
Más bien, en mi opinión la temporada acabó ya hace dos domingos, tras el ridículo frente a Osasuna. Sinceramente, no tengo ninguna fe en esta “Peña”, porque los rivales que nos quedan son los de jugar con el cuchillo entre los dientes, y eso a nuestros queridos mercenarios no les va, qué os voy a contar que vosotros no sepáis ya.
El caso es que, intentando recuperar un poco mi fe Atlética, he decidido cambiarme de fondo la pantalla de mi “ordenata del curro”, y me he puesto una alineación antigua del Atleti. La verdad es que me valía cualquiera. Con que me sintiera mínimamente identificado con ellos, me valía. Aunque no hubiesen conseguido ganar nada (que no es el caso, por cierto). Y se me ha ocurrido hacer una quiniela, comparando aquel equipo con el que sacó Abel el domingo. Me ha salido lo siguiente:
Abel vs. Leo Franco. (X).
Alguno me llamaréis loco, pero los que me aguantáis de vez en cuando sabéis de mi admiración por el guardameta argentino. De hecho, tres paradones suyos finales nos ayudó decisivamente a conseguir la victoria de Riazor. Abel, que tuvo unos comienzos algo titubeantes, luego consiguió lo que consiguió. Era un portero ágil, con muy buenos reflejos, bastante seguro y completo. Fue de menos a más de manera evidente. Leo, por su parte, es cierto que tiene lagunas en el juego aéreo, pero es un portero segurísimo y genial. Está haciendo un temporadón, y en mi opinión merece la renovación con creces. Eso sí, sus declaraciones de la semana pasada diciendo que no quedar entre los cuatro primeros no es un fracaso, completamente fuera de lugar. Eso es lo triste, el mínimo grado de exigencia que tienen los componentes del actual equipo, algo impensable en otros tiempos (incluyendo los de Gil padre, y mira que era difícil hacer bueno al tipo éste).
Tomás Reñones vs. Heitinga (1). Tomasito no era un portento técnicamente hablando, cierto es, pero era un lateral lapa muy difícil de superar. Poseía una velocidad endiablada y un saque de banda que, generalmente, lo convertía en córner con una facilidad que ni el increíble Hulk. Ni qué decir tiene que su compromiso con los colores y con la entidad estaba fuera de toda duda. Se dejaba el alma en cada encuentro. El holandés, por su parte, está en pleno período de adaptación a nuestro fútbol. Penaltis cometidos aparte, para mí, goza todavía de crédito. Es muy joven, posee un desplazamiento en largo bastante interesante, tiene polivalencia y creo que puede llegar a encajar bien en la filosofía de este Club. Aún así, hoy por hoy, evidentemente, no hay color. Me quedo con “muy bien Tomás, muy bien Tomás …”.
Soler vs. Antonio López (1). Yo era un enamorado de Soler, lo reconozco. Era algo más que un simple lateral izquierdo, sin más. Fue de los jugadores pioneros en eso de subir y bajar la banda. De los pioneros con calidad, me refiero. Técnicamente muy bien dotado, sabía defender con bastante inteligencia. Nuestro Antonio López, de momento, bien podía haber cumplido este rol, e inclusive, haberle superado fácilmente. El tema es que entre lesiones, cuestiones particulares y el absurdo castigo de Aguirre de martirizarnos con el Anticristo Pernía, han impedido su progresión. Todavía, eso sí, estamos a tiempo de recuperarle para la causa. Yo tengo fe en él. No mucha, eso sí, pero algo me queda todavía.
Solozábal vs Pablo (X). Resulta complicado comparar a ambos jugadores, ya que han pasado diferentes fases en su evolución del juego muy diferentes. Roberto empezó siendo un extraordinario central, sumamente inteligente en el terreno de juego, con un sentido de la anticipación envidiable y con un buen manejo de balón. No era el típico central tosco y rudo a la antigua usanza, pero era tremendamente efectivo y rápido. Pablo, por su parte, también empezó como un central con una prestancia en el terreno de juego sencillamente impecable. Después, sin embargo, los dos tuvieron su particular vía crucis. A Solozábal se le crucificó por su fama en sus salidas nocturnas, acompañadas, evidentemente, de un notable bajón en su rendimiento deportivo. A Pablo, sin embargo, le metieron (o se metió, que hay que saber lo que se firma o a quién dejas que firme las cosas en tu nombre) en el berenjenal del dichoso Mandril de los cojones, y lo que antes era un central impecable en el corte y un seguro de vida, se convirtió por arte de magia en un manojo de nervios, añadido por la animadversión más absoluta de la grada. Sin embargo, yo a Pableras le veo comprometido y recuperable. De hecho, y con la llegada de Abel, ha ganado un montón en confianza y está volviendo por sus fueros. A ver lo que dura.
Juanito vs. Ufaljusi (1). Juanito era de ese tipo de jugadores clásico de la escuela canaria, es decir, de una técnica y una elegancia en su juego de los que daba gusto verle saltar a un terreno de juego. Tenía una salida de balón espectacular, iba bien de cabeza, tenía gol y un latigazo desde fuera del área demoledor. Todo esto, por supuesto, en sus buenos tiempos, que luego también pasó su vía crucis particular.
Con el checo ando últimamente muy pero que muy enfadado, y quizás no sea muy objetivo en mi análisis, pero sus últimos errores me han exasperado por completo. Me importa un bledo que se vaya de lumis con su Selección, pero en el Atleti hay que jugar siempre con seriedad y concentración. Y últimamente ambas cosas han brillado por su ausencia. Esperemos que se centre, porque tiene condiciones para hacerlo mucho mejor, eso también lo tengo claro.
