
El partido con el Barcelona es de esos que conviene recordar. Creo que fue mucho peor la “exhibición” frente al Valencia pero eso no le resta ni un gramo de gravedad al nefasto juego que practicó el martes el Atleti. Es verdad que frente al Valencia el equipo salió cansado, con ganas de pastar sobre el césped y sin actitud ninguna. Y es verdad que el Barsa es capaz de hacerle un roto a quien se ponga por delante. Pero hay algunas cosas inexplicables e indefendibles. Por ejemplo: Si Messi ha logrado sacar de quicio a los mejores defensas del mundo, ¿Cómo se le ocurre al señor Aguirre ponerle en frente a nuestro Mariano? Desde luego, no imagino mejor regalo de reyes para Messi que un sparring tan displicente, tan perdido, con tan escasa capacidad técnica y al que ni siquiera su esfuerzo permanente debería salvarle de una pitada semanal. Pero el problema no es sólo Mariano. A este equipo le falta carácter, garra, agresividad. Los centrocampistas del equipo blaugrana mordían a cada acometida, se dejaban la piel por ganar cada rechace. En cambio, a nuestros futbolistas parece que el más mínimo soplo de viento puede mandarlos al infierno de la desidia. Es como si cualquier contratiempo acabara por deprimir a unos futbolistas ignorantes de la cultura y grandeza de la camiseta que se esfuerzan en vestir.
Pero volvamos a la ironía. Hay quien cree que echarse unas risas a costa del equipo de tus amores es un acto de penitencia demasiado duro pero, ¿qué quieren que les diga, después del frío de anoche y del espectáculo dantesco que nos ofrecían los nuestros?, ¿qué menos que dedicarse un pequeño homenaje? De Pernía a Heitinga y luego a Perea, que la devuelve a Pernía para que el lateral se la ceda al portero que, inevitablemente, acaba mandando el balón a la banda. Y a cada pase un olé humillante, cachondo y con un mensaje claro: poneros las pilas o, como suele cantar el Frente: ¡échale huevos, Atleti échale huevos!
Lo cierto es que la ironía no esconde la profunda insatisfacción de una grada aterida que acabó dividida en los aplausos a Messi y dividida también en los gritos contra Aguirre. Este equipo nuestro está falto de carácter, de historia, de fuerza. Algunos pensamos que las quince victorias consecutivas podrían insuflarle algo de espíritu al equipo. No ha sido así y, tras las vacaciones hemos vuelto a encontrarnos con un conjunto lleno de dudas que empieza a generar un cabreo en la parroquia poco soportable. Por mucha ironía que le echemos.
He de decir que casi me acuerdo más a menudo de la eliminatoria de cuartos de la Liga de Campeones con el Ajax que del cumpleaños de mi madre. O de las galopadas de Futre por el Bernabéu. O del gol imposible de Vieri. Madrileño, 27 años y muy del Atleti. Ése soy yo.
El caso es que esta pasión rojiblanca, incomprensible para la mayoría de los seres racionales de este planeta, ha marcado mi vida. Y lo hace también en el trabajo.
Llevo tres años trabajando en los servicios informativos de la Cadena COPE. Antes estuve en Onda Cero y unos cuantos añitos en Somosradio, donde coincidí con Ucelay, Rosety y unas cuantas glorias del periodismo deportivo. Por si alguien todavía no se ha enterado, soy periodista, licenciado en Ciencias de la información por la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid donde, en la actualidad, soy también profesor de Diseño de Programas de Radio.
Y en todos estos lugares, como ya ocurría en el colegio o en el instituto, ser del Atleti es una condena permanente a la soledad. Pero la grandeza no es una cuestión de cantidad, obviamente, y menudos somos Uría, Doral o un servidor para defendernos de la masa madridista.