
¿Se han dado cuenta de que los mandamases del periodismo deportivo hablan del Atleti como si fuéramos una especie de ONG necesitada, como si se tratase del hermano pequeño y cebolludo, el equipo huevón y adicto a las collejas? Son ellos, aficionados del dinero y la propaganda, los que deciden como somos. Y eso sí que no.
La prueba
Este domingo hemos ganado 4 a 1 a un equipo que mereció al menos empatarnos. Y al acabar el encuentro, una buena parte de la afición se deshizo en una sonora ovación. Tienen mi respeto, pero no mi comprensión. Se puede ovacionar al Kun, a Simao, a Maxi o a Forlán, pero no a un conjunto incapaz de asumir una camiseta con mucha más historia que los ceros en sus cuentas corrientes. El equipo se echó atrás en la segunda parte, como siempre, con unos desarreglos tácticos de regional preferente y eso, qué quieren que les diga, no es sólo culpa de Aguirre.
Déjenme explicarme: cuando un jugador llega al Liverpool se le hace pasar una temporadita de inmersión en la institución. El futbolista debe saber quiénes son los referentes del equipo, por qué la afición canta eso de que “nunca caminarás solo”, qué significa pisar Anfield y, sobre todo, que la camiseta que va a llevar pesa mucho, muchísimo, y que debe comprometerse con ella. Aquí, cuando un jugador llega al Atlético, lo máximo que hacen con él es indicarle la dirección del Garamond. ¿Creen ustedes que alguien le ha explicado a Sinama quiénes son José Eulogio Gárate o Enrique Collar? Apuesten y perderán, porque esta directiva heredada entiende el club como una marca, como si en vez de jugadores, cada verano ficharan pepinillos.
Y ahora, trataré de cerrar el círculo.
Si la prensa del Régimen nos trata como a bobos, si buena parte de la afición aplaude tres destellos de calidad, si se da por hecho que somos “el pupas” o los “eternos sufridores” es por afición al olvido o, directamente a la ignorancia. Ningún directivo de Marca o As, de los que cada lunes nos regalan carnés de sufridores, sabe nada de la historia de este equipo. Desconocen que hay muchos tipos que ya no cumplen los 70 que han visto desfilar ante sus ojos a los mejores jugadores del mundo, que son conscientes de la idiosincrasia especial de este equipo pero que jamás asumirán que el suyo no es un equipo grande de Europa. Porque lo es, a pesar del desprestigio al que nos han abocado unas cuantas directivas inexplicablemente ignorantes.
He de decir que casi me acuerdo más a menudo de la eliminatoria de cuartos de la Liga de Campeones con el Ajax que del cumpleaños de mi madre. O de las galopadas de Futre por el Bernabéu. O del gol imposible de Vieri. Madrileño, 27 años y muy del Atleti. Ése soy yo.
El caso es que esta pasión rojiblanca, incomprensible para la mayoría de los seres racionales de este planeta, ha marcado mi vida. Y lo hace también en el trabajo.
Llevo tres años trabajando en los servicios informativos de la Cadena COPE. Antes estuve en Onda Cero y unos cuantos añitos en Somosradio, donde coincidí con Ucelay, Rosety y unas cuantas glorias del periodismo deportivo. Por si alguien todavía no se ha enterado, soy periodista, licenciado en Ciencias de la información por la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid donde, en la actualidad, soy también profesor de Diseño de Programas de Radio.
Y en todos estos lugares, como ya ocurría en el colegio o en el instituto, ser del Atleti es una condena permanente a la soledad. Pero la grandeza no es una cuestión de cantidad, obviamente, y menudos somos Uría, Doral o un servidor para defendernos de la masa madridista.