
Quizás, la mejor definición de dicho torneo se la escuché a Luis Figo en su etapa vikingoidal: venía a decir que la Copa representaba ese torneo al que nadie hace caso, pero que todo el mundo se muere de envidia por disputar, una vez está contemplando la final sentado en el sofá de su casa.
Y sí. Eso me pasó a mí el pasado miércoles. Que me morí de morriña. Y, como de momento, llevamos una racha en que nos hemos convertido también en uno de esos tantos equipos mediocres que tiramos la copa, un año sí y otra temporada también, pues, al menos, voy a tirar de recuerdos para que no se me olvide jamás la magia de dicho torneo. Estas son las finales que ha presenciado en directo un servidor de ustedes y del Atleti. A por ellos, oeeee.
1984-85. Atleti 2 – Athletic 1. Mi primera Copa.
En la pocilga, sin lugar a dudas, nuestro auténtico campo talismán para disputar este tipo de torneos. La afición del Athletic nos superó en número en la grada, pero el Atleti de aquel entonces disponía de un contragolpe sencillamente letal de necesidad, y Hugo Sánchez se despidió de nosotros a lo grande, consiguiendo los dos tantos que nos dieron la victoria.
Jamás olvidaré el pase de Don Jesús Landáburu en el segundo tanto del mejicano. Impagable el momento en que, en el andén del metro, nos encontramos justo enfrente a los seguidores del Athletic, una vez finalizó el encuentro, y nos pusimos nosotros a cantar aquello de “Campeolones, Campeolones”, que diría Makelele. Y, señores de Nike, aprendan a sacar ustedes una segunda equipación con la que cualquier Atlético se pueda sentir identificado. Esa roja entera, con la franja blanca en el pecho, y una raya azul más fina, es de lo más bonito que he visto en mi vida. Y es que, Puma sí que entendía el sentimiento Atlético, qué carallo.
1986-87. Real Sociedad 2 – Atleti 2. La Copa de Ramos Marcos.
Porque nadie de los que estuvimos en Zaragoza podrá olvidar jamás ese flagrante penalti que no señaló sobre Julio Prieto cuando faltaban 3 minutos para el final (creo recordar). Hubo muy buen rollito entre ambas aficiones antes del encuentro, hasta el punto de que el Frente se forró en aquel entonces a vender pegatinas con el lema “Vikingos No” y el escudo del Madrid convenientemente adornado. Sin embargo, luego en la previa hicieron un encuentro juvenil entre la Selección Española y otra extranjera, y ahí ya se calentaron bien ambos bandos, ya que los unos íbamos con España y los otros, evidentemente, no, fueron con los extranjeros. Al final palmó el Atleti en los dichosos penaltis (de nunca me trae buenos recuerdos la palabra Atleti asociada a la de “tanda de penaltis”), destacando el partidazo que se marcó por parte donostiarra Beguiristain, el ahora director deportivo del Barsapasta, y que era un excelente jugador.
También, como nota negativa, sufrimos, después encima del dolor de la derrota, la rotura por parte de los cabestros de una luna de nuestro bus, lo cual nos hizo retrasar aún mucho más el siempre duro viaje de vuelta cuando el amargor de la derrota brota sobre tu boca. Lo que empezó como una fiesta, terminó como un día para olvidar.
1990-91. Atleti 1 – Mallorca 0. La Copa de Alfredo Santaelena.
O más bien una de ellas … Sí señor. Ese chaval que Jesús Gil fichó por sus pelotas entrando en el vestuario del Getafe y diciéndole a todo el mundo que el chaval sería suyo. Luego le dio otra al Deportivo, así que el chaval tenía magia. Una final terriblemente disputada, en la que en la prórroga, y tras gran jugada de Sabitas, Alfredito hizo el resto y consiguió el tanto de la victoria. Aquel día me levanté a las 11 de la mañana y estuve todo el día por el centro, y luego acompañé al FA en el espectacular corteo que se hizo desde Atocha hasta el Cuerna. Aquí fue cuando me sacaron en la tele quitándome la dichosa bengala. Recuerdo que yo estaba confiado porque llevaba la cara pintada y pensé que nadie me habría reconocido en mi barrio. Craso error el mío, ya que al día siguiente, la pregunta que más escuché fue la de “¿Te dejaron ver el partido al final, tío?”. Afortunadamente, así fue.
1991-92. Atleti 2 – R.Madrid 0. La Copa del delirio.
Sin lugar a dudas, la que más disfruté de todas. Por todo. Por los golazos que consiguieron Futre y Bernardo, por el penalti que le paró Abel a Michel Maricón, por ver al final del encuentro todo el fondo de los vikingos completamente vacío, menos unos cuantos fuleros quemando banderas de … ¡su propio equipo!, por la fiesta total a la salida, por la cara que llevaban los Ultra Sur que nos cruzamos de mosqueo, porque me encontré posteriormente en una cafetería de por ahí a … ¡Ruiz Mateos!, acompañado de dos pibones del ocho, y nos pusimos a cantar eso de “Campeones, que te pego leche”, a lo que él se levantó y animó con nosotros también a cantarlo como uno más … La final de las finales. Un día memorable. No podía haber en ese mundo nadie más feliz que yo.
1995-96. Atleti 1 – Barcelona 0. La Copa del doblete.
La Copa más cargada, la que más me emborrachó. La Copa del tren ese que fuimos a Zaragoza, y los momentos tan guapos que pasamos en él. La Copa de Pantic, y quizás, en el único tanto que haya conseguido de cabeza en su día, y que bien le valió su busto que todavía sigue presidiendo la zona noble del Calderón. Los Reyes del Mundo, los dueños del Universo. Lo más de lo más.
