
Juraría que el fútbol es un deporte. Hasta ahí llegamos ¿No? Y un deporte que, además, juegan 11 individuos frente a otros 11. Es decir, es un juego colectivo, y como tal, debe de premiarse. Lo otro es un homenaje al sin sentido. Porque resulta sencillamente delirante el que, por ejemplo, no se haya reconocido en la temporada pasada la batuta mágica de Xavi, las paradas del Natillas, el brillante juego de Gerrard, el despliegue físico que puede aportar en un encuentro ese eslabón perdido del hombre de Neandertal denominado Dani Alves, o memez análoga similar, el incansable trabajo de Mascherano, la clase de Silva, la magia de Iniesta, esa máquina de hacer chicharros que es Villa … (ah, ya, que éste no es un crack mediático, ya, perdonarán).
Es decir, se deberían dar, en mi humilde opinión, 11 balones de oro por cada temporada. Uno a un portero, otro al mejor lateral derecho (ese extraño desconocido para nosotros, los habitantes del Calderón), otro para el izquierdo, para un central, para un medio volante defensivo, para el media punta, para los interiores, y sí, también para delanteros y goleadores varios, es evidente. Pero para que estos últimos consigan goles y nos deleiten con sus jugadas inverosímiles y espectaculares, es necesario que 10 compañeros suyos estén dando el callo en el terreno de juego. No queda otra, coleguita (el caso del Kun es aparte, va).
Premios, además, que parece más bien dirigidos y orquestados por determinadas marcas deportivas que por valores futbolísticos propiamente dichos. Son entregados, eso sí, en medio de una presuntuosa a más no poder ceremonia, en la que los agraciados ponen poses previamente ensayadas, cuyo resultado final es, por poner el ejemplo más reciente, el contemplar el careto que puso Cristiano Ronaldo cuando escuchó su nombre como balón de oro. Un consejo: si algún sábado noche os habéis pasado de rosca con las copas, y deseáis purgar vuestros estómagos, no tenéis más que contemplar dicha escena. Es probable hasta que lleguéis a pensar en dejar el rollo de la bebida seriamente (lo mío es ya un caso perdido, ni por esas, pero igual vosotros andáis todavía a tiempo, no desesperéis).
Y claro, soñar que uno de los nuestros ande por ahí nominado entre tanto glamour y con tanto éxito es más difícil que conseguir que Miguel Ángel Gil logre ver un partido en directo en el Calderón entero (así querrá luego saber de fútbol el pibe, pero si no se traga un puto partido, joder).
Bueno… Miento. Este año había uno, al menos, que sé que su corazón late al compás del nuestro (pese a quien pese). Algo es algo, lo que le cuelga al galgo…
Sin embargo, y ya que estamos en materia… también se podrían dar los premios Balón de Playa Nivea. Igual que en las “pelis” se premian siempre a las peores “pelis”, los más cutres guiones, los peores directores… Aquí igual Cerecito se nos hinchaba y todo. Y no me refiero solamente a sus “pelis”, qué va…
Me estoy imaginando un balón de playa, por ejemplo, para Simao, o el “cómo intentar lanzar un córner en condiciones y no morir en el intento”. U otro al Antricristo Pernía. Porque tiene mucho mérito el golpear siempre un balón y no saber nunca cuál será el destino final del mismo. De hecho, ahora que el Club ha instaurado una nueva casa de apuestas propia, se podrían forrar con este tema. Una pista: jamás de los jamases irá a puerta. A puerta contraria, me refiero, que a la propia, yo igual estoy por jugarme algo de pasta y todo.
También podría entrar en escena piernas de seda Perea. Ver la finura no exenta de exquisitez de sus controles bien merece el citado balón de playa, ¿No creéis?
Y qué decir de Seitarado, en “Alguien voló sobre el nido de Leo”. Balón de Playa Nivea, porque la contundencia de sus penaltis y a absurdez innata de su juego es digna de lo que es, un pobre desequilibrado mental.
Y cómo no premiar a Pistacho Maniche. Hoy juego, mañana no sé, pasado lo llevas claro, al otro aplaudo al público rival. Un auténtico espectáculo en su más puro estado.
Y ya puestos, podríamos otorgar uno vitalicio a Leticia Sabater Pato Sosa. Se lo entregaríamos en ese popular programa de la Igartiburu que se llama “Mira quién baila”. Por supuesto, nuestro querido Pato nos deleitaría, ya puestos, al personal, con un bailecito de los suyos. ¡Y con balón incluido y todo! ¿Alguien da más?
Mira tu por dónde, que me da a mí en la nariz que en este tipo de premios, el Atleti sí que tendría mogollón de nominaciones, al menos, todas las temporadas. Señor Cerezo, please, no nos castigue más con esas “pelis” pornos cutres que nos echa en su canal 8, e instaure usted este tipo de reconocimientos, colega. Fijo que, además, Nivea se los patrocinaba y todo (ya sabe … clink, clink … caja). Sí, ya sé que los colores de su marca son azules con las letras en blanco. Pero, ¿No jugamos ya en Mallorca con una camiseta azul y un esperpéntico “pantaca” amarillo? Pues ya puestos, que sea blanco, hombre. Total…
Mi nombre es José Tomás Rodríguez Ballesteros. Nací a temprana edad, como Groucho Marx, tal que un 14-5-68, en Carabanchel, en donde sigo residiendo en la actualidad, y, salvo sorpresa mayúscula, donde viviré hasta que el de ahí arriba decida lo contrario.
Soy socio del Atleti nº 2041, y llevo escribiendo un porrón de años en foros de usenet y luego en mi propio blog (http://www.cronicasdeltomi.blogspot.com) de cualquier cosa relacionada con la palabra Atleti y similares.
De hecho, y cuando apenas existía esto de Internet, fui uno de los pioneros en hacer crónicas internauteras, que eran en aquella época muy agradecidas por todos los seguidores de fútbol que andaban desperdigados por el mundo entero.
Pero yo no soy periodista ni nada que se le parezca, conste en acta. Mis únicas apariciones en la prensa fue una vez que un tal Peregil me citó en un artículo sobre Internet hace un porrón de tiempo, en El País, calificándome como “un hincha fascista del Atleti”, debido a mi pertenencia al Frente Atlético (al menos, eso sí, reconocía que era uno de los internautas que más éxito tenía, algo es algo). Otra vez salí con la Policía quitándome una bengala que llevaba (apagada) en el previo de la Final de la Copa del Rey frente al Mallorca, o sea que … Es más, yo diría que mis crónicas y comentarios los utilizo como terapia personal más que otra cosa, así que no os las toméis demasiado en serio ni me hagáis demasiado caso, no sea que acabéis como yo … ;-)