
Y mira que estuve dándole vueltas durante el día. Me despierto el domingo. Oigo un jarreo impresionante de agua. Qué pena, con tantas miradas puestas, con tanta expectación creada, y puede que el gran espectáculo de ayer y de hoy quede deslucido. A las 10 no voy. A las 11 sí. A las 12 hablo con mi colega el Capo y digo que no voy definitivo. A las 14 h. salgo a por el pan y veo que el cielo se despeja. A las 15 h. cómo me lo voy a perder. A las 16 que no voy, que hace mucho frío, leñe. A las 17, ronda informativa … ¿Qué harán mis colegas? A las 17,30 decisión final, no me puedo perder el megachupi partido. He dicho que voy, y voy. Y a las 20,30 ya en el estadio. Al final, ni tanto frío, ni tanta lluvia. No me podía perder el megapartido.
Dos equipos que en realidad tendríamos que estar más que hermanados por las circunstancias que vivimos. Dos entidades que, aunque ustedes no lo crean, tenemos vida propia. Nuestra propia idiosincrasia y personalidad.
No se llenó el estadio. Cierto. Más bien lo contrario. Fijo que el debate que hasta llegó a provocarme dolor de cabeza durante todo el dichoso domingo inundó el perolo de mucha gente. 21 h., mañana lunes, hay que currar (puta quiniela del orto que nunca toca), el Plus los da de cine, luego habrá reportajes especiales, entrevistas por doquier, sabremos hasta a qué hora hizo pipí Tamudo o si el nene del Kuncito lloró a las 5,30 o a las 5,37 h. (dato crucial para el derbi del que hablamos). Pero bueno. Estuvieron casi los que estuvieron que estar (hoy, al Capo le perdono, eso sí, mañana) …. Empieza el gran duelo. No abandonen sus asientos.
Y no tuvo mucho color, la verdad. O más bien sí. El mundo, durante hora y media, se tiñó de luces rojiblancas, tal y como ya adornan en mi barrio en el mes de Noviembre celebrando la Navidad (no se corten, señores, en unos años me veo en bañador en la playa comiéndome las uvas, todo sea por el buen vender). Porque el Atleti salió, por una vez y sin que sirva de precedente, disfrazado de equipo medio serio, de equipo medio concentrado, de equipo medio con ganas de hacer las cosas como Dios manda. Consciente de lo que se jugaba, de la responsabilidad que conlleva ese escudo, esa camiseta. Habían demasiados ojos puestos en ellos, no podían defraudar a tanta gente. Y a fe que no lo hicieron.
Fruto de esa seriedad, de esa buena declaración de intenciones, de ese saber estar, vino de lo que, en el fondo, es el quid de tantas y tantas cosas en esta vida: meterla y saber meterla. El Kun Superstar se lo da a Escándalo Forlán. 1-0. El argentino sabía de lo que se trataba, de la responsabilidad que tenía, de los ojos que tenía encima. El camino se empieza a despejar. El frío se torna en brisa. El lunes … ¿Qué importa que mañana sea lunes?
De todas formas, y a pesar de que merecimos más, nos fuimos con un solitario al descanso. Imágenes del pasado vierten sobre mi memoria. Minutos 93, 94, penaltis tontos, Pablos de la vida … No. Esta vez no. El mundo entero nos contempla. No les podemos fallar.
Y en la segunda parte, sigue el recital. Los suspiros de Abramovich por ese menudo 10 rojiblanco se oyen hasta en mi asiento. Sus estadísticas son mortales de necesidad. Dos lanzamientos de falta, dos goles. Lo que nos hemos perdido. Partido sentenciado, aunque en un clásico de estos, nunca se sabe …
La cosa pinta bien. Al fin un final feliz. A cinco minutos para el final, el tercero. Abramovich firma el cheque. Cuatro minutos después, el Kun se va de uno, y de otro, y de otro … Métela otra vez, Kun. No, que Maxi lleva su fusil. El cuarto. Abramovich añade un cero a su cheque. Ya da igual.
Pedimos perdón por existir. Pedimos perdón por osar jugar el mismo día. Nos flagelamos por tener que autocastigar a periodistas ya que, durante 1 h. h 30’, tuvieron que hablar un poquito de nosotros, aunque sea para decir que el Espanyol no es nada, y que el Atleti gana fácil a la nada, mientras analizaban concienzudamente si CR94 estornudó en el minuto 23 o 24, o si Leo llevaba un cordón más largo que el otro, y claro, así cualquiera …
Que no se repita más. El monopolio no se debe de romper jamás de los jamases. ¿Quién coño nos hemos creído que somos? Pedimos perdón por existir …
Mi nombre es José Tomás Rodríguez Ballesteros. Nací a temprana edad, como Groucho Marx, tal que un 14-5-68, en Carabanchel, en donde sigo residiendo en la actualidad, y, salvo sorpresa mayúscula, donde viviré hasta que el de ahí arriba decida lo contrario.
Soy socio del Atleti nº 2041, y llevo escribiendo un porrón de años en foros de usenet y luego en mi propio blog (http://www.cronicasdeltomi.blogspot.com) de cualquier cosa relacionada con la palabra Atleti y similares.
De hecho, y cuando apenas existía esto de Internet, fui uno de los pioneros en hacer crónicas internauteras, que eran en aquella época muy agradecidas por todos los seguidores de fútbol que andaban desperdigados por el mundo entero.
Pero yo no soy periodista ni nada que se le parezca, conste en acta. Mis únicas apariciones en la prensa fue una vez que un tal Peregil me citó en un artículo sobre Internet hace un porrón de tiempo, en El País, calificándome como “un hincha fascista del Atleti”, debido a mi pertenencia al Frente Atlético (al menos, eso sí, reconocía que era uno de los internautas que más éxito tenía, algo es algo). Otra vez salí con la Policía quitándome una bengala que llevaba (apagada) en el previo de la Final de la Copa del Rey frente al Mallorca, o sea que … Es más, yo diría que mis crónicas y comentarios los utilizo como terapia personal más que otra cosa, así que no os las toméis demasiado en serio ni me hagáis demasiado caso, no sea que acabéis como yo … ;-)