1998-99. Valencia 3 – Atleti 0. La Copa de “Radomir, te quiero”.
Y la de Mendieta y su golazo. Y la del baño que nos dieron los ches. Y la de el puto estadio ese de la Cartuja, y lo mal que se veía el fútbol y lo a tomar por el puto culo que estaba de Sevilla. Y la de “Sois San Marino, vikingos sois San Marino” que cantábamos en la previa ambas aficiones tras el set que les endosaron los valencianos en las semis. La Copa previa al descenso. La Copa del homenaje a Antic, y esos más de doce minutos cantándole sin parar. La Copa de una afición señorial que no se movió ni un solo Atlético para aplaudir al justo Campeón, al igual que luego pasó también con el Espanyol. De las derrotas también se aprenden. Y algunas, hasta son preludio de un futuro terriblemente desalentador, como ésta así lo fue.
1999-2000. Espanyol 2 – Atleti 1. La Copa del descenso.
La Copa en la que no sé ni por qué fuimos. La Copa del bochorno del Barça y de su plante a nosotros en las semis. La Copa del portero más esperpéntico que vieron jamás mis ojos defender nuestra camiseta (y mira que con Pereira creía que ya tenía visto todo). La Copa que si se ganaba no se celebraba. La Copa más amarga. La Copa de la bilis.
2001-2002. Deportivo 2 – Vikingos 1. La Copa del Centenariazo.
En esta fui invitado por amiguetes deportivistas, y os tengo que reconocer una cosa: me la gocé como un puto enano. Con toda la parafernalia que habían preparado los madridistas, con todo el menosprecio con que fue tratado continua y constantemente el Deportivo, con el relojito ese de la cuenta atrás que había en el Cuerna, con todo … La verdad es que fue casi como si mi Atleti la hubiese conseguido. Eso sí, también la copa de la resaca, de irme con mis colegas luego a cenar a un gallego (no podía ser de otra manera) y ponerme ciego al dichoso licorcito de hierbas. El día siguiente en el curro jamás lo podré olvidar tampoco, me podéis creer.
2005-06. Espanyol 4 – Zaragoza 1. La Copa de la Semana Santa.
De pasión para los periquitos, y de penitencia para los maños. La previa que tuve con mis colegas zaragozanos en mi amado Carabanchel. La Copa que demuestra que los favoritos también pierden.
2007-08. Valencia 3 – Getafe 1. La Copa que tenía que ganar el Getafe.
Y arrolló el Valencia. La Copa en la que todos los periolistos decidieron al unísono que debería de ganar el Geta sí o sí, faltando el respeto a todo un grandísimo Club como es el Valencia. La Copa de la magia del Calderón: calor insoportable, fresquito, lluvia. Las cuatro estaciones concentradas en unas horas. Nuestra casa es así de mágica. La Copa de las lágrimas de Miguelito, mi buen amiguete valenciano con el que tuve el honor de presenciar en directo dicha final. La Copa de los petardos. Dios mío, qué puta locura en la carpa valenciana. Ni Beirut en sus buenos tiempos.
Y estas son las finales de Copa que he presenciado en directo, mis queridos amiguitos de ayer y de hoy. La putada es que habréis observado que en las tres últimas el Atleti brilla por su ausencia. Pero en fin, esperemos que de una vez por todas volvamos a recuperar y ser auténticos partícipes de dicho torneo. Y si la espera se alarga en exceso, no lo dudéis jamás: acudir siempre que podáis aunque no esté vuestro equipo metido en el lío. Ver un estadio a reventar, con dos mitades claramente diferenciadas por sus colores, es un espectáculo sencillamente único en el mundo, que todos los que amamos este grandioso deporte merecemos disfrutar. Si ya está metido en el ajo mi Atleti, qué te voy a contar ya …
Mi nombre es José Tomás Rodríguez Ballesteros. Nací a temprana edad, como Groucho Marx, tal que un 14-5-68, en Carabanchel, en donde sigo residiendo en la actualidad, y, salvo sorpresa mayúscula, donde viviré hasta que el de ahí arriba decida lo contrario.
Soy socio del Atleti nº 2041, y llevo escribiendo un porrón de años en foros de usenet y luego en mi propio blog (http://www.cronicasdeltomi.blogspot.com) de cualquier cosa relacionada con la palabra Atleti y similares.
De hecho, y cuando apenas existía esto de Internet, fui uno de los pioneros en hacer crónicas internauteras, que eran en aquella época muy agradecidas por todos los seguidores de fútbol que andaban desperdigados por el mundo entero.
Pero yo no soy periodista ni nada que se le parezca, conste en acta. Mis únicas apariciones en la prensa fue una vez que un tal Peregil me citó en un artículo sobre Internet hace un porrón de tiempo, en El País, calificándome como “un hincha fascista del Atleti”, debido a mi pertenencia al Frente Atlético (al menos, eso sí, reconocía que era uno de los internautas que más éxito tenía, algo es algo). Otra vez salí con la Policía quitándome una bengala que llevaba (apagada) en el previo de la Final de la Copa del Rey frente al Mallorca, o sea que … Es más, yo diría que mis crónicas y comentarios los utilizo como terapia personal más que otra cosa, así que no os las toméis demasiado en serio ni me hagáis demasiado caso, no sea que acabéis como yo … ;-)