Moya vs. Maxi. (2). Pero me ha costado mucho decidirme. Moya era el típico extremo incisivo de los de antes: rapidísimo, habilidoso, un auténtico incordio. Eso sí, era capaz de lo mejor y de lo peor. Cuando tenía un día malo era para cortarte las venas directamente. Yo le he visto fallar goles hasta a puerta vacía … ¡desde el área pequeña! De Maxi qué os voy a decir. Un tipo que, sin rendir ni de coña a su nivel (porque no le pongan en su sitio, probablemente) te firma una media de 10 a 15 goles por temporada, vale su peso en oro. Del brazalete no os hablo: ya di mi opinión en semanas pasadas, la cual, por cierto, no he cambiado en absoluto. No vale para ser capitán. Pero esa es otra cuestión.
Futre vs. Simao (1). Ésta estaba chupada. Y mira que Simao me encanta, me parece uno de los jugadores que más clase tiene en Europa. Pero Paolo Jorge dos Santos Futre era otra cosa. Sin lugar a dudas, el jugador más eléctrico del mundo. Lo que más me flipaba de él no era la velocidad que tenía el menda. Qué va. Lo que más me maravillaba es cómo diablos, a esa velocidad vertiginosa que tenía, podía llevar el balón sumamente cosido a la bota como la conducía siempre. Sus auténticos slaloms en el Calderón, quedarán grabados para siempre en los que tuvimos el privilegio de contemplarle. Probablemente, el jugador más entusiasmante que he visto yo en un terreno de juego.
Donato vs. Raúl García. (1). Pero también confío ciegamente en el navarro, del que estoy convencido de que, en dos temporadas a lo sumo, y si tenemos algo de paciencia con él y un entrenador que le dé confianza, va a ser un auténtico pilar en los que sostendrá el equipo. Donato, ese “muerto de hambre que le fiché en un Carranza por un bocadillo de mortadela...Gil dixit", era un fantástico jugador de equipo. Abarcaba gran parte del centro del campo, era también muy inteligente y poseía un disparo a balón parado muy peligroso. Una lástima que este jugador quienes realmente lo disfrutaran a tope fueron la afición deportivista, aunque sé de buena tinta que no ha perdido su parte de corazoncito colchonero.
Vízcaíno vs. Assunsao. (1). Y también me gusta el portugués, pero Don Juan Vizcaíno hacía todo lo que realizaba el portugués, pero tenía más participación en la construcción del juego y, sobre todo, mucho más gol que Assunsao. Es difícil recordarle un partido malo a Vizcaíno, la verdad. Otro de los que se ganaba el sueldo a base de bien. Nunca había nada que reprocharle.
Schuster vs. Forlán. (X). Evidentemente, no son jugadores tampoco comparables, pero los dos son sobresalientes en sus funciones, de ahí el empate final. Don Bernardo Schuster era un organizador en el más amplio sentido de la palabra. Poseía una visión de juego superlativa, y un desplazamiento del balón en largo sencillamente con una precisión milimétrica. Técnicamente un auténtico superdotado, las faltas las tiraba también como los ángeles. Este no se dejaba el alma en el campo … ni falta que le hacía, oiga. Que corra el balón, que es quién tiene que correr, no yo. Escándalo Forlán es lo que yo siempre digo: un Escándalo de jugador, sin más.
Manolo vs. Kun. (2). Al pobre Manolo le ha tocado con la más fea, joder. Manolo era, ante todo, la regularidad personificada. Un muy buen goleador, muy incisivo, se movía como pez en el agua en las distancias cortas. Otro que se dejaba hasta la última gota de su sudor en el campo. Del Kun no os voy a descubrir nada. Solamente todos los días le pido a Dios que los delincuentes no quieran hacer caja con él. Bastante amargor ha sido ya lo del Niño Torres. Otro traspaso así no sé si lo podría soportar.
Pues ya veis. A pesar del Kun, a pesar de Forlán y demás, a mí me sale que teníamos mejor equipo antes que ahora. Un equipo con canteranos, con gente de fuera a la que llegamos a querer como si hubiesen estado con nosotros toda la vida y que la consideramos como uno de los nuestros, con auténticos cracks de los que desequilibran de verdad. Con las señas, en definitiva, de lo que ha sido siempre esta entidad y jamás debería de dejar de ser: el Club Atlético de Madrid.
Mi nombre es José Tomás Rodríguez Ballesteros. Nací a temprana edad, como Groucho Marx, tal que un 14-5-68, en Carabanchel, en donde sigo residiendo en la actualidad, y, salvo sorpresa mayúscula, donde viviré hasta que el de ahí arriba decida lo contrario.
Soy socio del Atleti nº 2041, y llevo escribiendo un porrón de años en foros de usenet y luego en mi propio blog (http://www.cronicasdeltomi.blogspot.com) de cualquier cosa relacionada con la palabra Atleti y similares.
De hecho, y cuando apenas existía esto de Internet, fui uno de los pioneros en hacer crónicas internauteras, que eran en aquella época muy agradecidas por todos los seguidores de fútbol que andaban desperdigados por el mundo entero.
Pero yo no soy periodista ni nada que se le parezca, conste en acta. Mis únicas apariciones en la prensa fue una vez que un tal Peregil me citó en un artículo sobre Internet hace un porrón de tiempo, en El País, calificándome como “un hincha fascista del Atleti”, debido a mi pertenencia al Frente Atlético (al menos, eso sí, reconocía que era uno de los internautas que más éxito tenía, algo es algo). Otra vez salí con la Policía quitándome una bengala que llevaba (apagada) en el previo de la Final de la Copa del Rey frente al Mallorca, o sea que … Es más, yo diría que mis crónicas y comentarios los utilizo como terapia personal más que otra cosa, así que no os las toméis demasiado en serio ni me hagáis demasiado caso, no sea que acabéis como yo … ;-)