el Calderón explotó. De alegría, de emoción, de éxtasis. Porque, al igual que el día del Valencia, el Calderón fue el mejor de los escenarios posibles para la disputa de un partido de fútbol. Lo dije en su día y lo mantengo: yo estoy muy orgulloso de pertenecer a este grupo de locos que amamos al Atleti y de ser uno de ellos, independientemente de fobias, fibias y demás. Y esta satisfacción que siento no me la va a quitar nadie nunca. Ni siquiera Cerezo ni Gil Marín.
¿El Liverpool? Pues para mí que se solidarizó con los seguidores ingleses que no pudieron venir al final al Calderón (una lástima, pero bueno, ya saben ustedes en dónde tienen su casa, puta nube del orto). Si me llegan a decir que en vez del Liverpool era el Deportivo de la Coruña que pasó y se paseó (en el más puro sentido literal de la palabra) en nuestro estadio en la presente temporada, me lo hubiese creído a pies puntillas, y no solamente por la segunda equipación que lucieron (que también). Uno sabe que De Gea jugó, sí, pero más por ese traje naranja naranjón que lucía el mozalbete, que por sus paradas, que fueron nulas o inexistentes. Y no. No es que le chaval estuviera mal. Ni bien. Es que es como si no hubiese jugado.
Y ahora es cuando me acuerdo de un tal Fernando Torres. Para bien. Al igual que los seguidores ingleses. Para mal. Son cosas del fútbol. Nosotros también jugamos sin el Kun. En la vuelta será otro cantar. Tiene que ser su partido. Y lo será, convencido estoy de ello. Al igual que de nuestro De Gea, vilipendiando ya caprichosamente por seguidores de equipos rivales. Tranki, David. Eso es una buena señal. La envidia es muy mala. Mucha veces dicho, pero no deja de ser toda una gran verdad.
Y sí. El partido no fue bueno. El encuentro fue serio. Fue de oficio. Fue digno de una semifinal europea, en la que ahí llega peña porque es consciente de lo que se juega y se muestra confiado porque sabe que hasta ese punto ya no llega cualquiera. Aquí no se pueden permitir licencias gratuitas. Eso sí, queda la segunda parte del match. Y, ahí sí, espero y deseo completarles la canción con la que abrí esta crónica. ¡Forza Atleti!
EL CRACK DEL PARTIDO: Perea estuvo como el Perea de la primera temporada que vino al Atleti. Gerrard aún se está preguntando quién coño es el pibe éste. Por parte visitante, Reina demostró que si tiene plaza fija en la lista de Del Bosque es por algo más que porque cuente buenos chistes (que fijo que los cuenta).
LA DECEPCIÓN DEL ENCUENTRO: Ninguno por nuestra parte, aunque me resulta un tanto decepcionante el comprobar cómo Forlán es incapaz de tener un mínimo detalle de agradecimiento cada vez que consigue un puñetero tanto en nuestra casa. Parece como si sólo hubiese una persona en el Calderón, y esto no es así. Los demás también merecemos nuestros minutos de gloria. Pero vamos, que esto es secundario. Lo principal es que lo sigas marcando, Uruguayo.
ÁRBITRO: Ni idea de quién era, pero vamos, estuvo bien en líneas generales.
¿Y la vuelta? Promete emociones fuertes, como no puede ser de otra forma. Sé que me van a llamar loco, pero, conociéndome el percal como me lo conozco, prefiero el 1-0 que el 2-0. Este 1-0 nos obliga a salir superconcentrados y con una idea muy clara: hay que marcar como sea. Con más ventaja en el marcador sé positivamente a lo que salimos: a hacer el gilipollas (especialidad de la casa, vamos). Y los equipos ingleses continúan sin saber lo que es ganar in the Calderón. La leyenda sigue viva. Kun, esta vez sí o sí, es tu momento. No nos puedes fallar. Volveremos otra vez …
Mi nombre es José Tomás Rodríguez Ballesteros. Nací a temprana edad, como Groucho Marx, tal que un 14-5-68, en Carabanchel, en donde sigo residiendo en la actualidad, y, salvo sorpresa mayúscula, donde viviré hasta que el de ahí arriba decida lo contrario.
Soy socio del Atleti nº 2041, y llevo escribiendo un porrón de años en foros de usenet y luego en mi propio blog (http://www.cronicasdeltomi.blogspot.com) de cualquier cosa relacionada con la palabra Atleti y similares.
De hecho, y cuando apenas existía esto de Internet, fui uno de los pioneros en hacer crónicas internauteras, que eran en aquella época muy agradecidas por todos los seguidores de fútbol que andaban desperdigados por el mundo entero.
Pero yo no soy periodista ni nada que se le parezca, conste en acta. Mis únicas apariciones en la prensa fue una vez que un tal Peregil me citó en un artículo sobre Internet hace un porrón de tiempo, en El País, calificándome como “un hincha fascista del Atleti”, debido a mi pertenencia al Frente Atlético (al menos, eso sí, reconocía que era uno de los internautas que más éxito tenía, algo es algo). Otra vez salí con la Policía quitándome una bengala que llevaba (apagada) en el previo de la Final de la Copa del Rey frente al Mallorca, o sea que … Es más, yo diría que mis crónicas y comentarios los utilizo como terapia personal más que otra cosa, así que no os las toméis demasiado en serio ni me hagáis demasiado caso, no sea que acabéis como yo … ;-)